jueves, 6 de noviembre de 2014

Extravío, Inscripciones en el dolmen





Extravío


Estos tiempos han sido muy turbios, no sólo en el afuera de la gente o de la calle, sino en el afuera del cosmos, para no entrar en las calles de un alma desnuda y dado que no sé si es en el afuera de la calle o en el adentro de mi alma donde se bate esta desazón por el hombre, por todo lo que pasa en torno al humano gesto, tan inllevable, tan prescindible, tan baladí, tan sinsentido. 

Dentro de ella todo está callado, tenso, expectante y como con un mar de aguas agitadas en lo profundo, un mar colmado de ganas de vivir en otra parte.

La vida humana cada vez me parece más incomprensible, me refiero explícitamente a lo que hemos hecho como estirpe; no a la maravillosa creación que es un ser lleno de vida, indiviso, milagroso, sino a ese teatro de locura que, en la inadvertencia imperante de lo colectivo, impensadamente arrasa con lo particular y prodigioso que vibra en la infinita pequeñez de todo pulso.

El hecho palpable de que, generación tras generación, unos pocos -con sus afanosas, misioneras conjeturas y sus precisos juegos de tenazas- hayan logrado automatizar y reducir a escondrijos, a un enorme cúmulo de seres humanos, es algo que no deja de arrobar el poco sentido común del que aún creía disponer.

Una estampa para mi cuaderno Inscripciones en el dolmen
06 de Noviembre de 2014.-

Imágenes.- Blanco, negro y demás grises: Cartier-Bresson
Color: un servidor.









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