viernes, 2 de diciembre de 2011

Señores de los vientos















Generalmente lo que alimenta mi blog, viaja luego a mi página de Facebook. Hoy voy a proceder en orden contrario. Tomo una breve glosa escrita en Mayo de este año para un álbum de imágenes que subiera en mi muro, sobre esos conciudadanos que tildamos con el genérico nombre de  zamuros, agregando varias tomas fotográficas del referido álbum…

Y, un poco más abajo, añado un conato poético en torno a otro señor de los vientos, el gavilán. Un añejo y breve texto originado en cierto contrapunteo del pecho en un momento señero de mi vida…

Salud!
LA

A los zamuros o buitres no los quiere nadie o casi nadie. Hace unos tres o cuatro días, un zamuro con un ala rota anda merodeando por nuestras calles. No deja que nadie se le acerque, fiel a la desconfianza propia de una especie que no es muy apreciada por el hombre. Le he lanzado carne cruda y sale corriendo, aunque al retirarme, él se acerca al manjar y come.

Hace un año, más o menos, recogimos a un pichón que había quedado desprotegido. Tenía, según nos contaron algunas personas, como tres días deambulando por un parque público cercano. Pero a nadie se le ocurrió darle comida o tratar de ayudarle. Al parecer, la vida sólo cuenta si está en relación con nuestras humanas pequeñeces. Lo colocamos en una caja, lo llevamos a casa, llamamos a un jardín zoológico, pero ni siquiera ellos reciben a un zamuro. Les pareció cosa de risa. Nos dijeron cómo alimentarlo. Le bautizamos con el nombre de Tiburcio. Mi gran preocupación era lo que haríamos con él cuando creciera. Y mi consorte me dijo, en tono despreocupado, que sería excelente acompañante y comensal, cada vez que hiciéramos una parrilla. Bajaría del cielo cada vez que viera movimiento en la parrillera. Y me recordó que Luis Mariano * tenía un zamuro mascota en Canchunchú, que tenía la costumbre de picotear la mano de cualquiera que osara encender un cigarrillo. Era un zamuro muy educado y se llamaba Martín. Le dije que estaba más loca que yo y convine en criarlo si se salvaba. Pero Tiburcio había pasado muchos días de hambre y murió a los pocos días.

Las imágenes captadas del zamuro con alas desplegadas, son de principios de este año. A pesar de no ser, los buitres, los seres más agraciados dentro de la corte de la naturaleza y de que mucha gente les mira con ojeriza por sus costumbres carroñeras, hay algo de señorial en ellos, como lo muestra este ejemplar que vino a posarse en un hogar vecino para recibir el viento, unos días después de nuestra celebración a la Virgen de La Candelaria. Y nuestro Lao Tse ladrándole… ¿O, acaso, sería a la luna que despuntaba detrás del zamuro?

Las imágenes del zamuro del que hablaba al principio y con un ala lesionada, son las que corresponden al mes de Mayo. Había desaparecido por unos días de nuestras calles. Pensábamos que había muerto. Pero no, volvió y le estuvimos dando de comer hasta que volvió a desaparecer. Una criatura  muy señorial, al igual que el de alas desplegadas de principios de año...

* Luis Mariano Rivera, uno de los más egregios compositores venezolanos de música autóctona.   









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Estoy en un punto muerto.

Soy un gavilán.

Fiel compañero de aquel que,
desde hace diez noches,
esgrime sus poderosos lamentos
de bestia solitaria,
sobre el techo de mi cuarto,
mi techo cosmopolita,
absurdamente ciudadano.

Cuando llego por las noches
y escucho su lamento solitario,
salgo al balcón
y bestializo mi cantar,
contrapunteamos nuestras soledades.

El está solo, en un punto muerto.

Yo estoy solo, en un punto muerto.



El punto desde el que cada cual
puede comenzar a batir sus alas y volar


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