lunes, 8 de diciembre de 2014

CUADRO




Algo me dice que no hay mayor mérito en esos estados de ánimo que se identifican por la costumbre de dejarnos arrastrar hasta el callejón de las amarguras, cuando somos testigos de las desgracias que nos depara el  cuadro de un ser que eligió optar por el destino para el que se sintió haber sido destinado a elegir…

La psique humana busca, en ciertos y determinados instantes del decurso de una vida, compensar sus propios desequilibrios. Ello no garantiza que la arrogancia o la tozudez de ese espejismo que se describe con la insobornable creencia de “estar asistidos por la razón” (y, más aún, por la insólita desgana de que no deseemos reparar en la existencia de ese espejo de fondo con que la psique suele engañar a la humanidad en que se aloja), que tal destino no sea algo más que un fuego fatuo.

Destino trágico, podemos decir que lo vivió un ser como Sebastián Francisco de Miranda, un ser entregado y confiado en las bondades de la humanidad, de la que él no supo anticipar bajezas. Un ser cándido, con toda y su larga experiencia de vida, sometida por siempre a los azares de persecuciones, maledicencias y oleadas de mala voluntad de los que fue un digno repositorio. Un ser vendido por sus propios compañeros de viaje, que sin embargo no supo ser sino cándido y ecuánime hasta su hora última.

Hybris, pecado de orgullo y desmesura, altisonancia de un ego desbordado, eso es lo que nos define. Un espejismo que, como un enorme manto, ensombrece a la nación. Soberbia y no asentamiento. No es únicamente la contraposición de dos fuerzas en tensión. Eso lo hay, sería ceguera no verlo. Pero cuando la hybris opera en ambos campos, de poco vale “tener la razón”, pues el desorden espiritual -cuando no la ausencia de vida en el espíritu- es lo que impera en todo lo que se manifiesta en hechos. Toda razón ha de asumirse con temperancia, no con la histeria distintiva del desesperado. ¿Cómo cabría esperar que el fruto de nuestras obras haya de ser cónsono con la ponderación?

Línea de sombra que hay cruzar. Y es misión individual y colectiva.
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Para Inscripciones en el dolmen, 06 de Diciembre, 2014.
 

Arriba. 
Imagen del archivo de Miranda.
Abajo.
El Miranda de Michelena.
Texto griego que forma parte de la monumental Colombeia.
Imagen inspirada en Macbeth, aguas de fondo.


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