martes, 10 de junio de 2014

Con motivo del natalicio de José Antonio Ramos Sucre



En el natalicio de José Antonio Ramos Sucre (09 de Junio de 1890), publicamos este residuo, para celebrar su legado.

Escrita un par de meses antes de su muerte, la breve glosa poética fue publicada por su amigo, el Dr. José Nucete Sardi, el 13 de junio de 1931, al cumplirse el primer aniversario del suicidio de Ramos Sucre, acaecido durante un viaje diplomático en la ciudad de Ginebra, cuando decidió tomar una sobredosis de veronal, ante el asedio de una agobiante e inagotable hiperestesia.

Igualmente agregamos las traducciones que acometiera Ramos Sucre de algunas de las breves glosas poéticas del poeta alemán Ludwig o Luis Uhland, género en el que el propio Ramos Sucre fue un celoso artesano. Van antecedidas de un dechado de síntesis verbal, pues -en un párrafo- da, José Antonio, una ilustradora pincelada a la ambivalencia entre las potencias de lo apolíneo y dionisiaco.

(E. A.)

RESIDUO

Yo decliné mi frente sobre el páramo de las revelaciones y del terror, donde no se atreve el rocío imparcial de la parábola.

Salí a una ciudad ilustre y las vírgenes cerraban su ventana al acento de mi laúd siniestro.

Una forma casta, de origen celeste, depositaba en mis cabellos su beso glacial. Acudía a través de mi sueño de proscrito, a mi cama de piedra, fosa de Job, abismo de dolores de Leopardi. ¿Se habrán lastimado sus pies de azahar? Un árbol, emisario de la tormenta, azota el horizonte con su rama desnuda en el curso del día monótono. Mi voz te ha ahuyentado de mi duro camino, ave procelaria, cénit de la cúpula del cielo.

Ginebra, marzo de 1930. *


* El Universal; Caracas, 13 de junio de 1931. Publicado por José Nucete Sardi en artículo suyo sobre Ramos Sucre.

(Nota de la edición preparada por Rafael Ángel Insausti, compilada, titulada, prologada y anotada. Caracas, Colección “Rescate” , 1960. 2da. edición aumentada, Caracas, Monte Ávila Editores, Colección Eldorado, 1976. También puede consultarse en el libro José Antonio Ramos Sucre, Obras completas, publicada por Editorial Ayacucho.)




LUIS UHLAND *

Luis Uhland fue uno de los más eximios poetas del siglo XIX. Un crítico  lo opone al acerbo Henrique Heine, por el carácter contrario de su poesía tierna y apacible; y luego explica de este modo el origen de sus respectivas inspiraciones: por el halago del vino depuso su gravedad Euterpe, y se transformó en bacante. Bajó enloquecida a la tierra, y con un beso comunicó inspiración malsana a un adolescente, que fue después el desdichado Henrique Heine. Al recobrar su serenidad, la musa quiso compensar el influjo de su acción funesta, infundiendo con otro beso y en otro mortal un soplo benéfico. Entonces bajó al país de Suabia, y agració a Luis Uhland con el don de una poesía feliz.

*Renovación, nro. 3; Caracas, 20 de mayo de 1916.



(Nota de la edición preparada por Rafael Ángel Insausti, compilada, titulada, prologada y anotada. Caracas, Colección “Rescate”, 1960. Una segunda edición aumentada fue publicada en Caracas, por Monte Ávila Editores, Colección Eldorado, 1976. También pueden consultarse estos textos en el libro José Antonio Ramos Sucre, Obras completas, publicada por Editorial Ayacucho.)

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POEMAS DE LUIS UHLAND*



TRADUCCIONES DE JOSE ANTONIO RAMOS SUCRE


LA SERENATA

¿Para qué me despiertas con dulces sonidos?

¡Oh madre, ve quién puede ser a hora tan avanzada!

—Yo nada oigo, yo nada veo, vuelve a dormir hija. Nadie te trae serenatas nocturnas, porque eres miserable y enferma.

—Siento que no son músicas terrenas las que turban ahora mi sueño, me llaman con cánticos celestes los ángeles. ¡Oh madre, adiós!


LA VIDA DE LOS MUERTOS

Lejos de ti, soy como un sepultado; no me halagan las auras primaverales; ni el canto de la alondra ni la luz del sol me resucita.

Cuando los vivos se entregan a dormir y los muertos se levantan de sus sepulcros, yo voy como en un sueño sobre los abismos y sobre las cumbres que tanto me alejan de ti.

Y atravieso el jardín prohibido y fuerzo las puertas herméticas, y llego al santuario de tu hermosura.

Si te espanta mi hálito de difunto, tierna flor, piensa que mi amor te protege. Pero ya desaparezco. . . los gallos rompen a cantar.


EL RAMILLETE

Como las flores tienen propios significados, y así el mirto indica el amor, el laurel la fama, el ciprés el dolor y el no-me-olvides la fidelidad; y como, por otra parte, los colores simbolizan las pasiones humanas, de tal modo que el orgullo y la envidia tienen su emblema en el amarillo y la esperanza en el verde; yo hago irrupción en mi jardín y cojo flores de todas especies y colores para ofrendártelas en silvestre ramillete. Con él te habré hecho la mejor ofrenda, habré puesto en tus manos la fama y la esperanza, los dolores y las pasiones que constituyen mi vida.


ELEGIA A UN CURA DE ALDEA

Si está permitido a los espíritus de los muertos volver de nuevo a su morada terrenal, el tuyo no regresa en las noches tétricas en que vigilan la pesadumbre y la nostalgia. No; pero en las mañanas de verano, cuando ninguna nube viaja por el azul celeste y están las mieses altas y doradas, regresa tu alma y recorre la campiña saludando con un beso a cada campesino, como lo hacías tú mismo en otro tiempo.


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