jueves, 17 de mayo de 2012

LETRAS CONTRA LETRAS - Mentalidades, Ana María Sañomón.

MENTALIDADES

Ayer recibí la nota Mentalidades, escrita por una amiga que ha tenido la fortuna de ser testigo de lo que acaece en la Plaza del Sol y que luego ha publicado en su Blog “Mientras me quede una neurona”. Es una glosa muy apegada a la incertidumbre y esperanza que a tantas personas ataca cuando se pone a pensar en nuestro destino como especie y con la cual me identifico. Y porque me parece que estos temas de la espontánea disidencia que florece aquí o allá, son dignos de destacar y divulgar, voy a compartirlo en este blog, amén de agregar unas palabras mías, que fueron acicateadas por la glosa en cuestión.

Salud!

lacl

Mentalidades, Ana María Sañomón.

Si hay algo que me ha costado entender -y todavía no estoy muy segura de haberlo logrado-es el movimiento de los indignados españoles. Desde que tomaron la Puerta del Sol el año pasado, me parecieron demasiado civilizados, como para alcanzar algún objetivo. Siempre bromeaba con que a los indignados les hacía falta algún barrabrava porteño, o unos cuantos piqueteros para que sus manifestaciones tomaran verdadero cuerpo.
Y este año, por esas extrañas piruetas del destino, el 12 de mayo de manera fortuita y casi involuntaria fuimos, se puede decir, invitados por los propios indignados a marchar junto con ellos hasta la Puerta del Sol para celebrar un año de existencia.

Muchas cosas me impresionaron esa tarde. Por un lado, la variedad de gente que había. Por supuesto muchos jóvenes, pero también parejas embarazadas, familias con bebés e hijos muy pequeños, jubilados, profesionales y todos celebrando. Con pancartas variadísimas que iban desde exigir educación laica hasta mensajes contra el rey, el terrorismo financiero, el maltrato a los sin papeles y la brutalidad de los recortes.

Un amplísimo abanico de insatisfacciones, de promesas no cumplidas, de traiciones de todo tono y calibre que contrastaban con el profundo espíritu festivo y ciudadano de esa multitud. Y dos cosas aún más significativas: esa enorme cantidad de gente tan heterogénea en sus exigencias y en sus reclamos no tuvieron ni tienen un líder que los aglutine. No lo necesitan. Y algo más sorprendente todavía: tienen conciencia plena de que lo que exigen no se logra en el corto plazo. Debo reconocer que es mucho para mi mentalidad tercermundista.
¿Y por qué no quieren y no tienen un líder? Lo que entendí es que el 15 M no es un movimiento político. No se trata de los de izquierda contra los de la derecha o viceversa. Están convencidos de que ambos son lo mismo. Y saben que quienes mandan sobre políticos, llámense Zapatero, Rajoy o quién sea, son los bancos. Entonces ¿para qué un líder? si ellos luchan contra algo más profundo: el sistema. Yo tan acostumbrada a los héroes mesiánicos, a los políticos salvadores, al “sácame éste para poner a éste otro” me cuesta mucho entenderlos. Demasiado ambicioso y abstracto para mi mentalidad cortoplacista y sustitutiva.
Yo pensaba esa tarde mientras estaba rodeada de españoles, lo bien que les vendría corear al unísono un “qué se vayan todos”, o algo medianamente parecido. Pero después pensé... ¿Sirvió eso de algo? Al corto plazo sí. Huyó De La Rúa y los políticos argentinos se las vieron bien difícil para aquietar las aguas. Pero a la vuelta de 10 años lamentablemente, casi todo sigue igual. Hasta Cavallo está por ahí dando cátedras de economía...Entonces tanta revuelta, tanta bronca y tanta alharaca no sirvió de mucho.

Durante todo este año los indignados como hormigas laboriosas y a la sombra, han trabajado sin descanso, sobre todo en las zonas mas castigadas por la situación económica, que ellos consideran no una crisis, sino una estafa. Es decir, van tejiendo cambios de abajo hacia arriba. Y eso lleva tiempo. Tal vez más sólidos que los bruscos sacudones a los que estamos tan acostumbrados en Latinoamérica, con piqueteros y barrabravas incluidos.
Pero a mi me parece tan difícil su modus operandi que tengo dudas. Ojalá y las ambiciosas propuestas del 15M no se diluyan y se fortalezcan en el tiempo. Porque siento que son lo más parecido a una tenue lucecita al final del camino. Y eso, para los tiempos oscuros que corren, no es poca cosa.


Mi nota de agradecimiento y respuesta:

Me ha encantado tu aproximación al asunto. Este es un tema sobre el que pienso recurrentemente. Me parece que tanto ese movimiento como los que se han suscitado en algunas otras partes del mundo, por parte de gente de todas las edades, aunque con patente mayoría de jóvenes, es resultado del hastío que produce el sempiterno engaño de las minorías gobernantes.
Y también acepto contigo, que estamos ante un dilema terrible.

Primero, porque con sólo indignarse no se remedia nada. Dicho sea de paso, no me convence mucho que un colectivo elija el nombre de “Indignados” para aglutinarse en una causa. Ese título nació, supongo, de la expresión ideada por un nonagenario, no sin falta de razones en contra del statu quo en el país francés, unos meses antes de la insurgencia de los indignados del 15-M.
Y en segundo lugar, porque aunque uno puede abandonarse a soñar con vivir en un Edén o en una Arcadia, lamentablemente, tales paraísos no se nos dan en la tierra por obra de la providencia divina. Es necesario que los hombres se hermanen y trabajen juntos, con desapasionamiento por los bienes materiales y con apasionamiento por el bien común.

Los poderes instituidos, acá o allá, suelen ser represores a la hora de defender el statu quo que les mantiene en la cima de las sociedades de que forman parte. Y a los grupos que nacen con la misión de propugnar y conseguir una colectividad más justa, libre y fraterna, tratarán de hacerlos ver como lo hicieran con los hippies de finales de los años 60 y comienzos de los 70. Los hippies tenían muchas razones de peso para aborrecer el sistema de vida imperante en la modernidad. Pero a los poderes instituidos, maquinaria muy bien engrasada por devotos reaccionarios, no les resultó muy ardua la tarea de abatir un movimiento de contracultura del que los hippies llegaron a tener tantos prosélitos, dentro y fuera del mundo anglosajón. Para las minorías gobernantes resultó muy expedito el camino para devorarse a esos “outsiders” que perseguían un sueño de paz, pero que resultaron ser extremistas en su abulia por todo lo que implicara organizarse con miras a hacer patente ese sueño.
En lo que toca a las exquisitas maneras con que bien se organizan los desorganizados poderes políticos, sean éstos de izquierda, de centro o de derecha, sean unos más autocráticos o represores que otros, yo propondría, antes que nada, el derrocamiento de dos pilares fundamentales, aunque invisibles, de la constitución humana y con los que un anónimo vulgo soporta a tales poderes: uno es la creencia de que un sistema de gobierno centralizado y minoritario (entendiendo minoritario en el sentido de que todo es decidido por un reducido grupo de personas agrupadas en conciliábulos y sin la debida transparencia para con la ciudadanía) es la solución de los problemas del colectivo. Hay que derrocar ese patrón. Ningún sistema es perfecto, pero en la medida en que haya más transparencia en lo que hacen los poderes ejecutivos (a veces provoca llamarles, más bien, cabecillas de bandoleros), menos posible será la tentación en que suele caer hasta el más impoluto de los políticos.

Y la otra creencia que a mí me parece que la humanidad entera debería abatir, es la de pensar que nuestras sociedades se gobiernan únicamente con estricta, fría lógica y sin el concurso de otras cualidades que nos identifican como especie; particularmente, aquellas que nacen en el universo de lo sensible. Yo insisto en algo que he pensado toda mi vida, que el principal escollo que tiene que salvar todo ser humano es el de si se apega o no a una ética interior como rectora de sus pasos o si se pliega a esa suerte de ladina “diplomacia” con la que todo lo que se erige, a su alrededor, no pasa de ser un simulacro, una estafa.
Y derrocadas estas creencias, que a mí me lucen más férreas y acendradas de lo que parecen, comenzaría a pensar que es más factible el derrocamiento de ese mito del estado, como si se tratara de un principado delegado por los cielos.

No es nada fácil lograr un sistema equitativo de vida en colectivo (prefiero ese largo eufemismo a tener que apoyarme, una vez más, en la manoseada palabra gobierno) si quienes han sido depositarios de la confianza de las mayorías, no proceden de acuerdo con el voto que se les ha otorgado.
Pero creo, contigo, que sí hay una tenue luz al final del túnel. Y que para cruzar ese túnel tendrá que prevalecer un equilibrio entre la búsqueda de esa promisoria Arcadia y los elementos y herramientas necesarios para construirla nosotros mismos y los que vengan después de nosotros.

Gracias por incluirme en la lista de tus destinatarios. ¿Me permites que comparta tu enlace en mi página?
Salud!
LA





Todas las imágenes de a pie de página, a excepción de la tercera, que proviene del conmovedor film Baraka, fueron tomadas en Caracas. La única que fue captada por mi lente es la segunda, un marginado durmiendo, mientras sus canes velan por su sueño...

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