jueves, 2 de diciembre de 2010

Rulfo, mentras reales...

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MENTIRAS REALES.

Caminando por la Candelaria, en el centro de Bogotá, me fui a merodear por el Centro Cultural Gabriel García Márquez, básicamente por visitar la librería del FCE y ver qué podía encontrar allí de interés (que fue mucho el material valioso que allí vi y poco del que me pude adueñar, aunque me traje algunas pocas joyas). Antes de entrar, me quedé absorto un buen rato, contemplando las imágenes fotográficas de algunos escritores exhibidas en la plaza central del referido centro, las que van acompañadas de alguna cita del autor. La que más me llamó la atención fue la de Juan Rulfo, pues comulgo con su expresión. La cita de Rulfo puesta en el blasón reza:

¨Todo escritor que crea es un mentiroso; la literatura es mentira, pero de esa mentira sale una recreación de la realidad¨

Reproduzco esa foto con la cita a un lado (no conozco la fuente y no me he puesto a indagar si fue tomada de alguna entrevista o pertenece a alguna glosa suya). Y añado una nota mía incluida en el libro Contracorrientes, por dar fe de esta comunión con nuestro admirado Rulfo, pues pienso que (de alguna manera y salvando las distancias) hace algo de juego con lo dicho por él. La nota fue escrita en un periodo muy especial de mi vida, en un alto avenido al sentir que plasmara Dante al inicio de la Divina Comedia con la frase In il mezzo del camin (En el medio del camino…de mi vida, me hallé en una selva oscura…). Una de las joyas que me encontré en la librería del FCE es un libro de poemas de Hermann Broch, En mitad de la vida – Poesía completa, bellamente presentado por Igitur/Poesia, en edición bilingüe. Y, al principio no reparé en la prodigiosa circunstancia de que el título de este libro hiciera referencia a la frase inicial de la Divina… ¿Cuestión de casualidad? No lo creo. Designio de los hados, sí. Al abrir sus páginas me encontré con un par de bellezas que me acompañaron por el resto de mis días en esa ciudad. Y aún lo siguen haciendo… Reproduzco más abajo esos poemas.


* * * * *

No puedo ser un literato, tal como no podría ser un profesional en nada de lo que predica la embaucadora civilización del siglo XXI. Y aunque cumpla un rol, también yo soy un embaucador (lamentablemente para quienes creen en mí). La literatura de hoy se alimenta con un noventa por ciento de mentiras. Y ya debería bastarnos con que el mundo se alimente con un noventa por ciento de mentiras. Así que, harto como estoy, no puedo escribir mentiras.
Tal como no se debería hablar por hablar, tampoco deberíamos escribir por escribir. El ingenio puede ser nuestro mayor enemigo, representando el papel de un acicalado Narciso que en nada nos compromete. ¿ De qué vale exhibir la belleza de la imaginación si ella ha de quedar prisionera entre las desérticas regiones de un escindido pensamiento, desterrada del alma ?
Tampoco me vanaglorio ni me quejo de vender el zumo de mis días a una secta cuyo culto es el de arrasar, como una aplanadora, todo intento de vivir en libertad.
Tengo las noches. Dispongo de su silencio, del de la luna y las estrellas; dispongo del susurro de los grillos (hay grillos en mi balcón y, en ocasiones, se alojan debajo de mi cama) y tengo el eco de mi canto cuando estoy tan conmovido que no puedo cantar. Además, tengo mis amigos y, en ocasiones, canto con ellos. Tenemos la fortuna de poder celebrar la fiesta de la memoria y el olvido.
Y luego dispongo de nuevo del silencio del tiempo, derramándose como un arroyo solitario.
En cuanto al amor, no puedo pedirle nada. En estos días él está tan agobiado como lo está el maltrecho y apertrechado corazón del hombre. Y no puedo culpar a la mujer por tener que cerrar filas en esta agónica lucha, en la que todos buscan imponer una egótica victoria.
Prefiero convivir con un pretendido diez por ciento de verdad o, al menos, con un diez por ciento de no mentira.
Ni quiero ni debo escribir mentiras.


Contracorrientes – Sentencias en incertidumbre
BID & CO. Editor, Caracas 2006


* * * * *

Hermann Broch – Poemas

I.

Como ya no te reconozco
te conviertes en el árbol que da sombra
y en el verde que respira
se arrodilla mi sueño…
Tiemblan las hojas de la luz,
oh, mundo… lleno de las sombras,
llevo en mi olvido,
en mi respiración y en mi olvido,
tu imagen profundamente olvidada.


II.

En la luz dorada, las colinas, y
reluciente, abierto
beso de la tierra,
la tumba.
Si los labios se abren
al aliento terrestre,
alcanzando el cielo
y la nube que se oculta,
¿cuándo reposarás
en el tálamo de la tarde?
Oh, rostro humano
que te hundes en la abierta profundidad,
que te hundes en el sonido de tu ser,
tu ojo irradia hacia el cielo,
lo arrastra hacia abajo
a tu noche amorosa
mientras el mundo fluye.


Hermann Broch, En mitad de la vida. Ediciones Igitur, Col. Igitur/Poesia, Montblanc, Tarragona, España, 2007.

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