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viernes, 13 de diciembre de 2019

Peregrinaje, lacl / Alta, alta es la luna, ancestral canto sefardí / Viajera del Río, Canto al Lirio de agua del Río Orinoco / Estampas de Selene - Luna llena




Este peregrinaje es un texto un tanto extraño, pues si bien nació como una adoración tras el paso de Selene, al alcanzarme el alba, cuando acababa este boceto, no pude desprenderme de la sensación de soledad deshabitada de una ciudad antes pujante... Y el canto se torció un tanto en su verso final, mas no pude evitarlo... 
lacl

Post Scriptum, 15/12/2019.- Hoy al ver esa abrupta línea de corte entre el decir y el silencio, me he dado cuenta de que había que enmendar ese cierre, desigual aunque imperativo. No se puede falsear la realidad.
lacl

Peregrinaje

Selene ha avanzado impasible,
inmersa en su rumbo secreto,
vadeando en el mar del misterio.

La noche le puso las aguas
y en ellas cantaron sus brillos,
sirviendo de manto al silencio
en el sendero de arpegios
que ha ofrendado al firmamento.

Entre tanto, el silencio hizo gala
de una prodigiosa entereza.
La ciudad no estuvo sola,
aunque anduvo desolada.



(lacl, enmienda, 15/12 / 2019)


Peregrinaje

Selene ha avanzado impasible,
inmersa en su rumbo secreto,
vadeando en el mar del misterio.

La noche le puso las aguas
y en ellas cantaron sus brillos,
sirviendo de manto al silencio
en el sendero de arpegios
que ha ofrendado al firmamento.

Entre tanto, el silencio hizo gala
de una prodigiosa entereza.
La ciudad no estuvo sola, sino desolada.


lacl, 13 /  12  /  2019, contemplaciones, rumbo al albor.


Alta, alta es la luna


Alta, alta es la luna

Alta, alta es la luna
cuando empeza a esclarecer.
Hija hermosa y sin ventura
nunca llegue a nacer.

Mis ojos se me hincheron
de tanto mirar la mar.
Vaporicos van y vienen
letra para mi no hay.

Mi querido es hermoso
dos taras tiene con él.
La una que arroja dados
la otra que echa šeš beš.

Mi querido es alto y vano
y una vara de espander.
Mi madre hizo colada
lo metió a detener




Viajera del Río

Canto al Lirio de agua del Río Orinoco




Viajera del Río es una composición de Manuel Yánez, una hermosa balada del Estado Bolívar. La compuso al contemplar, desde un malecón, los racimos de la Bora viajar sobre las aguas del majestuoso río Orinoco.
La llaman también Chupa chupa o Lirio de agua.

Viajera del Río

Paseando una vez
por el malecón
extasiado me quedé,
al ver una flor
perfumando el Río.

Era angelical
como el azahar
y corría y corría.
Buscando el horizonte
se perdía.

La quise tocar,
la quise abrazar
quise amarla como a ti.
Ni que fuera un mago
para contener
la fuerza del río.

Y se fue ocultando
y se fue marchando
luego desapareció.
Pasaron los años
y el arcano tiempo
la alejó de mí.

Por eso en mis sueños
cuando la recuerdo
triste voy al malecón,
para ver si el río
cambia la corriente
y vuelvo a ver mi flor.




sábado, 7 de diciembre de 2019

Tanto gentile e tanto onesta pare (Tan gentil y tan honesta parece), Dante Alighieri, versión lacl / Estampas / GALERÍA DE ORFEO: Vide Cor Meum - Vita Nuova de Dante / Vide Cor Meum - libretto in Italian / Latin with translation.

© lacl 


Este soneto ha marchado junto a mí por todo el año. Fue el primero que leí en la cama y al amparo de una luz tenue, de una colecta de versos del “dolce stil nuovo”, cuando ya terciaba el silencioso discurso de la madrugada.

Fue tal el toque sentido, por la belleza de los versos del Dante, que lo leí varias veces murmurándolo silente e, incluso, nombrándolo con voz tan imperceptible que sirviera, tal vez, de lejana serenata.  Luego leí otros poemas de la referida colecta, muchos muy bellos, pero siempre teniendo que volver a cantar ese soneto. Hice un intento de versión principiando el año, pero los excesos nunca han sido buena compañía de todo lo que pretende cantarse decantando  (mucho laborar y mucho desvelar con los etcéteras) y, en uno de esos descuidos del cansancio, pues se perdió lo que había esbozado.

Hoy vuelvo a intentar otra versión, muy distinta, eso sí, de la perdida, porque en la presente hemos tratado no sólo de ajustarnos a la semántica poética sino un poco, en lo posible, a ritmo y rima. Ello arroja unos versos más apretados que los de una versión literal, como la que intentara principiando el año y, tal como la recuerdo, muy distinta y de versos más largos. Acá la dejo agregando mi sempiterna acotación: es una versión perfectible y, por lo tanto, provisional. 

Se la dedico a Maruja, mi madre (María Luisa Loynaz Sucre, para quienes colectan genealogías), pues hoy se cumplen 98 años de haber venido ella de visita a este mundo (partió de regreso hace dos años) y porque fue siempre amante de la sutil belleza. Y, por obra de una mampostería del corazón, a mi padre, Luis Amado, que bien estuvo siempre adosado al amor suyo y a tales sutilezas.

Salud,
lacl



Tan  gentil y tan honesta parece
mi dama cuando ella a otro saluda,
que toda lengua se estremece y muda,
y el ojo a mirar no se aparece.

Ella se va, sintiéndose laudar,
benignamente de humildad vestida,
y cosa parece del cielo venida
a la tierra en un milagro develar.       

Se muestra tan graciosa a quien la mira
que por ojos da dulzura al corazón,
juzgar no puede quien no lo ha probado;

enjuiciando en sus labios, agitado,
un espíritu suave, plena pasión,
que va diciendo al ánima: Suspira.

*******

Tanto gentile e tanto onesta pare
la donna mia, quand'ella altrui saluta,
ch'ogne lingua devèn, tremando, muta,
e li occhi no l'ardiscon di guardare.

ella si va, sentendosi laudare,
benignamente e d'umiltà vestuta,
e par che sia una cosa venuta
da cielo in terra a miracol mostrare.

Mostrasi sì piacente a chi la mira
che dà per li occhi una dolcezza al core,
che 'ntender no la può chi no la prova;

e par che de la sua labbia si mova
un spirto soave pien d'amore,
che va dicendo a l'anima: Sospira.»



Maruja y mi padre, Luis Amado
(Luis Amado Contreras Quintero) 


Recordando a mi abuela, María Luisa Sucre de Loynaz






Otra publicación relacionada:

Vide Cor Meum - Vita Nuova de Dante / Vide Cor Meum - libretto in Italian / Latin with translation.





GALERÍA DE ORFEO
Vide Cor Meum - libretto in Italian / Latin with translation.

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© [Luis Alejandro Contreras Loynaz/LetrasContraLetras - contracorrientes]. Todos los derechos reservados. Fecha de creación del blog: 2007. ©

sábado, 30 de noviembre de 2019

Guarida de los poetas.- Rimbaud, joven maestro en el arte de ironizar. / Romance (Fábula), Arthur Rimbaud / Ferré: Romance - On n'est pas sérieux quand on a dix-sept ans (Rimbaud) / Ferré - Mes Petites Amoureuses (Arthur Rimbaud)

© lacl 



Rimbaud fue, como Kafka, un joven maestro en el arte de ironizar. Y el cultivo de una sagaz ironía suele terminar representándose como el cultivo de una dolorosa virtud. Por supuesto que es, también, muy común que no hallemos placer alguno en la ironía que devela perversidades y barbarie. Pero ello no le resta veracidad y valor a ese gesto desalmado que es representado en la crueldad... Puede ser que duelan los versos de Rimbaud, pero siento que hay una suerte de catarsis vibrando en el alma al terminar de leerlos…

lacl, 28  11 2015

*******


La anotación anterior se refería, por supuesto, a textos capitales del joven barrenador que fuera Rimbaud. Sin embargo, preferimos recoger acá un texto suyo que nos habla de una visión más amorosa del mundo circundante, no exenta, sin embargo, de un sutil toque de ironía. Claro, fue escrita en edad temprana, si bien todo el Rimbaud de antes de su renuncia, parece haber sido escrito en una edad antero temprana, con respecto a una visión mundana del vivir. Habíamos decidido subir varios textos de Rimbaud, pero dada la comprobada infidelidad de algunas versiones encontradas con respecto a los originales, hemos decidido retirar el texto que habíamos colocado inicialmente -Ciudades, Iluminaciones, de la mano de un traductor que desconozco- y sustituirlo por este “Roman” (en el sentido de peripecia, lance, escaramuza) en una versión personal, luego de haber cotejado varias traducciones. No la considero definitiva, teniendo en cuenta que casi nada lo es, pero puedo asegurar que es nuestro honrado intento de disminuir (en la medida de lo posible) el abuso de inventar vertientes semánticas que son inexistentes en el original.
Salud,
lacl

*******


Romance (Fábula)

I

No puedes ser serio con diecisiete años.
––¡Una tarde de hierba y limonada,
de ruidosos cafés con luminosos candelabros!
––Y vamos por los tilos verdes de la vereda.

¡Cuán grato aroman los tilos en las tardes de junio!
El aire es tan dócil que invita a cerrar los párpados;
Y el viento rumoroso ––la ciudad no está lejos––
trae esencias de vides y aromas de cerveza.

II

De pronto se descubre un pequeño trozo de chiffon
azul marino, que la enramada de un arbusto enmarca,
picado de una mala estrella que se funde
con dulce escalofríos, pequeños y todos blancos...

¡Diecisiete años! ¡Noche de junio! ––embriaguémonos.
La savia es un champán que se sube a la cabeza...
Divagamos; sentimos un beso en los labios,
que palpita allí, como una pequeña bestia.

III

El corazón loco, Robinsonea por las fábulas,
––cuando a la luz de una farola pálida
pasa una joven de aire encantador,
a la sombra del horrendo cuello almidonado de su padre.

Y como  ella te encuentra inmensamente ingenuo,
al son de que sus botas resuenan sobre las aceras,
se vuelve alerta y con un vivaz movimiento...
––Y en tus labios muere, entonces, una melodía...

IV

Estás enamorado. Corazón arrendado hasta agosto.
Estás enamorado. Tus sonetos la hacen reír.
Tus amigos se van, no aprueban tu gusto.
––¡Y, una tarde, tu adorada se digna a escribirte...!

Y esa noche ... vuelves a los cafés iluminados,
pides algunas bebidas o una limonada...
––No somos serios cuando cuentas diecisiete,
Y tenemos los tilos verdes en la vereda.

23 de septiembre de 1870

(Versión de lacl)


Roman

I

On n'est pas sérieux, quand on a dix-sept ans.
- Un beau soir, foin des bocks et de la limonade,
Des cafés tapageurs aux lustres éclatants !
- On va sous les tilleuls verts de la promenade.

Les tilleuls sentent bon dans les bons soirs de juin !
L'air est parfois si doux, qu'on ferme la paupière ;
Le vent chargé de bruits - la ville n'est pas loin -
A des parfums de vigne et des parfums de bière....

II

- Voilà qu'on aperçoit un tout petit chiffon
D'azur sombre, encadré d'une petite branche,
Piqué d'une mauvaise étoile, qui se fond
Avec de doux frissons, petite et toute blanche...

Nuit de juin ! Dix-sept ans ! - On se laisse griser.
La sève est du champagne et vous monte à la tête...
On divague ; on se sent aux lèvres un baiser
Qui palpite là, comme une petite bête....

III

Le coeur fou Robinsonne à travers les romans,
Lorsque, dans la clarté d'un pâle réverbère,
Passe une demoiselle aux petits airs charmants,
Sous l'ombre du faux col effrayant de son père...

Et, comme elle vous trouve immensément naïf,
Tout en faisant trotter ses petites bottines,
Elle se tourne, alerte et d'un mouvement vif....
- Sur vos lèvres alors meurent les cavatines...

IV

Vous êtes amoureux. Loué jusqu'au mois d'août.
Vous êtes amoureux. - Vos sonnets La font rire.
Tous vos amis s'en vont, vous êtes mauvais goût.
- Puis l'adorée, un soir, a daigné vous écrire...!

- Ce soir-là,... - vous rentrez aux cafés éclatants,
Vous demandez des bocks ou de la limonade..
- On n'est pas sérieux, quand on a dix-sept ans
Et qu'on a des tilleuls verts sur la promenade.


29 sept. 1870    Arthur Rimbaud



Ferré: Romance - On n'est pas sérieux quand on a dix-sept ans (Rimbaud) 






Ferré - Mes Petites Amoureuses

(Arthur Rimbaud)











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Historias de vida - Carrington, documental / Leonora Carrington: Los conejos blancos / LEONORA CARRINGTON: GALERÍA SUCINTA / GALERÍA DE ORFEO: Heinrich Isaac (1450-1517) - Innsbruck, ich muss dich lassen





Historias de vida 

Hermoso documental realizado por Producciones 21CERO2 sobre esa maravillosa mujer que ha sido Leonora Carrington, para canal once, México, DF. Debajo se incluye uno de los cuentos de la señora Carrington, Los conejos blancos. 
En la galería de Orfeo agregamos una hermosa composición musical, quizás muy poco conocida: Heinrich Isaac (1450-1517) - Innsbruck, ich muss dich lassen. Recomendamos ampliamente su escucha.
Estos contenidos se agregan por difundir la obra de los creadores. Esta página personal no tene fines de lucro con los contenidos puestos en la red por terceras partes. 
(El administrador)



Los conejos blancos Leonora Carrington

Ha llegado el momento de contar los sucesos que comenzaron en el número 40 de la calle Pest. Parecía como si las casas, de color negro rojizo, hubiesen surgido misteriosamente del incendio de Londres. El edificio que había frente a mi ventana, con unas cuantas volutas de enredadera, tenía el aspecto negro y vacío de una morada azotada por la peste y lamida por las llamas y el humo. No era así como yo me había imaginado Nueva York.
Hacía tanto calor que me dieron palpitaciones cuando me atreví a dar una vuelta por las calles; así que me estuve sentada contemplando la casa de enfrente, mojándome de cuando en cuando la cara empapada de sudor.
La luz nunca era muy fuerte en la calle Pest. Había siempre una reminiscencia de humo que volvía turbia y neblinosa la visibilidad; sin embargo, era posible examinar la casa de enfrente con detalle, incluso con precisión. Además, yo siempre he tenido una vista excelente.
Me pasé varios días intentando descubrir enfrente alguna clase de movimiento pero no percibí ninguno, y finalmente adopté la costumbre de desvestirme con total despreocupación delante de mi ventana abierta y hacer optimistas ejercicios respiratorios en el aire denso de la calle Pest. Esto debió de dejarme los pulmones tan negros como las casas.
Una tarde me lavé el pelo y me senté afuera, en el diminuto arco de piedra que hacía de balcón, para que se me secara. Apoyé la cabeza entre las rodillas, y me puse a observar una  moscarda que chupaba el cadáver de una araña, a mis pies. Alcé los ojos, miré a través de mis cabellos largos, y vi algo negro en el cielo, inquietantemente silencioso para que fuera un aeroplano. Me separé el pelo a tiempo de ver bajar un gran cuervo al balcón de la casa de enfrente. Se posó en la balaustrada y miró por la ventana vacía. Luego meció la cabeza debajo de un ala, buscándose piojos al parecer. Unos minutos después, no me sorprendió demasiado ver abrirse las dobles puertas y asomarse al balcón una mujer. Llevaba un gran plato de huesos que vació en el suelo. Con un breve graznido de agradecimiento, el cuervo saltó abajo y se puso a hurgar en su comida repugnante.
La mujer, que tenía un pelo negro larguísimo, lo utilizó para limpiar el plato. Luego me miró directamente y sonrió de manera amistosa. Yo le sonreí a mi vez y agité una toalla. Esto la animó, porque echó la cabeza para atrás con coquetería y me dedicó un elegante saludo a la manera de una reina.
-¿Tiene un poco de carne pasada que no necesite? -me gritó.
-¿Un poco de qué? -grité yo, preguntándome si me habría engañado el oído.
-De carne en mal estado. Carne en descomposición.
-En este momento, no -contesté, preguntándome si no estaría bromeando.
-¿Y tendrá para el fin de semana? Si fuera así, le agradecería inmensamente que me la trajera.
A continuación volvió a meterse en el balcón vacío, y desapareció. El cuervo alzó el vuelo.
Mí curiosidad por la casa y su ocupante me impulsó a comprar un gran trozo de carne a la mañana siguiente. Lo puse en mi balcón sobre un periódico y esperé. En un tiempo relativamente corto, el olor se volvió tan fuerte que me vi obligada a realizar mis tareas diarias con una pinza fuertemente apretada en la punta de la nariz. De cuando en cuando bajaba a la calle a respirar.
Hacia la noche del jueves, noté que la carne estaba cambiando de color; así que, apartando una nube de rencorosas moscardas, la eché en mi bolsa de malla y me dirigí a la casa de enfrente.
Cuando bajaba la escalera, observé que la casera parecía evitarme.
Tardé un rato en encontrar el portal de la casa. Resultó que estaba oculto bajo una cascada de algo, y daba la impresión de que nadie había salido ni entrado por él desde hacía años. La campanilla era de esas antiguas de las que hay que tirar; y al hacerlo, algo más fuerte de lo que era mi intención, me quedé con el tirador en la mano. Di unos golpes irritados en la puerta y se hundió, dejando salir un olor espantoso a carne podrida. El recibimiento, que estaba casi a oscuras, parecía de madera tallada.
La misma mujer bajó, susurrante, con una antorcha en la mano.
-¿Cómo está usted? ¿Cómo está usted? -murmuró ceremoniosamente; y me sorprendió observar que llevaba un precioso y antiguo vestido de seda verde. Pero al acercarse, vi que tenía la tez completamente blanca y que brillaba como si la tuviese salpicada de mil estrellitas diminutas.
-Es usted muy amable -prosiguió, tomándome del brazo con su mano reluciente-. No sabe lo que se van a alegrar mis pobres conejitos.
Subimos; mi compañera andaba con gran cuidado, como si tuviese miedo.
El último tramo de escalones daba a una alcoba decorada con oscuros muebles barrocos tapizados de rojo. El suelo estaba sembrado de huesos roídos y cráneos de animales.
-Tenemos visita muy pocas veces -sonrió la mujer-. Así que han corrido todos a esconderse en sus pequeños rincones.
Dio un silbido bajo, suave y, paralizada, vi salir cautamente un centenar de conejos blancos de todos los agujeros, con sus grandes ojos rosas fijamente clavados en ella.
-¡Vengan, bonitos! ¡Vengan, bonitos! -canturreó, metiendo la mano en mi bolsa de malla y sacando un trozo de carne podrida.
Con profunda repugnancia, me aparté a un rincón; y la vi arrojar la carroña a los conejos, que se pelearon como lobos por la carne.
-Una acaba encariñándose con ellos -prosiguió la mujer-. ¡Cada uno tiene sus pequeñas costumbres! Le sorprendería lo individualistas que son los conejos.
Los susodichos conejos despedazaban la carne con sus afilados dientes de macho cabrío.
-Por supuesto, nosotros nos comemos alguno de cuando en cuando. Mi marido hace con ellos un estofado sabrosísimo, los sábados por la noche.
Seguidamente, un movimiento en uno de los rincones atrajo mi atención, entonces me di cuenta de que había una tercera persona en la habitación. Al llegarle a la cara la luz de la antorcha, vi que tenía la tez igual de brillante que ella; como oropel en un árbol de Navidad. Era un hombre y estaba vestido con una bata roja, sentado muy tieso, y de perfil a nosotros. No parecía haberse enterado de nuestra presencia, ni del gran conejo macho cabrío que tenía sentado sobre su rodilla, donde masticaba un trozo de carne.
La mujer siguió mi mirada y rió entre dientes.
-Ese es mi marido. Los chicos solían llamarlo Lázaro…
Al sonido de este nombre, familiar, el hombre volvió la cara hacia nosotras; y vi que tenía una venda en los ojos.
-¿Ethel? -preguntó con voz bastante débil-. No quiero que entren visitas aquí. Sabes de sobra que lo tengo rigurosamente prohibido.
-Vamos, Laz; no empecemos -su voz era quejumbrosa-, no me puedes escatimar un poquitín de compañía. Hace veinte años y pico que no veía una cara nueva. Además ha traído carne para los conejos.
La mujer se volvió y me hizo seña de que fuera a su lado.
-Quiere quedarse entre nosotros; ¿a que sí? -de repente me entró miedo y sentí ganas de salir,  de huir de estas personas terribles y plateadas y de sus conejos blancos carnívoros.
-Creo que me voy a marchar; es hora de cenar.
El hombre de la silla profirió una carcajada estridente, aterrando al conejo que tenía sobre la rodilla, el cual saltó al suelo y desapareció.
La mujer acercó tanto su cara a la mía que creía que su aliento nauseabundo iba a anestesiarme.
-¿No quiere quedarse y ser como nosotros? En siete años su piel se volverá como las estrellas; siete años tan solo, y tendrá la enfermedad sagrada de la Biblia: ¡la lepra!

Eché a correr a trompicones, ahogada de horror; una curiosidad malsana me hizo mirar por encima del hombro al llegar a la puerta de la casa, y vi que la mujer, en la balaustrada, alzaba una mano a modo de saludo. Y al agitarla, se le desprendieron los dedos y cayeron al suelo como estrellas fugaces.




LEONORA CARRINGTON: GALERÍA SUCINTA












GALERÍA DE ORFEO