© lacl
El canto nace, como la flor,
para deshacerse
en sus deshojados pétalos;
su misión es subir en ebullición
para diseminarse en
luz y oscuridad,
entre las hojas y enramadas
que el viento lunar acaricia,
mientras carga y lleva.
Su misión es no tener otra misión
que la de dejarse elevar
hacia los altos cielos del
abismo, fundar morada
en firmamento y resonar,
cual badajo, en el tímpano
de todo corazón que, extranjero,
eleva su mirar, cuando
una voz ausente le llama
desde la añorada casa.
lacl, 10 de Mayo, 2020.
Guardador de rebaños, ganarás la luz...







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