Así bautizó Gonzalo aquella tarde, tarde
caraqueña, en la que el sol no lograba atravesar las nubes por completo. Me
dijo, ¿sabes cómo llamamos en Bogotá a estas insinuaciones solares? Sol de
hielo. Y fue una de las más gratas conversas de la que guste hacer evocación mi
ya trajinada memoria. Habíamos subido al Ávila. Quería mostrarle esa maravilla,
que en veces se da, la de ver al sur la ciudad caraqueña y al norte el mar
caribe. Pero esa tarde las nubes al norte estaban ariscas. Y ni siquiera el sol
pudo convencerlas. Dejaba traslucir su esplendor tras la niebla, pero hasta
allí. Un disco de luz tras el rocío celeste. Entonces se tendió en el aire la
pregunta de Gonzalo. Recuerdo haberle dicho, la poesía está en todas partes
pues, pues ése es adagio colectivo. Hoy Gonzalo se ha ido a perseguir soles de
hielo, cantos de otredad, vuelos de polvo cósmico entre los aires de la nada,
porque la nada lo es todo. Salve Gonzalo. Gracias por tu amistad y ese acallado
entusiasmo tuyo, tan henchido de templada fruición. Lamento no haber podido
volver a Bogotá. Algún día nos sentaremos a contemplar soles de hielo y
beberemos del vino más excelso, el vino que se bebe en los confines que brotan
de las cabeceras del tiempo.
(lacl. Un trazo añejo, sin fecha, de aquel lapso
de soledad y búsqueda, cuando “in il mezzo del camin” me hallé en mi propia
selva oscura…)
.
Dos maravillas que me han acompañado por años. La Suite Nro. 3 de
Bach me acompaña desde tiempo inmemorial. Es imposible, me parece, no haberlo
escuchado. Al menos por quienes hayan tenido un mínimo de curiosa búsqueda de amparo
en los compases de la música.
Y
el registro de los Cantos Gregorianos de los monjes del Monasterio de Silos,
viene a mi lado desde esos años arduos, extraños, volátiles -plagados de poesía
y desengaño- y signados por una ansiosa y agónica búsqueda.
Años de poner a prueba mi zarandeado temple, en el que los hados me
enrumbaron hacia un mundo no buscado, sino empeñado él en buscarme a mí,
lanzándome sus dados en celada, poniendo a prueba mi sentir por toda una vida
defendido, el de anteponer a todo la poesía y mi postulado de pecho, el de que
hay poesía en todo. Me tocó vestir kafkiana indumentaria. Y aprendí a vestirla
con cierto regodeo por la artimaña de mostrar siempre a un doble.
Hablo
de los días de fines de milenio, de esa inconcebible década que vino a
confirmar el sepelio de un mundo de ayer, una década que escribió el más
tétrico de los obituarios. Pues en esa década nos tocó ver que lo que de
infante fatigaba mi ensueño (a punta de pesadillas) se corroboraba con los más
obscuros anuncios de eclipse en el ámbito de lo humano.
Con todo y eso, música como la de Bach y la de estos cantos de los monjes de Silos,
estuvieron (como lo siguen estando ahora) siempre a nuestro lado, para
hablarnos con fe en un mundo posible. Quizás sea un mundo que jamás logre ver,
con los ojos del espíritu, el azul que se nos dona en el confín del horizonte,
pero a buen seguro que no deja de ser un mundo completamente real y redivivo.
Un mundo que pulsa puertas adentro. Y que respira, contra todo pronóstico, al
lado de la humana perversidad.
lacl, 11/05/2016
Bach: Air, Orchestral
Suites No. 3 in D major, BWV 1068
Se confirmaron mis temores. Se ha perdido toda la data del
disco duro de mi laptop personal… Ya me lo temía. “Trabajos de amor perdidos”
me provoca decir. Ha sido culpa mía, en los últimos tres años he andado mucho
sobre ese pobre instrumento y ya. Ha dicho: “Hasta aquí”. El técnico me dice, “ese
disco vino diseñado para laborar por 8 mil horas y usted lo ha exigido por más
de 11 mil”. Lo extraño es que no me diera aviso, pues la pc nunca se quedaba
colgada. Buen potro ha sido. En el fondo ya estaba resignado. A quien más voy a
extrañar es a Don Anselmo Di Testarutto, de quien llevaba muchas cosas anotadas
y de las que tampoco guardé respaldo, entre tantas y tantas horas de vuelo. No
me hice un nuevo DD en parte por los costos actuales y aquí están las
consecuencias… En fin, lo hecho, hecho está. He de volver la página. Pero,
sobre todo, he de volver a mis cuadernos, a la hoja, al lápiz… Basta ya de cibernética.
A ella volveré sólo para guardar por triplicado.
Cito
un fragmento de Amos Oz, en su libro “Contra el fanatismo”
“… En esencia,
la batalla entre judíos israelíes y árabes palestinos no es una guerra
religiosa. Aunque los fanáticos de ambos bandos hagan lo imposible por
convertirlo en una guerra religiosa. Fundamentalmente, no es más que un
conflicto territorial sobre la dolorosa cuestión: ¿De quién es la tierra? Es
fundamentalmente un conflicto entre derecho y derecho, entre dos
reivindicaciones muy convincentes, muy poderosas, sobre el mismo pequeño país.
Ni guerra religiosa, ni guerra de culturas, ni desacuerdo entre dos
tradiciones. Simplemente una verdadera disputa estatal sobre quién es el
propietario de la casa. Y creo que puede resolverse… ”
Que
esto lo diga alguien que, según sus propias palabras, se curó de su propio
fanatismo, es esperanzador: creer que podemos resolver las diferencias es paso
inicial para zanjarlas. Mucha gente piensa que los conflictos entre los pueblos
vienen apuntalados por verdades de incuestionable valor. En realidad, suelen
ser promulgadas y vendidas por pequeños cenáculos de poder. Y esas hipotéticas verdades resultan muchas veces ser más
inconsistentes que las monedas de chocolate envueltas en papel dorado.
Yo
creo, con Amos Oz, que el asunto es menos complicado que el pretendido
vericueto de una pugna internacional de vampirescos neoliberales versus un clan
de retrasados mentales de izquierda. Tales bandos son tan parecidos como dos
gotas de agua de una misma nube. Se trata de, sencillamente -¡y en primer
lugar!-, dejar de lado la violencia de unos hacia otros, hay que parar la
violencia multilateralmente; luego hay que apartar los apasionamientos del
fanatismo, que son los acicates de toda violencia. El hombre común debe volver
a la fuente originaria del sentido común. Mientras le sigamos los pasos a una
cuerda de rufianes que se hacen llamar líderes políticos, la humanidad no
saldrá del escollo en que se encuentra postrada.
Alvaro
Mutis ilustraba en una entrevista el por qué de su descreimiento acerca de la política y de sus cultores:
“ …Pues
sencillamente porque allí donde cuatro o cinco personas se reúnen para
concertar o ponerse de acuerdo en algo, no puede surgir más que una
bellaquería… ” (cito de memoria, fue una entrevista televisada)
Y
voy a ilustrar lo que digo con un par de citas más, ambas muy irónicas. Una de
Friedrich Nietzsche y la otra del sorprendente Georg Lichtenberg.
“ …Cuando cinco
personas hablan juntas, siempre hay una sexta que debe morir… ”(Nietzsche)
“ …Como vieron que no le podían colocar una cabeza
católica, se contentaron con cortarle una protestante... ” (Lichtenberg)
Y
amén de detener el asesinato, la misión del hombre es construir humanidad. Y
así como algunos imploran a Jesús, yo imploro porque todos puedan alzar sus
manos hacia al cielo por quien quieran, sea por Alá, por Buda, por el Supremo
Arquitecto, por la Diosa Blanca de quien nos habló Robert Graves, por amor al
azul o por la negrura del cosmos, sin que ningún febril venga a levantar la
honda para apedrear a los que considera blasfemos, tan sólo porque no levantan
las manos hacia donde él imagina que hay que hacerlo.
Recordando a
Aquiles Nazoa, a cuatro décadas de su temprana despedida, cantándole a Marilyn,
quien en esta colecta aparece, en casi todas las imágenes, con el poeta Carl
Sandburg. Al final agregamos "La historia de un caballo que era bien bonito", en la voz de Aquiles y el maravilloso documento del encuentro de Marilyn Monroe y Carl Sandburg...
(lacl)
Marilyn en la morgue
En el año ya lejanísimo
Mil novecientos treinta y dos,
Cuando en las últimas pianolas
Rodaba aún el charlestón
Y en las pantallas fulguraba
La mirada de Clara Bow,
Y mi hermana tenía un novio
Que había estado en Nueva York
Y yo tenía doce años
Y era un muchacho soñador
Y me bastaba verlo a él
Con su flagrante traje sport
-saco a rayas, gorra a cuadros,
Pantalón a lo Harold Lloyd-,
Y oí narrar sus aventuras
De fogonero
En un vapor
Y lavaplatos en Maniatan
Y bailarín de un music hall;
En esa época que digo
-¡era en el año treinta y dos!-
Ah me bastaba sólo eso
-¡yo era el tonto que aún soy!-
Para subirme a mis ensueños
Como quien sube a un ascensor.
Desde entonces ando en el mundo
Como anduviera Dreamy-Boy,
Viviendo en sueños la aventura
Que la vida nunca me dio.
Visto harapos de vagabundo,
Mi equipaje es mi corazón,
Viajo en los trenes de noche,
No tengo un diez para un hot dog,
Pero mastico mi esperanza
Como quien masca un chewing-gum
Y si me mata la tristeza
Echo una estrella en el juke box.
Nadie me espera, como nadie
Cuando salí me dijo adiós.
De dónde vengo no me importa
Como tampoco a dónde voy.
Cierto que soy un muerto de hambre,
Un vagabundo, un polizón,
Con el sombrero agujereado
Y los zapatos sin cordón,
Pero quien niega que soy libre,
Que soy tan libre como Ford
Y que a mis pies tengo la tierra
Como un magnífico balón
Para jugar al football-rugby
Y así olvidar de que soy:
De que soy un hombre sin casa,
Un hombre paria, un Dream-Boy,
Un John Smith desamparado
De quien se ha olvidado el amor,
Un prisionero de ciudades
Que a sí mismo se encadenó
Y que se arrastra por los trenes
De una prisión a otra prisión.
Y aquí está América a mis pies
Como un magnífico balón;
Puedo jugar con ella al rugby
O, si prefieren, al béisbol.
Un Rockefeller es el pitcher
Y un Rockefeller es el coach.
Pero juguemos a otra cosa,
Porque soy mal jugador,
Y lo que quiero con América
Es encontrarle el corazón.
Por hallárselo ando rodando
de la Florida a Nueva York.
En Alcatraz viví cien años,
Tuve una novia en Oregón,
En Carolina fui John Brown
Y en Alabama fui Jim Crow;
En Chicago fui caletero
Y en Amalfi morí de amor;
Fui bailarín en Nueva Orleáns
Allá en el año treinta y dos,
Y ahora en un tren de madrea
Voy de Pittsburg a Nueva York
Con la esperanza ya perdida
De descubrir en cuál rincón
Dejó la América de Lincoln
Olvidando su corazón.
Qué contaré cuando regrese
A aquel mundo del treinta y dos
Cuando bastaba que mi amigo
Me saludara: -Hello boy-
Para que yo, muchacho tonto
Hiciera igual que Dream Boy
Y me subiera a mis ensueños
Como quien sube a un ascensor,
Para llegar a un mundo mágico
En donde estaba Nueva York
Ah, Marilyn, tu cruel América
Tu desdichada gran nación
Te ha destrozado entre sus manos
Como un paquete de pop corn.
Y allí estás, pálida manzana
Bajo tu luna de neón.
.
Marilyn Monroe Rare Collection - The Last Known Visit With Carl Sandburg Jan 1962
"La historia de un caballo que era bien bonito" - Aquiles Nazoa