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domingo, 31 de mayo de 2026

Volviendo a César con su piedra negra sobre su piedra blanca, en el plexo de su corazón, lacl / Guarda de los poetas: Cardo o ceniza - Verrà la morte e avrà i tuoi occhi

 © lacl 

Acaso la única imagen fotográfica de César sonriendo...

A César Vallejo se le suele asociar con nostalgia y pena. 
Pero César Vallejo fue, en realidad, poeta de la intensidad, de una sensibilidad humana a flor de piel, casi que de piel abierta, pudiéramos decir, si nos viéramos impelidos a calificarle de alguna manera. Y fue un poeta cabal, poeta de la revelación, antes que de la queja o el dolor, que no es igual. Que sus poemas o gran parte de ellos convocan la nostalgia es innegable. Pero valdría la pena recordar aquello que Hermann Hesse señaló como misión y condición inmanente al alma del poeta: la de convocar a la nostalgia con su arte. 
Voz de lo sencillo y de lo complejo a un tiempo mismo; sencillo en su voz que directa y, muchas veces, confesional, llega al oído del corazón; y complejo porque arduo e, incluso,  corajudo es versar, con la llanura de la más límpida franqueza, la desnudez del alma. 
Deseo dejar acá, en su honra, esta sucinta antología. 
Salud, lacl. 


XIII  (*)

(Pienso en tu sexo)


Pienso en tu sexo.

Simplificado el corazón, pienso en tu sexo,

ante el hijar maduro del día.

Palpo el botón de dicha, está en sazón.

Y muere un sentimiento antiguo

degenerado en seso.

 

Pienso en tu sexo, surco más prolífico

y armonioso que el vientre de la Sombra,

aunque la Muerte concibe y pare

de Dios mismo.

Oh Conciencia,

pienso, sí, en el bruto libre

que goza donde quiere, donde puede.

 

Oh, escándalo de miel de los crepúsculos.

Oh estruendo mudo.

 

Odumodneurtse!


(*) César Vallejo, de su libro Trilce.


XV (**) 

España, aparta de mí este cáliz


Niños del mundo,

si cae España —digo, es un decir—

si cae

del cielo abajo su antebrazo que asen,

en cabestro, dos láminas terrestres;

niños, ¡qué edad la de las sienes cóncavas!

¡qué temprano en el sol lo que os decía!

¡qué pronto en vuestro pecho el ruido anciano!

qué viejo vuestro 2 en el cuaderno!


¡Niños del mundo, está

la madre España con su vientre a cuestas;

está nuestra maestra con sus férulas,

está madre y maestra,

cruz y madera, porque os dio la altura

vértigo y división y suma, niños;

está con ella, padres procesales!


Si cae —digo, es un decir— si cae

España, de la tierra para abajo,

niños ¡cómo vais a cesar de crecer!

¡cómo va a castigar el año al mes!

¡cómo van a quedarse en diez los dientes,

en palote el diptongo, la medalla en llanto!

¡Cómo va el corderillo a continuar

atado por la pata al gran tintero!

¡Cómo vais a bajar las gradas del alfabeto

hasta la letra en que nació la pena!


Niños,

hijos de los guerreros, entre tanto,

bajad la voz, que España está ahora mismo repartiendo

la energía entre el reino animal,

las florecillas, los cometas y los hombres.

¡Bajad la voz, que está

con su rigor, que es grande, sin saber

qué hacer, y está en su mano

la calavera hablando y habla y habla,

la calavera, aquélla de la trenza;

la calavera, aquélla de la vida!


¡Bajad la voz, os digo;

bajad la voz, el canto de las sílabas, el llanto

de la materia y el rumor menor de las pirámides, y aún

el de las sienes que andan con dos piedras!

¡Bajad el aliento, y si

el antebrazo baja,

si las férulas suenan, si es la noche,

si el cielo cabe en dos limbos terrestres,

si hay ruido en el sonido de las puertas,

si tardo,

si no veis a nadie, si os asustan

los lápices sin punta, si la madre

España cae —digo, es un decir—

salid, niños del mundo; id a buscarla!…


(**) César Vallejo. Del libro España, aparta de mí este cáliz


Piedra negra sobre una piedra blanca (***)


Me moriré en París con aguacero,

un día del cual tengo ya el recuerdo.

Me moriré en París -y no me corro-

tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.

Jueves será, porque hoy, jueves, que proso

estos versos, los húmeros me he puesto

a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto,

con todo mi camino, a verme solo.

César Vallejo ha muerto, le pegaban

todos sin que él les haga nada;

le daban duro con un palo y duro

también con una soga; son testigos

los días jueves y los huesos húmeros,

la soledad, la lluvia, los caminos…


(***) César Vallejo. Del libro póstumo, Poemas humanos. 



***

GUARIDA DE LOS POETAS

Chabuca Granda 



Granda - Cardo o ceniza




Cesare Pavese - Verrà la morte e avrà i tuoi occhi - Lee Vittorio Gassman



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