© lacl
Siendo testigos de la profusión de clanes y clubes de un idiotizado fanatismo a lo largo y ancho del orbe, amén del servilismo de los medios de prensa para con las minorías gobernantes, así como su gran obra en pro de instaurar una ecuménica oligofrenia, no nos queda mucho espacio para dudar que, en su inmensa mayoría, son órganos creados para mantener el statu quo de la barbarie.
Y creo que, con todo derecho, estaremos autorizados a declarar que no estamos tan distanciados de cierta arcaica modernidad, ese altisonante movimiento nacido hace un siglo en la búsqueda de una innovación de bambalinas con destellos de neón y que hoy luce como prehistoria, una exaltada "modernidad" que en los locos años 20 prometía el futuro a la vuelta de la esquina.
Si comparamos los cantos a la modernidad de principios del siglo XX con el barbitúrico sueño de futuro de hoy, nos daremos cuenta de que aún estamos atorados en el mismo sitio, que estamos como erguidos (por no decir enclavados) sobre el mismo bloque.
El fascismo italiano le cantaba al futuro, el nacionalsocialismo alemán colocaba la piedra fundacional para un "auge" de 1.000 años de futuro en el "presente". Y sin olvidar las prometidas maravillas de una Revolución Rusa que siguió acabando y perfeccionando la obra de 1.000 años de servidumbre.
Todo ello sucedía al unísono a principios del siglo XX. Cambian los escenarios, cambian los actores, pero no cambia la obra.
(lacl)




No hay comentarios.:
Publicar un comentario