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Me parece que es menester reproducir estos esbozos, uno es del 7 de enero del presente año y el otro el 6 de diciembre del pasado año. Me parece necesaria la actitud de deslindarse de los extremismos y de los malabares de quienes pretenden explicarnos el país donde vivimos desde la primera luz que se asomara a nuestros ojos.
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A) 7 DE ENERO DE 2026. SOBRE ENGAÑO Y DESENGAÑO...
Hay que salir del engaño, que es el desengaño el que nos educa. Realmente, los venezolanos no le interesamos a nadie fuera de Venezuela, salvo contadas excepciones. Le interesamos a los venezolanos que viven fuera de su tierra natal, tal como les interesa, a los venezolanos de la diáspora, las vidas y enlaces que acá tuvieron que dejar atrás. También somos interés de los amigos con quienes por, alguna afinidad, hemos establecido afectuosa relación.
Pero hasta allí.
Somos una ficha en el tablero, un garabato en el mapa. Y en este preciso minutero del siglo XXI, hemos pasado a ser Conejillos de Indias.
Interesan nuestras riquezas, el oro negro, el oro 24k, el uranio, el titanio, el coltán y quién sabe cuántas otras tierras raras, el hierro, el asfalto, las aguas, la flora, la fauna, y en un futuro no muy lejano quizás, las tierras cultivables.
Pongamos un caso. A la República de El Salvador no le importó recibir ciudadanos con etiqueta de malnacidos y delincuentes, sin ninguna fórmula de juicio, ya venían etiquetados así. Ese suceso fue un procedimiento viciado más, pero no, no señor, a mister Bukele le pareció muy bien todo ello, y trataron a los reos como escoria, vulnerando derechos humanos como en cualquier otra esquina del orbe, sin excepciones. Luego se comprobó que había gente inocente y sin prontuario delictivo entre los reos.
Parece ser que Jack Torrance es el arquetipo ideal de "ser humano", de esos a los que, a veces, se les pasa un poquito la mano...
Ojalá que no nazcan apetitos por la belleza y que el sentido del gusto siga atrofiado, como está, en otros confines del mundo, pues ése es otro de los agraciados atributos de esta Tierra De Gracia que pueden convertirse en males. Esta tierra es hermosa de nacimiento.
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B) NOTA BENE: ESCRITO EL 6 DE DICIEMBRE DE 2025. Unas apreciaciones en torno a la comparación de la "realidad venezolana" (sic) con la también avasallada nación de Nigeria.
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No quiero meterme en camisa de once varas, porque no conozco bien cuál es el mar de fondo en lo que concierne a Nigeria. Y, desafortunadamente, la situación en que vivimos aquí, donde estoy plantado, no me permite invertir tiempo en cosas que no sean cómo resolver nuestra mísera "realidad venezolana". Los intereses de Trump son los intereses de Trump. Es público y notorio, y de todos conocido, cuáles son sus metas, eternizar el imperio del tío sam como si se tratara del cuarto Reich, la preeminencia del business, la avidez por las tierras raras, un largo etcétera pecuniario, y al final del etcétera, una quijada muy alzada, por encima de todo el mundo, mirando con desprecio hacia abajo, a las pobres pulgas que conviven en tierras bajas, según su criterio. A Trump no le interesa Venezuela como no le interesa ninguna otra cosa que su perfumado ego.
De su sociopatía no creo que haya necesidad de agregar mayor cosa.
Pero la frase "Realidad Venezolana" que más luce como un cliché que como una frase, llama poderosamente mi atención. Y es que no tiene que ver una cosa con la otra. Lo que están haciendo con las lanchas es un atentado contra la humanidad, no el atentado contra un estado, puesto que aquí no hay estado como tal, con división y autonomía de poderes autónomos y respeto a los derechos civiles, pues todo ello
fue secuestrado hace más de dos décadas y parece que nadie se ha enterado en ninguna parte del mundo, aunque el secuestro se hizo de manera televisada y en vivo desde lo que era el congreso nacional de nuestro país y al que ahora se le llama asamblea. El secuestro fue practicado por un dedito, ese dedito señalaba quién era el nuevo fiscal general de turno, quién era el nuevo presidente de la corte suprema, quién era el nuevo contralor de la nación, y así sucesivamente hasta que se completó el golpe seco televisado. Y todo el mundo feliz y aplaudiendo como focas. Sin comprender que les estaban robando el país. Cuando me refiero a la realidad vivida es por hacer hincapié a asuntos como el de, por ejemplo, la enorme cantidad de ciudadanos que han dejado su sangre en las calles, inocentemente asesinados por una metra de vidrio que casualmente volaba por los aires, una bomba lacrimógena accidentalmente disparada a quemarropa, muertes y muertes una tras otra en condiciones como las descritas,
cuando no bajo la ley del plomo del bueno. Al mencionar esto algo me hace recordar aquella muerte de dos soldados que estaban castigados en una celda. ¿Por qué estaban castigados? no lo sé, acaso no lo sabremos nunca. Pero lo que nunca olvidaremos es cómo murieron: a fuego de lanzallamas mientras estaban cumpliendo su castigo. Eso sí que es una realidad, llámese venezolana o la realidad de tucusiapón, es la realidad de unos orcos pestilentes a m*****.
Todo el mundo se queja hoy de la corrupción, del robo que hizo este o aquel otro funcionario público, sea que perteneciera al gobierno de facto o al gobierno de oposición en el exilio, que también cometió, entre delicateses y declaraciones en defensa de los derechos civiles, unas cuantas fechorías y corruptelas. Pero la sangre derramada, ¿quién la recuerda? Parece que no fuera parte de la realidad y ahí es donde a mi juicio radica el exabrupto, el dislate, la injusticia de la incomprensión. El ser humano ha olvidado lo que es ponerse en los zapatos del otro.


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