© lacl
De una breve entrevista en El Universal
Sigo recogiendo algunos textos de antaño, para compensar en la medida de lo posible, tanto desafuero que se vive en el mundo exterior.
Salud, lacl
***
Mientas dure
A Juan Sánchez Peláez
A Chacho Cabrera
¿Por qué no soy yo el hijo de un Sioux que, de cuclillas,
soporta impávido las inclemencias del sol
en medio de la aridez de una tierra olvidada,
al margen de una estación de trenes,
o por qué no soy el Yanomami que duerme
sobre un trozo de cartón a la entrada de un centro comercial,
mientras su concubina ofrece sus collares?
¿Por qué no estoy talando árboles obedientemente
o desarmando carros entre refunfuños?
¿Por cuál capricho del destino se dictaminó
que yo no calzara los zapatos
de un inmigrante italiano que vende
la salvación de puerta en puerta?
¿Y quién me legó, además, este arte histriónico
que me permite fingir, ser uno más de la fila?
¿Quién decidió que esté rodando siempre sin meta,
sin querer jamás vestir la camiseta del líder?
¿Quién ha estado girando la rueda de la fortuna?
¿Qué golpe del azar concluyó
que yo no fuera un ángel
o una vieja de sexo desdentado que vende revistas obscenas,
o una breve Ave del Paraíso,
o un pequeño facineroso de la calle?
¿Quién, como un Atlas, está haciendo el gasto
por sostener las murallas de este
inmenso laberinto pavloviano?
¿Y por qué no puede estar la Pavlova bailando
sobre la almohada de mi pecho?
Al menos, tengo la luna.
Estoy vivo y, a veces, tengo la luna.
Que así sea mientras dure.
Salud!
lacl
04 de Mayo, 2009
(Este texto fue publicado en la antología Voces nuevas, editado por el Centro Latinoamericana Rómulo Gallegos, de cuyo taller de poesía fui uno de los participantes entre 1998 y 1999)
A Juan Sánchez Peláez
A Chacho Cabrera
¿Por qué no soy yo el hijo de un Sioux que, de cuclillas,
soporta impávido las inclemencias del sol
en medio de la aridez de una tierra olvidada,
al margen de una estación de trenes,
o por qué no soy el Yanomami que duerme
sobre un trozo de cartón a la entrada de un centro comercial,
mientras su concubina ofrece sus collares?
¿Por qué no estoy talando árboles obedientemente
o desarmando carros entre refunfuños?
¿Por cuál capricho del destino se dictaminó
que yo no calzara los zapatos
de un inmigrante italiano que vende
la salvación de puerta en puerta?
¿Y quién me legó, además, este arte histriónico
que me permite fingir, ser uno más de la fila?
¿Quién decidió que esté rodando siempre sin meta,
sin querer jamás vestir la camiseta del líder?
¿Quién ha estado girando la rueda de la fortuna?
¿Qué golpe del azar concluyó
que yo no fuera un ángel
o una vieja de sexo desdentado que vende revistas obscenas,
o una breve Ave del Paraíso,
o un pequeño facineroso de la calle?
¿Quién, como un Atlas, está haciendo el gasto
por sostener las murallas de este
inmenso laberinto pavloviano?
¿Y por qué no puede estar la Pavlova bailando
sobre la almohada de mi pecho?
Al menos, tengo la luna.
Estoy vivo y, a veces, tengo la luna.
Que así sea mientras dure.
Salud!
lacl
04 de Mayo, 2009
(Este texto fue publicado en la antología Voces nuevas, editado por el Centro Latinoamericana Rómulo Gallegos, de cuyo taller de poesía fui uno de los participantes entre 1998 y 1999)
UN CANTO PARA SELENE
Lou Armstrong
© [Luis Alejandro Contreras Loynaz/LetrasContraLetras - contracorrientes]. Todos los derechos reservados. Fecha de creación del blog: 2007. ©


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