© lacl
¿No has sentido, vivido o padecido,
alguna vez en tu vida,
ese estremecimiento que es
como volver al punto cero
de la experiencia?
¿Encontrarte de pronto
en una esquina de la ciudad
ante un semáforo
migrando del rojo al verde
entre destellos de amarillo,
sin saber cuál es el derrotero
de tu encrucijada
o el camino que has de tomar,
como si acabaras de empezar tu vida
por obra y gracia
de un golpe de dados?
Es como si regresaras
a la laguna oscura
del día de tu nacimiento,
volver al espacio en que te abres
a una experiencia inusitada:
estar en un sitio
sin saber por qué estás allí,
sin causa aparente,
sin minuto anterior
y con la incertidumbre de un por qué
hay golpes en la vida,
como dijera alguna vez un poeta
Porque sí,
porque hay golpes en la vida
que no se absorben ni se asimilan,
pues han dado un paso más allá del dolor
Es el trauma de lo que era y no es
o de lo que no era y ahora tampoco es,
y son raptus, instantes, acaecimientos
que nominamos
"esto"
o
"aquello"
fijándolos sobre un milimétrico segundo
o colocándoles, como un retrato,
en el marco de un fondo
que llamamos tiempo...
No nos caben entre las manos, no,
y es tan honda la incertidumbre
que no hayas cómo acunar la angustia
y mecerla como se mece a un niño
luego de que ya ha pasado por ese embudo
y ha tenido que convivir con el enigma
lacl, 2 de marzo de 2026, entre la hora del pulmón y la del amanecer...






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