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Uno camina cuando escucha.
Un trino mañanero del ave que se atreve a protestarle a la llovizna pertinaz, en tanto que el revoloteo de unas alas, más allá de las ventanas cerradas por el frío, develan la partida de un ave de rapiña.
El pensamiento tiene esa habilidad, la de acoger el mundo que le rodea, para filtrarlo como agua que trasvasa una tinaja.
Pero no se queda allí, estático o inmóvil, no. Porque el pensamiento liado va a la palpitación. Porque el pensamiento vibra aliado a una variopinta y acaso infinita entonación.
Imagina y siente lo que sucede en la montaña, en la calle o en las alas de un ave, mientras cavila un no siempre gozoso 2 más 2.
Pero no pierde la línea del sendero. Sigue sumando mientras vuela, su naturaleza es proteica y honestamente trata de no olvidarlo.
Porque él, Don Pensamiento, en el fondo sabe que uno camina cuando escucha. Y, las más de las veces, él, respetuoso, lo permite.
El pensamiento no se olvida de nosotros, somos nosotros quienes nos olvidamos del pensamiento y de que uno camina por senderos insospechados cuando escucha, sea el trino de un ave, un revoloteo de alas, la ascendente melodía de una voz humana o ¿por qué no? de una voz divina.
lacl, 29 de noviembre de 2025, amanece.



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