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viernes, 24 de agosto de 2018

Sobre la poesía, Reflexiones Sobre La Historia Universal, de Jacob Burckhardt. / “La cuádruple Siracusa”, charla de Antonio Alvar. / Renaissance Lute - John Dowland




Vamos con los otros fragmentos prometidos, un par de publicaciones atrás, cuando dejamos algunos segmentos recogidos por Don Alfonso Reyes en el prólogo a las Reflexiones de Burckhardt. Como dijera en esa ocasión, es un libro que no amerita de mayor presentación, gracias al memorable prólogo de Reyes y porque Burckhardt se ha ganado, con la fuerza de su expresión humanista, un lugar bien ganado, como pensador del devenir de la civilización humana. En esta ocasión dejamos los memorables párrafos de Burckhardt sobre el valor de la poesía para la vida humana, sobre cómo sirve ella de insustituible apunte para la memoria del hombre.  

Agregamos “La cuádruple Siracusa”, la muy amena charla de Antonio Alvar, del ciclo “Ciudades de la antigüedad mediterránea”. Otro de los maravillosos contenidos de la Fundación Juan March. En mis pesquisas sobre el memorable Arquímedes he dado con esta maravillosa disertación. 

Y luego agregamos un hermoso registro de música renacentista. 

Salud!
lacl



Reflexiones Sobre La Historia Universal, de Jacob Burckhardt. Fondo de Cultura Económica, México, 1948. Trad. Alfonso Reyes

4. Sobre la poesía (Pág. 116 y siguientes)

El conflicto de prelación entre la historia y la poesía ha sido definitivamente resuelto por Schopenhauer. (39) La poesía aporta más que la historia al conocimiento de lo que es la humanidad. Ya Aristóteles lo había dicho: “la poesía es algo más filosófico y más profundo que la historia”. La razón de esto está en que la capacidad a que responde la poesía es de por sí mucho más alta que la del mejor historiador, del mismo modo que la influencia que aquella está llamada a tener supera también con mucho a la que está llamada a tener la historia.

Además, la historia tiene en la poesía una de sus fuentes más importantes y una de las más puras y más hermosas.

La historia tiene que agradecerle a la poesía, en primer lugar, el conocimiento de lo que es la humanidad en general y, en segundo lugar, los ricos elementos que le da para poder comprender las épocas y las naciones. La poesía es, para el historiador, la imagen de lo que en cada momento hay de eterno en los pueblos, visto en todos sus aspectos; imagen que es no pocas veces lo único que se conserva y lo que en mejor estado llega a nosotros.

Examinemos en primer término la poesía fijándonos en la posición exterior que ocupa en las distintas épocas, en los distintos pueblos y en las distintas capas sociales, desde estos dos puntos de vista: ¿quién canta o escribe y para quién? ¿Cuál es su materia y cuál es su espíritu?

La poesía como órgano de la religión.

La poesía reviste, en primer lugar, una importancia suma como órgano de la religión. Los himnos no sólo glorifican a los dioses, sino que indican un determinado grado del culto, un determinado nivel del sacerdocio, lo mismo los himnos de los arios en el Indus que los salmos, los himnos de los antiguos cristianos y de la Edad Media o los cánticos religiosos de los protestantes, considerados principalmente como supremo testimonio religioso del siglo xvii.

Una de las manifestaciones más libres y más importantes de todo el Oriente antiguo es el profeta hebreo y su exhortación teocrático-política.

El teogónico griego (Hesíodo) representa el momento en que la nación reclama y obtiene una síntesis de sus mitos inmensamente ricos.
La Voluspa (palabras de la vole, o sea revelación del oráculo de la pitonisa) constituye un formidable testimonio del canto mitológico de los escandinavos, que comprende, además de los otros mitos, el del fin del mundo y el del nacimiento de una nueva tierra. También son extraordinariamente ricos en mitos, en figuras y en una nomenclatura interminable los cantos mitológicos posteriores. La imagen del mundo terrenal y superterrenal, mezclado a su vez con elementos teogónicos, aparece reflejado en la más peculiar de las fantasías; (40) el tono es intencionadamente enigmático, es el auténtico tono de tos visionarios.

Luego vienen la epopeya y sus cantores. La epopeya suple a toda la historia y a una buena parte de la revelación como manifestación de vida nacional y testimonio de primer rango de la necesidad y capacidad de un pueblo para contemplarse y expresarse a sí mismo típicamente. Los cantores en quienes vive en el más alto grado esta capacidad, son grandes hombres.

El valor de la epopeya cambia radicalmente a partir del momento en que la época empieza a ser literaria, en que la poesía se convierte en un género literario y en que lo que antes era recitación popular se toma lección de cátedra. Y, sobre todo, cuando se levanta el muro divisionario entre las gentes de alta cultura y los incultos. Hay que asombrarse extraordinariamente de que, con todo esto, Virgilio pudiese llegar a alcanzar un rango tan elevado, a dominar toda la posteridad y a convertirse en una figura mítica.

La línea de sucesión que va desde la vida del rapsoda épico hasta el novelista de nuestros días, es algo verdaderamente formidable.

La lírica

La Urica antigua se nos presenta en las más diversas actitudes ante el mundo: como lírica colectiva al servicio de las religiones, como arte sociable al servicio del simposio, luego (en Píndaro) como cantora de las victorias agonales y, coexistiendo con ésta, como lírica subjetiva (en los cólicos), hasta que al llegar a los alejandrinos la lírica se trueca en un género literario, nota que predomina también en la lírica y la elegía romanas.

En la Edad Media la lírica se convierte en una manifestación esencial de vida de la gran nobleza cosmopolita; los franceses del mediodía, los franceses del norte, los alemanes y los italianos, la manejan de manera semejante, y el modo como la lírica recorre los palacios constituye ya de por sí un hecho importantísimo en la historia de la cultura.

En los maestros cantores se acusa más tarde la tendencia a cultivar la poesía durante todo el tiempo que sea posible de un modo escolar y objetivo. Hasta que, por último, se opera — al lado de una poesía popular que sigue existiendo siempre y en la que lo objetivo se hace pasar en apariencia por lo subjetivo— la emancipación total de la lírica subjetiva en el sentido moderno, unida a la libertad diletantística de la forma y guardan- do una relación nueva con la música; entre los italianos esta modalidad se cultiva además artificiosamente bajo el cuidado de las academias.

Del drama es mejor que tratemos más adelante. El destino de la moderna poesía en general es su consciente relación histórico-literaria con la poesía de todos los tiempos y de todos los pueblos, frente a la cual aparece como una imitación o como un eco. Por lo que se refiere a los poetas, merecería la pena indudablemente estudiar la personalidad del poeta en el mundo y su enorme y distinta importancia desde Homero hasta nuestros días.

Materia y espíritu de la poesía: la épica.

Fijándonos ahora en la poesía con arreglo a su materia y a su espíritu, nos encontramos en primer término con el siguiente resultado: la poesía es, no pocas veces, la única forma de comunicación, razón por la cual puede hablarse incluso de una poesía no libre; es de por sí la historia más antigua, y los mitos de los pueblos llegan a nosotros casi siempre, todos ellos, en forma poética y como poesía; bajo su forma de poesía gnómica, didáctica, es asimismo el vehículo más antiguo de la ética, y en los himnos glorifica directamente la religión; finalmente, como lírica expresa directamente lo que los hombres de los distintos tiempos consideraron grande, digno, magnífico, espantoso.

Y ahora sobreviene la gran crisis dentro de la poesía: en los periodos primitivos la materia y la rigurosa forma necesaria aparecen estrechamente enlazadas; toda la poesía forma entonces una sola revelación religiosa-nacional; el espíritu de los pueblos parece hablamos directa y objetivamente, razón por la cual Herder ha podido caracterizar exactamente la posición de las canciones y las baladas populares con la frase de "voces de los pueblos en canciones"; el estilo aparece como algo dado, en que se mezclan inseparablemente el contenido y la forma.

Luego viene, en todos los pueblos de alta cultura cuya literatura ha llegado a nosotros con cierta integridad, al llegar a una cierta fase de evolución — entre los griegos podríamos decir que es Píndaro el que señala la línea divisoria—, el viraje de la poesía de lo necesario a lo caprichoso, de lo popular general a lo individual, de la escasez de tipos a lo infinitamente múltiple.

A partir de este momento los poetas son testimonios de su nación y de su tiempo en un sentido completamente distinto que antes; ya no revelan el espíritu objetivo de su época y de su pueblo, sino su propia subjetividad, la cual se presenta no pocas veces en la oposición; no obstante, constituyen testimonios de la historia de la cultura tan valiosos como los anteriores, aunque desde otro punto de vista.
Esto que decimos se revela principalmente en la libre opción y también, a veces, en la libre creación de la materia. Antes era más bien la materia la que elegía al poeta, el hierro atraía en cierto modo al hombre; ahora es a la inversa.

La infiltración de la leyenda de Arturo en toda la épica de la nobleza poética occidental tiene desde este punto de vista una gran importancia histórica, pues a su lado pasa relativamente a segundo plano y se sume en la oscuridad toda la antigua leyenda popular de los alemanes y la leyenda carolingia de los galos. Quedó el estilo, pero huyó del tema la distinta nacionalidad. Entre estas poesías del ciclo de Arturo surge el Parsifal alemán.

En adelante será uno de los testimonios más importantes de cada siglo, de cada nación, lo que los pueblos pidan que se lea, se recite o se cante.

El ciclo de las antiguas leyendas germánicas, el ciclo carolingio y el ciclo de Arturo pasaron por múltiples vicisitudes en la poesía y en la novela en prosa de franceses, alemanes e italianos; hasta cierto punto se mantuvo también, al lado de ellas, la leyenda y al mismo tiempo hay que registrar la aparición y a ratos el predominio de los fablianx, tales, chanzas y relatos, la difusión de las fábulas de animales, etc. El cuento adquiere una especial importancia para la historia de la cultura en el Oriente moderno. Finalmente, el ciclo carolingio presenta una elaboración estilística completamente nueva en los grandes italianos (Boyardo, Ariosto); aquí nos encontramos con la tendencia a seguir urdiendo la materia de un modo casi totalmente libre y bajo una forma clásica.

Luego la épica desemboca en la novela, lo que nos ayuda a caracterizar toda una época según el grado de su predominio, según su contenido y según el carácter del círculo de lectores. La novela es, esencialmente, la poesía destinada a la lectura individual. Es el único género con que se acumula el hambre cuantitativa de temas constantemente nuevos. Es tal vez la única forma en que la poesía puede acercarse a la gran masa de lectores a la que aspira, por ser la imagen más extensa de la vida con un enlace constante con la realidad, que es lo que hoy llamamos realismo. Con estas cualidades la novela encuentra incluso un público internacional de lectores; un país solo no basta para abastecer a lectores sobreexcitados. De aquí el intercambio (muy desigual ciertamente) de novelas que existe entre Francia, Alemania, Inglaterra y Norteamérica.


(39). El mundo como voluntad y como representación, t. i, pp, 288 ss.; t. ii, p. 499.

 (40) Recuérdese el Grimnismal y el Vafthrudnismal. En el segundo, Odin, que se hace pasar por Gangradr, y el gigante Vafthrudnir, se examinan mutuamente acerca de los misterios mitológicos y teogónicos. Por último, el gigante sabe que Odin le matará.








La cuádruple Siracusa

“La cuádruple Siracusa”, charla de Antonio Alvar, del ciclo “Ciudades de la antigüedad mediterránea”. 6 de febrero de 2018. Otro de los maravillosos contenidos de la Fundación Juan March.  En mis pesquisas sobre el memorable Arquímedes he dado con esta maravillosa disertación. 







Renaissance Lute - John Dowland 









Burckhardt


Reyes, traductor de Jacob Burckhardt 

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