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Largo ha sido el camino
Te encuentras aquí,
luego de una larga y
casi interminable
jornada
Un itinerario del
cual no recuerdas
cuál fue el punto de
partida
Tan largo ha sido
Pasaste cientos,
millares, millones,
quizás, de vicisitudes y avatares
en ese derrotero interminable
Innumerables fueron
los obstáculos, los sinsabores,
las zarzas y las pruebas
No tenía un sentido, para ti,
ese nomadismo impuesto
como un pesado trabajo,
sin aparente sentido
Tan inexplicable
como la simple
apuesta de haber
nacido sin saber
para qué y por qué
nacemos
Tantas hojas de sable
como tantas hojas de roble
Y tú, en tu vagavagar,
sin un preciso destino
por alcanzar tu destino,
en tu hollar y hollar
la senda
Pero, ¿fue eso un castigo?
¿Sentiste, alguna vez,
que fuera el precio a pagar
por un pecado?
No, tu errancia no fue
una pena impuesta.
Tus pasos, huella
estamparon sobre
cada hoja marchita
y en cada rosa
imprevista, sobre
cada montaña
inhalada, incluso
antes de erguirse
ante tu vista.
Pero has llegado
aquí, al fondo de la
calle ciega de tu
infancia, una
reliquia, un milagro,
que esa calle,
donde aprendiste a
mirar, fuera ciega
como una redoma
que hacía las veces
de un útero, una
calle ciega como un
destino, ciega
como un círculo,
ciega como el
abrazo de una
madre que te cubre
los ojos para que
duermas sereno,
porque cegueras
hay que abren los
ojos
Es noche
Noche oscura y cerrada
Has llegado al
punto de partida
A la hora silente del
pulmón
Te encuentras
arriba, en la
bocacalle de tu
infancia
Nadie a la vista
Acaso todos
duermen
Bajas.
En el punto ciego
de la calle, está el
bus esperando
Está encendido y ya
hay algunos
cuantos viajantes
sentados
Saludas al
conductor, quien
cordialmente te
dice: bienvenido,
pasa adelante,
toma asiento
Voy, como siempre
lo hice, a la última
fila y me siento al
lado de la ventana,
delante de mí ya
está sentado un
amigo al que no
conozco, pero que
es mi amigo de
toda la vida
Le doy un abrazo
desde el asiento
trasero, no es
necesario que se
incorpore, me toma
la mano como quien
se saluda con el
afecto de siempre
Antes de partir, voy
hacia la primera
fila, el conductor
me lo ha pedido,
y hago un recuento
de pasajeros,
contemplo cada
rostro, se observa
solaz en cada uno
de ellos, son los
mismos que ya
estaban sentados
cuando entrara
pero, no sé por qué
razón, son tres
veces más en
número
Cumplida mi labor
Vuelvo a mi asiento
Vuelvo a mi asiento
Vuelvo,
a mi asiento
lacl, 25 de agosto de 2026, hora del pulmón.
Canta Simone Kermes
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