Este año no tuvimos oportunidad de comenzar nuestras publicaciones con un mensaje de buena voluntad. Razones de sobra conocidas. Así que nos hemos tomado estos primeros días del año para reflexionar un poco sobre nuestro paso por este mundo humano, que más parece un sanatorio que una anhelada Arcadia. Ha cobrado tanto peso y protagonismo ese mundo humano, ese que nos empeñamos en llamar civilización, que ha terminado por silenciar o, al menos, por enviar a una zona de sigilo a ese infinito enigma, magnífico fenómeno, que es el cosmos que nos envuelve y del que somos, si acaso, una ínfima espora. He estado tomando algunas notas, pensando silencioso, y a veces conversando sobre nuestras incertidumbres, pero sin mucho ánimo para visitar plazas y mentideros. Revisando algunos viejos papeles, me topé con este conato de frases hilvanadas en el último lustro de milenio que, luego de escritas, intitulara LA NOCHE REPLEGADA. Acaso no me sorprendió que su asunto no fuera otro que el mismo que hoy, 25 años después, seguimos viendo como una pantalla de cine continuado. Bueno, para ser honestos, los años 90 o finales de milenio no fueron precisamente los más alegres y promisorios de nuestra Tierra de Gracia. Creo que esta tierra no ha sido tierra de excepción, aunque acaso sea oportuno acotar que lo acá padecido por los hijos de esta tierra durante los últimos 35 años ha sido un tubo de ensayo sumamente agitado. Ha sido, digámoslo así, uno de los polos donde el volcán del arrebato psíquico del ser humano ha estado en constante ebullición. En fin, dejemos acá aquellos rezos surgidos por la imperiosa impronta de ese mundo humano que no se cansa de vociferar.
Y alentemos en nuestro corazón la posibilidad de alcanzar una patria cuyo conocimiento haya arraigado en el suelo de todo corazón. Eso sí, un corazón que sienta, un corazón que pueda latir al unísono con el corazón de la Tierra y del Cosmos, un corazón que comience a golpear melodiosamente y en contrapunteo, el tímpano de la creación.
Salud, lacl
***
LA NOCHE REPLEGADA
¿ Cuántos asesinatos
inmisericordes he presenciado
en silenciosa complicidad ?
¿ Cuántas inmolaciones
no confesadas he de atribuirme ?
¿ Cuántos hijos sin padre ?
¿ Cuántos padres sin hijo ?
¿ Cuántas dobles acechanzas
en las insinuaciones del verbo ?
Buitres sobrevolando
hospitales,
cazadores furtivos
guareciéndose en los templos,
en tanto la noche palidece
sobre los lechos
La noche desfalleciente
abandonando la carne,
abandonando la sagrada bóveda
del cuerpo
La noche en retirada
Hemos quebrado las copas
No brindis
No homenaje
No invocación
No expiación
No salutación
No contrición
No vida
No muerte
No, siquiera, limbo
Sólo el deportivo concurso de la usura
Usura del sentimiento,
del espíritu,
de la carne
lacl. Inédito. Forma parte de mi viejo cuaderno "Toma luz, toda la noche", escritos durante el último lustro de milenio, aproximadamente entre 1995 y 2000.
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