Vistas a la página totales

miércoles, 17 de agosto de 2016

Algunas consideraciones sobre artes serviles, artes non serviles y la vida anímica.



A Mario Amengual

Millones de personas en el mundo no tienen tiempo ni para verse en el espejo, mucho menos lo tienen para ver las caras de quienes les rodean, ni para pensar, menos presentir, en o sobre la manera en que viven otros seres sus vidas. Pero ese tiempo no les ha sido escamoteado por terceros. Somos los seres humanos quienes nos robamos a nosotros mismos el tiempo vital. Somos los seres humanos quienes, en nuestra loca carrera por la subsistencia, cruzamos la vida como unos correcaminos... Lo que importa no es el dinero. No negaremos que tenga importancia el beneficio que se obtiene del laborar, pero cuando el laborar se cumple sin el co-laborar, entonces, la gente no le encuentra el valor a los frutos que obtiene de todo lo que siembra... 

Las artes serviles no dan placer si la persona no ha encontrado la alegría que confiere el servir a otro ser humano. Eso lo comprende el ser humilde, aquel que no ha borrado de su memoria interior el aroma del humus, y que dichoso sirve a quien se le acerque. Esa vida ha sido, es y será espiritualmente más sosegada que la del ser humano que antepone los resultados de todo esfuerzo a la natural relación humana. La vida de quien no posee riquezas materiales, pero que aun así sabe y gusta servir a otros desprendidamente, ha sido, es y será más plena que la de quien nunca tuvo ojos y oídos para los pulsos sensibles que la vida derrocha por doquier a su alrededor. Eso sí, todo ser humano tiene derecho a despertar... Incluso aquel que ha sido un esclavo del hacer y jamás se ha permitido ser. 

Y unas palabras más deseo agregar en torno al quehacer servil y el non servil. Acaso nos demos con extremada facilidad a creer que no todo mundo nace tocado con la suficiente cualidad sensible como para poder vivir su propia vida sumida en el canto de la creatividad. Y piensa que el artista que logra vivir de sus artes es un ser privilegiado. Y ello llega a transformarse en una justificación. La justificación de toda negación, la justificación de la entrega a una vida sumida en actividades serviles cuyo único soporte y defensa sea la de entregar cientos, miles de horas y horas de nuestras vidas a un tercero, con el objeto de poder obtener a cambio ese mefistofélico invento que unos muy doctos taxidermistas dieron en denominar como dinero. Todo esto bajo la condición de que se olvide uno de las preguntas y anhelos esenciales que son connaturales a la vida del espíritu. Pero es que no hay dinero suficiente que sirva para justificar la pérdida del alma. Y lo digo a estas alturas de la historia, cuando se hace tarea de Sísifo el intentar cambiar un statu quo según el cual a la gente se le valora por la mayor o menor cantidad de monedas que haya logrado arrebatarle al resto de la humanidad. 

Nadie va a decir que el hombre deba detener su marcha y que no salga al campo o a las calles para buscar el pan. Todos los seres humanos tenemos, en algún momento, que cruzarnos con las artes serviles, bien como servidores, bien como servidos; todos tenemos en algún momento que mancharnos las manos, pero mancharnos las manos, para servir honradamente, no es ensuciarse ni el alma ni el cuerpo. Si sabemos lo que es servir abnegadamente al prójimo en cualquier actividad laboriosa, incluso a costa de un magro salario, tendremos mejores herramientas para saber lo que es nuestro tiempo non servil, aquella zona horaria del espíritu que no puede ser mancillada por nada ni nadie, pues es el jardín en el que se despliega nuestra vida interior. 

Y al llegar a casa o quizás en el camino, en ese momento en el que te detienes para contemplar cualquier escena en una plaza, un ser y un hacer non servil, incluso un no hacer, se estará desplegando en nuestro fuero interior. Y tendrás tiempo y, sobre todo, la expectativa del goce de poder mirar al cielo en la noche y conversar con las estrellas. Acaso sean ellas quienes te inquieran, ellas quienes te pidan una palabra. Y tú, sin razones aparentes podrás de pronto mascullar: salve, gracia, perplejidad, misterio. Y ese es un hallazgo que nunca tendrá precio.

Luis Alejandro Contreras.  





Nota: Las caricaturas son obra del gran escritor Franz Kafka. 





https://www.youtube.com/watch?v=510Iln-rGgU

2 comentarios:

Elena Larruy dijo...

Apreciado Luis, comparto tus pensamientos y te felicito por la excelente exposición de esta y otras entradas, acabo de llegar a tu Blog por primera vez. Gracias también por ser el referente de una aprendiz de casi todo. Te mando un abrazo mediterráneo desde Barcelona.
Elena

Contracorriente dijo...

Disculpa, Elena, pues no había leído tu comentario. No soy muy buen administrador de mi propio blog. Pero aquí vengo a dejarte mis más rendidas gracias. Lo bueno de esta virtualidad de las redes es que permiten un mundo un tanto más abierto en lo que toca a compartir todo libre albedrío. Un abrazo y gracias por la visita, la puerta está abierta.
Salud!