lunes, 8 de agosto de 2016

Bachaqueo, una palabra tan fea como la costumbre que denota.




Palabras en respuesta a mi amigo Marco Antonio Gonzales, quien me preguntara, desde México, lo que significa en nuestra tierra el bachaqueo.
lacl
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Venezuela, querido Marco Antonio, se ha transformado en un inmenso hospital, en el que tanto doctores como enfermos padecen de una misma enfermedad: llana locura, enfermedad del alma, psique trastocada. En ese hospital no se encuentra cura para mal alguno, no hay medicinas, no hay sanación; es un teatrino, apenas un remedo de lazareto en el que el individuo ha de ser recluido a la fuerza y a condición de que acepte que padece la misma enfermedad que señorea entre ya hipnotizadas multitudes.  Lo regenta el Dr Caligari.

Da vergüenza, dolor y arrebato el contemplar cómo se prestan las muchedumbres para hacer kafkianas filas ante las puertas de los mercados y abastecerse de lo que sea. Pero lo más vergonzante, aquello sobre lo que mi desprecio se empina y escupe su total rechazo, es que entre esas muchedumbres palpite la semilla de la humana corrupción.  Pues se ha hecho negocio comerciar con la miseria; se ha hecho lucrativo especular con una escasez que ha tendido sobre la mesa de la nación una minoría gobernante, con la única misión de avasallar, de por vida, a quienes no considera más que como clanes y clones de abejas esclavas, abejas soldado y abejas trabajadoras; seres que no tengan voz, seres que renuncien a su condición de gentes, gentes que al auto silenciarse, desde dentro, acepten su merma y desvalorización como seres humanos; seres enajenados que lleguen a sentirse cómodos al enrolarse en una suerte de maquinaria ideada exclusivamente para triturar lo humano.

Muchos de quienes se alistan en esas interminables filas, sólo lo hacen porque van a obtener productos esenciales para la cesta familiar, que luego venden a un precio que les genera una renta absurda y abusiva. Y ese dinero que obtienen de tan malhadada intermediación económica, ese botín -no le podemos llamar de otra manera- del que se hacen al medrar con el hambre y las necesidades del vecino -mientras apuntalan a la opresora minoría-, se transforma en ceniza, no sólo porque la hiperinflación se lo coma todo, como el imperio de las tinieblas en “La historia sin fin”, sino porque esas almas están muertas y siguen al cuerpo en su mortaja. Llevan la ceniza en la frente y son féretros ambulantes.

No sé qué pueda servir de acicate para que, como Lázaro, esas almas se rediman y vuelvan a la vida. La verdad, no lo sé, pero yo, sin ser devoto ni templario, oro en todo momento para que en todos nosotros baje o se revele una iluminación.  Y se hace imperiosa una expiación.

Un abrazo.
LA


Notas.-

1. En el diccionario de la RAE es definida la palabra "bachaco" de la siguiente manera.
 
bachaco, ca

1. adj. coloq. Ven. Dicho del cabello: Muy ensortijado y rojizo.

2. adj. coloq. Ven. Dicho de una persona: Que tiene el cabello bachaco.
3. m. Ven. Hormiga grande y voraz de los formícidos, de color rojizo y a veces negro según la especie.

2. No todas las personas que hacen esas largas colas para obtener alimentos, bienes y enseres son bachaqueros. Es imposible determinar la cantidad de personas que se dedican a esta nueva suerte de mercadeo expoliador, pero la cifra es alta, muy alta.

La primera foto es nuestra; las restantes han sido tomadas de la red. 
 

 




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