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miércoles, 1 de octubre de 2014

El sentido poético, Mario Amengual

© lacl 
El sentido poético
Mario Amengual
I
Aún prevalece la creencia de que la poesía es el arte de escribir versos. A ello contribuye, en buena parte, la usual arrogancia de quienes se dan a la tarea de escribirlos. Consideran de su exclusivo patrimonio la “república de la poesía”. El vulgo, por lo demás, le guarda reverencia al que, con o sin rima, florea sus palabras; y a los que escriben adrede arrítmica y herméticamente, muy a su pesar, también los considera poetas.
Lo cierto es que la poesía queda limitada a la palabra, sobre todo a la impresa. Como sólo en las palabras vive la poesía, entonces se impone un dogma: no hay poesía sin libros.
De vez en cuando se habla de actitudes poéticas. Es el caso de algunos bohemios, gente desprendida, poco afecta a los bienes materiales y, supuestamente, menos agobiada por los prejuicios comunes. “Fulano es poeta porque bebe y conversa hasta el amanecer y duerme donde lo agarre el sueño”.
Creo que la poesía, para bien de algunos descaminados, muchas veces se presenta en los poemas. ¿Quién se atreve a negar su presencia en la portentosa voz de Walt Whitman, en la travesía infernal de Arthur Rimbaud, en la vieja sabiduría del Tao Te King, en las sentidas coplas de Jorge Manrique, en las conversaciones de Hölderlin con los dioses? Pero me parece que la poesía es más que una de las artes y es más que palabras, aunque a veces sólo ellas la reivindican.
Lautreamont afirmó para siempre que la poesía debe ser hecha por todos. Y vale agregar: si no hecha por todos, al menos vivida por muchos. Creo en una fuerza, don o privilegio del ser humano, y como me veo forzado a darle un nombre, lo llamaré “sentido poético”. No es un concepto, no es un fenómeno constatable en un laboratorio, no es una deducción después de largos análisis, no es una cualidad  física ni un punto determinado del cuerpo humano, no es algo explicable ni que requiere convertirse en materia de estudio. Pese a nuestro empeño en parcelar el conocimiento y ponderar el que se basa en el método científico, el sentido poético es la principal forma de conocimiento; aún más, es el saber los saberes.
Nadie en este mundo, sea cual fuere su profesión u oficio, dará pasos ciertos si el sentido poético no lo acompaña. Sin él, la humanidad puede concebir maravillosas obras, pero ellas jamás exhalarán ese aliento que hace enmudecer con reverencia. El sentido poético es la única genialidad común en nuestra especie. Quien, de pronto, se halla invadido de sentido poético, comprende y reconoce su justo lugar en el mundo y no contraviene los misteriosos designios del Ser; sabe sin elucubraciones, habla sin pretensiones de imponer criterios, actúa sin querer dominar, toca sin querer conquistar.
Sin sentido poético, las ciencias, la tecnología, la política, las religiones, las artes, los oficios, todo el mundo humano se restringe a meras fórmulas, a inflexiones de la pura apariencia. Sin sentido poético, la realidad humana es apenas la deplorable sucesión de luchas por tener, destruir y avasallar. Por eso, en estos días de exaltadas confusiones y alteraciones, de renovadas ansias de encontrar un destino seguro (¿acaso el destino puede y debe ser seguro?), ahora, cuando todas las formas de política, convivencia y conocimiento son esencialmente cuestionables y marginalmente cuestionadas, el hallazgo del preterido sentido poético es, tal vez, la única manera de conjugar nuestros aciertos  y nuestros desatinos. Recobrar el sentido poético no sería, me atrevo a decir, alcanzar la esperada redención, porque no estamos ni al principio ni al final de la Historia. Vivimos un episodio de ella, tan estremecedor como cualquier otro, pero una vez más estamos en el punto de sentirnos humanos a cabalidad, para saber, con cordial certidumbre, que somos más de lo que creemos y menos de lo que pensamos.

II

Por más que algunos entendidos, a los que se ha convenido en llamárseles futurólogos, celebren el fin de la masificación y el comienzo de una época de extraordinaria diversidad, basada en los últimos prodigios de la tecnología, hay quienes seguimos viendo en el mundo esa uniformidad que tanto alarmó a Stefan Zweig. No dudo que hoy, más que nunca, el ser humano dispone de una inmensa variedad de artificios que consagran su condición de "animal racional”.
Depende como se vea. Nuestra capacidad inventiva sirve, generalmente, al afán de poder y lucro, al mero placer de la rivalidad. ¿No está  visto que la misma ciencia, negando sus fronteras, se empeña en dominar la naturaleza, dando por sentado que su manipulador está  al margen de ella? Hay, visto así, monotonía de las intenciones humanas, cualesquiera sean sus métodos y sus formas.
Es en este punto donde creo que la poesía puede cumplir una función, inusitada en la Historia. Le corresponde a la poesía ser contraste, porque en su terreno se descubre que el éxito y el fracaso son antípodas de una misma trampa; le corresponde ser contraste por lo que diga y por lo que calle, por el reconocimiento, sin disfraces, de nuestras limitaciones. En toda esta novela a trancos, a la poesía le corresponde ser la mala conciencia de la época. Después de todo, el mundo no está  esperando que los poetas salgan al foro entre luces de colores.
Si antes el mapa estaba dividido en dos bloques y “las mejores inteligencias” se ubicaban de uno u otro lado para defender el suyo y despotricar del otro, ahora (pese a algunas deplorables parodias) poco asusta el espantajo del comunismo. Y aunque muchos fanatismos están más vivos que nunca,  quizás ha ganado el buen discernimiento para quienes perciben la falsedad de los dilemas. Y allí aparece nuevamente la poesía (o el sentido poético) en plena disposición para quienes estamos hartos de iglesias e ideologías.
¿No parece obvio que el libre mercado y la libre competencia entre los individuos y entre las naciones (o corporaciones) se consolidan como justificación de peores avasallamientos y expoliaciones? Al menos yo no estoy convencido de las bondades de la sociedad actual: pienso y siento que le falta espíritu, alma y corazón. Insisto en la modesta y acallada combatividad de la poesía, en el sereno y sosegado saber que no es la desesperación por conocer o poseer información.
Es tarea ardua, sin prescripciones ni fórmulas, pero al poeta, no su disfraz o estereotipo (y puede trajearse como mejor le parezca), ha de ser el protagonista del contraste. No para envanecerse o arrogarse privilegios; de esa manera sólo sirve a la causa de su propio ego. Es otra su tarea: tal vez novísima y necesaria. No será dando golpes de martillo o de sable, ni resguardando los bienes de la cultura en una isla lejana, como quiso alguna vez Valéry. No se trata, según veo, de un cambio de escenario o de una convulsión estética; me refiero a un sustento menos ampuloso y elaborado. Comenzaría, por ejemplo, con un verso de Goethe: “para asombrarme existo”;  o con una declaración del mismo Goethe: “lo más alto a que puede llegar el hombre es el asombro”; o con este verso de Pavese: “estoy vivo y he sorprendido en el alba a las estrellas”;  o como en el Ars poética de Cadenas: “que cada palabra lleve lo que dice, que sea como el temblor que la sostiene”; o con el sabor de la existencia en la comisura de los labios.
En una sociedad que presume de amplitud y diversidad de pensamiento, pero que a simple vista muestra su uniformidad de conductas y pareceres, sólo la poesía puede devolvernos el asombroso milagro de la cotidianidad y librarnos de esa insensibilidad triunfante que todo lo encuentra evidente, comprensible por sí mismo.
Con el asombro como aliento y el vivir como propósito fundamental, el poeta (no su parodia) se halla casi obligado a buscar puesto en la sociedad. Si ha de escribir, que sea como Don Quijote le dijo al Caballero del Verde Gabán: “la pluma es lengua del alma; cuales fueren los conceptos que en ella se engendraren, tales serán sus escritos”.

La foto de Mario y un servidor, corresponde a la ocasión (Noviembre de 2013) en que presentáramos algunos títulos juntos, en la Librería El Buscón, con el sello BID&CO Editor, de Bernardo Infante, con palabras introductorias de Sael Ibañez y presentación de Rafael Cadenas, todo un honor para nosotros. Agregamos otra panorámica de esa noche y, debajo, una galería de autores o textos convocados. 



GALERÍA DE CONVOCADOS
















© [Luis Alejandro Contreras Loynaz/LetrasContraLetras - contracorrientes]. Todos los derechos reservados. Fecha de creación del blog: 2007. ©

lunes, 22 de septiembre de 2014

Una voraz inadvertencia... Una canción / Modigliani / Cartier-Bresson, vistas. / TOM WAITS - BLUE VALENTINE / SOMEWHERE Melodía imprescindible...

© lacl 

u

                                                                             (Una canción)


Una duda de amor
es una duda de vida.
Y es una rosa negra
prendida en el ojal
de una canción perdida.

Ella se canta a sí misma
entre los rizos de una insondable
y palpable cabellera
que el viento peina cada vez
que acaricia las aguas
de los mares y los ríos,
las enramadas solitarias,
las faldas de una mujer absorta
que espera un autobús,
o la voraz inadvertencia
que mira por nosotros.


Una duda de amor
es una duda de vida.
Y es una rosa negra
prendida en el ojal
de una canción perdida.

Ella se canta a sí misma
entre los rizos de una insondable
y palpable cabellera
que el viento peina cada vez
que acaricia las aguas
de los mares y los ríos,
las enramadas solitarias,
las faldas de una mujer absorta
que espera un autobús,
o la voraz inadvertencia
que mira por nosotros 

.
(Cuadernario, Común Presencia editores, Coleccion Los Conjurados,Bogotá 2007)
El cuadro es de Modigliani y las fotos de Cartier-Bresson
.



CARTIER-BRESSON










Galería de Orfeo: Tom Waits - Blue Valentine 1978.
Nota no tengo ningún interés comercial al difundir este trabajo del admirado cantautor Tom Waits. 






***

TOM WAITS SOMEWHERE

Melodía imprescindible...

https://www.youtube.com/watch?v=taeFKIKfnZU


Theres a place for us
Somewhere a place for us
Peace and quiet and open air
Wait for us somewhere

There's a time for us
Someday a time for us
Time together a time to spare
Time to learn and time to care

Someday somewhere
We'll find a new way of living
We'll find a way of forgiving
Somewhere

Theres a place for us
A time and a place for us
Hold my hand and we're halfway there
Hold my hand and I'll take you there

Somehow someday somewhere



© [Luis Alejandro Contreras Loynaz/LetrasContraLetras - contracorrientes]. Todos los derechos reservados. Fecha de creación del blog: 2007. ©


jueves, 11 de septiembre de 2014

lacl, Otras contracorrientes, sentencias en incertidumbre… / Ryokan, poema. El ladrón la dejó atrás




Otras contracorrientes, sentencias en incertidumbre

Hay autores que se transforman en inquisidores de su propio decir… Si alguien les comenta algo, como por ejemplo, “esto que ha escrito tan bellamente me recuerda lo que dijera mi bisabuelo o un hermoso pasaje que leyera en una vieja tabla persa”, responden: “¡pues no! Esto no tiene nada que ver con persas ni con abuelos. Esto es absolutamente de mi autoría… Y me parece que usted intenta sugerir con sus palabras que algo hay oscuro en mi obra.” 

Y yo no entiendo que les mortifique el hecho de que un lector halle claves que enlazan voces ancestrales a las suyas. Lo que, en mi humilde opinión, debería alegrarles, les martiriza. Uno, lo digo con la más descarnada sinceridad, jamás debería enamorarse de aquellas cosas que ha escrito, por la sencilla razón de que nada es de uno. Hay que dejar de creer que es uno el que escribe. Uno es un instrumento del cielo, cuando mucho. Un recipiente, un testigo, un auditor. 

Y pienso que se agrega otra razón sencilla, pero de suficiente peso como para que todo autor intente deslastrarse de los fuegos fatuos de ese desmedido amor por la cosa propia: y es la razón sencilla de que ya prácticamente todo está dicho. Lo que hay son nuevas o diversas formas de decirlo.

(11 de Septiembre, 2014, amanecer... Reparo en la aciaga fecha luego de estamparla en el papel…)

Debajo, imagen de un manuscrito del Tao Te Ching, poema sapiencial que bien ensenha a no enamorarse de fuegos fatuos.




Ryokan poema

The thief left it behind
The moon
At the window

---

El ladrón la dejó atrás
La luna
En la ventana


Ryokan Monje zen


domingo, 7 de septiembre de 2014

Plenitud de derecho para un vocablo inexistente / Antonio Lauro: Valses venezolanos y otras composiciones

© lacl 

A Héctor Berenguer 

Hace meses me viene rondando una palabra inexistente (aunque ella hizo irrupción en el silencioso pensamiento de mi niñez). 

Es contristura. 

Y no existe porque lo que tenemos es el verbo contristar, no un sustantivo que enunciemos como "contristura". Tenemos “contristado”, pero nada que ver con los desasosiegos del alma que se me arrimaban más a un término que nunca supe de dónde vino, el referido “contristura”. Sin embargo siento plenitud de derecho en ese vocablo inexistente para el vulgo, pero muy vívido para un servidor. Y presiento que esa voz tiene derecho a respirar por el mero hecho de que el verbo contristar se ha transformado en una cosa, en un objeto, o mejor, en un estado de las cosas que navegan en el alma. Y aunque tal verbo es de poco uso hoy en día, no es palabra arcaica. Puede muy bien usarse, de sol a sol y en cualquier contexto, para significar los reveses que el ser humano acarrea sobre su propia humanidad. 

Yo tengo ese verbo muy presente gracias (una vez más) al buen hablar de mi padre, que entonaba unas palabras que yo no le escuchaba a nadie más, a no ser -muy esporádicamente- en alguna persona mayor, como lo fueran mi tíos Rafael Melo, Martín Matos, Antonio Lauro u Oscar Loynaz o algún viejo amigo suyo, como el poeta José Parra, entre otros. La otra alternativa se me presentaba al encontrar la extraña palabra en algún texto… Y entonces me decía: estaba en lo cierto mi padre, esa palabra anónima e inaudita para mis oídos, ya vivía antes de que yo se la escuchara en esas hermosas piezas de oratoria que eran sus salutaciones. 

Tengo un hermano celeste que siempre me ha dicho: “Yo no he conocido a nadie que brindara más y por cualquier razón que tu papá”... Y acaso ésa sea la causa de que yo siempre cierre mis esquelas con un agradecido ¡Salud!  Es gracias a Luis Amado. 

Hace pocos días, esto último que he dicho se vio refrendado en las palabras de una querida amiga de la infancia que nos encontramos en la calle. Ella me dijo: “Tu papá sí hablaba bonito. Siempre recuerdo esos momentos en que tomaba la palabra. Es que sus palabras le daban cauce a la emoción…” Y ese recuerdo suyo, esa manera de plasmarlo en una frase, me colmó de iluminación… Un abrazo para Marisol, por el tiempo recobrado. 


Y vuelvo, pues, a cerrar con una simple y desnuda palabra: ¡salud!

(esta tarde, al llegar a casa, 05 de Septiembre de 2014)





Galería de la vieja guardia...

Fotos: Mi padre, Luis Amado Contreras Quintero, el gran conversador. Marianella, mi hermana, primero con mi tío Rafael Melo, poeta, bohemio, librepensador y con mi tío Oscar Loynaz Sucre, acucioso escudriñador de la historia. Un abuelo de la cuadra: el poeta Jose Parra, gran conocedor de la cábala y alquimia. El sobre de una carta del tío Martín Matos Arreaza a mi tía María Luisa Contreras de Lauro. Y el tío Antonio Lauro disponiéndose a tocar con Natalia y Leonardo.




Antonio Lauro: Valses venezolanos y otras composiciones.




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sábado, 6 de septiembre de 2014

Oye tú, Mago, Luis Camilo Guevara, in vino veritas. / Para Luis Camilo, in vino veritas / San Miguel Trio Aquiles Baez y Betsayda Machado.

© lacl 


Más nunca nos pudimos volver a ver... Fuimos vecinos en El Bosque y muy sabrosas fueron nuestras conversas. Me preciaba de ser uno de los pocos en tener uno de los originales de sus "Festejos y sacrificios" y cuando fuimos a la casa para celebrarlo (mi inconfesada intención era leerle en voz alta algunos de sus versos), nos dimos cuenta de que un amigo de lo ajeno ya lo había hecho suyo...
Que su nave parta con auspicioso céfiro en su navegación de retorno a los orígenes...

lacl.

*******


Oye tú, Mago, las felicidades y las desdichas
son como un alboroto dentro del corazón
y cuando se hacen muy largas y muy cortas

ya no parecen sino pencas embrujadas
que se atraviesan a uno en los trovares del alma.

¿No ves
que estamos fallando y ya uno de nosotros
(el más nosotros)
anda extraviado
entre las malezas picoteadas de abril?

Resucítalo tú, en los celajes con tronos de lechuzas,
en los bejucales encendidos por donde pasa el río
de los amores de siempre.

Resucítalo, ahora,
cuando oficias en medio del asombro:
entre mujeres aladas, hechizos, pájaros realengos,
cuando estamos tocándote y esa gracia nos abre el cielo
de par en par.

Luis Camilo Guevara



La carátula del libro que un amigo de la poesía ajena se llevara de mi guarida... Está perdonado. 

******* 

Para Luis Camilo, in vino veritas.


Sueño que el sueño sopla delicias dispersas,
agitando las límpidas telas de un fugaz pensamiento
Mi cuerpo se arrulla sobre incansables preguntas
tendidas bajo una lluvia incansable de imágenes
El tiempo me lee su música
en una rosa de sol
Es una rosa de aguas dulces,
es una nave vagando en celo
sobre un disco azul
Una mujer canta...
...el poeta podría ser el mar,
la visión del vago misterio,
podría ser el vivo cadáver de la primavera,
si los azares de un trabajado mundo
no lo consumieran en lances infructuosos
Después reza una niña...
...ningún canto es ya verano
...si la piel grita silencios
...y los huesos no extrañan el misterio
de los cantos que se desangran
al tímido roce de un sueño
que el sueño sopla



(lacl, Cuadernario, Común Presencia Editores, Colección Los Conjurados, Bogotá, 2007)

Fotos de
Enrique Hernández D' Jesús




San Miguel
Trio Aquiles Baez y Betsayda Machado. 



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