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martes, 25 de octubre de 2011

Márgenes de Bogotá, lacl / Primer festival de literatura de Bogotá. Una glosa sobre aquel encuentro y una lectura: Germán Villamizar, Yuichi Mashimo, Gonzalo Márquez Cristo, Luis Alejandro Contreras. Anfitrión: Javier Osuna.

© lacl 


























Márgenes de Bogotá


Nota bene: Me he enterado ayer noche del fallecimiento del poeta Germán Villamizar. En honor suyo publico de nuevo estas notas, recogidas hace ya casi un año en este blog (en Diciembre de 2010). El único cambio al texto de Diciembre pasado es que ahora puedo agregar otros poemas de Germán, obtenidos de la página de Con-Fabulación, periódico virtual editado en la querida Colombia.

Abogo, de corazón, porque haya partido en paz, que a su barca lleguen las brisas de barlovento y le impulsen en su retorno al origen, aunque me sigan pareciendo injustas las caprichosas cartas que reparte la providencia para el vivir de la buena gente.

He entrado a su página y he quedado enteramente conmovido por las hondas manifestaciones de afecto hacia su persona, por parte de quienes tuvieron la fortuna de gozar de su simpatía y su diaria amistad; lo que me confirma esa intuición que tuve de él aquella mañana, en la que a pesar cierta austeridad en el aire, de una vaga sensación como de un ligero aleteo del tiempo, casada con otra semejando un vuelo de ausencias, me dejó entrever en él una integridad vital.
Salud!
lacl 25/10/11




* * * * *



El viernes 19 de Noviembre (2010) nos tocó el honor de acompañar a los poetas Yuichi Mashimo, Germán Villamizar y Gonzalo Márquez Cristo, en una lectura de textos ante estudiantes y profesores de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, Bogotá; un evento más dentro de los organizados en el marco del Primer Festival de Literatura de Bogotá, encuentro que debemos al tesonero impulso que le insufla un conjunto de jóvenes que apuestan por la desacralización de la cultura, agrupados en torno a la Revista Fahrenheit 451 (fundación sin fines de lucro que tutela Javier Osuna), quienes aunaron esfuerzos con la Fundación Cultural Gilberto Alzate Avendaño, adscrita a la Alcaldía de Bogotá, contando con el apoyo de BibloRed y de varias universidades colombianas.

Si bien es cierto que a lo largo y ancho del orbe se organizan, año tras año, multitud de eventos culturales cuyo centro es copado por la palabra, como las ferias del libro, los simposios literarios, los festivales poéticos, en algunas ocasiones (acaso demasiadas) parecen olvidarse de un actor principalísimo de la función: el sencillo ser humano que carece de los medios para acceder a la cultura, ése que suele ser el más atento, permeable y sensitivo de los escuchas cuando la creación de la palabra le es asequible. En ese anónimo oyente confluyen legiones de jóvenes (y no tan jóvenes) abrumados y hastiados por la farsa de mundo o simulacro de cultura que se representa en las urbes por auspicio de los crematísticos centros de poder; pero en ese ser anónimo también se alista una ingente multitud de desposeídos que se aferran a los márgenes de la codiciada asfixia de las ciudades, servida en pesadilla, como si se tratara del más exquisito de los manjares. En ellos vibra un habla plena de sensitiva vitalidad, con todas las privaciones que la escasez les ha otorgado. Y los bienes de la cultura, tales como las artes y la poesía, no deberían nunca ser cultivados como perlas preciosas destinadas al pavoneo de una suntuaria ostentación. Yo he visto cómo cierta clase petulante “del espíritu” pronuncia la sentencia de que “no hay que arrojar perlas a los cochinos”, y ello me lleva a promulgar con Hölderlin, no sin cierta amarga resignación, que lo que de mejor hay en el hombre queda oculto como perlas en el fondo del mar.

He querido puntualizar esta circunstancia, tan sólo por señalar la ubicua tesitura de espíritu que anima a ese grupo de personas que se ha lanzado en pos de la Arcadia que palpita en la utopía de un mundo en el que prive la democracia de lo sensible. Menuda tarea, de cara al
obscurantismo tecnológico que, indesmayablemente, intentan mantener y custodiar las clases gobernantes en todas las latitudes del orbe, independientemente del barniz ideológico que les vista. Cenáculos que inveteradamente dan la espalda al obrar en pro del bien común.

El hecho de haber logrado sumar a tantas disímiles entidades a su propuesta, hace más loable su esfuerzo, pues es –como dijimos- una promesa que apuesta a la desmitificación y descentralización del hecho cultural.

Nos tocó leer algunos textos ante un público joven -en su mayoría, estudiantes de ciencias de la biología y de la medicina- y nos dio un enorme gusto constatar su franca curiosidad, su inquisición ante el hecho estético y la experiencia creativa como fuentes de socorro o, al menos, como caminos divergentes para una humanidad en quiebra.

No conocía yo las poéticas de Germán Villamizar, pletórica ésta de una magia aluvional que irriga el aire al escucharle, ni la de Yuichi Mashimo, cargada de una sutil ironía que no rompe con la respiración de su ancestral Japón, a expensas de escribir en español todos sus poemas. Y no les conocía, hago mea culpa, a pesar de estar todos editados en el mismo sello colombiano de Común Presencia Editores, otra empresa de utopía que hace posible un lugar… Me parece que Gonzalo, conspirador de las
letras que apuntan a un develamiento y uno de los responsables de esa bella experiencia que es Común Presencia, sirvió de arácnido silencioso tejedor de redes, para que pudiéramos estar allí todos reunidos… Del único que ya conocía su poesía es, claro está, de Gonzalo, una de las voces más prístinas y espontáneamente lúdicas de la poesía colombiana.

Al final de la lectura, Javier quiso que el público intercambiara algunas ideas o extendiera algunas preguntas, si las había, un poco a la tremenda, un poco contra el deseo de algunos de quienes allí leímos nuestros textos. El habla puede ser mágica siendo sencilla; a veces, se topa uno con una diáfana poesía en el más llano decir, pero también puede traer a equívocos, a digresiones intelectuales, a un malentendido. Lo cierto es que a ello puede atribuirse cierta reticencia a hablar en público que, en ocasiones, muestran algunos escritores. ¿Un contrasentido? ¿Que quien cultiva la palabra no quiere hacer uso de ella? No se trata de eso. Es por amor a las palabras que se guarda silencio o se mantienen ellas en recelo. Hay que tejer finamente y no siempre se dispone del tiempo y el sosiego necesarios para hilar un discurso acorde al sentir. Pero debo acotar que fue una conversación muy cálida y personal la que se suscitó entre todos los allí reunidos.


Y con la aquiescencia de algún hipotético lector quiero consignar, a continuación, algunos poemas de Yuichi, Germán y Gonzalo, amén de alguno de mis atentados al verbo. De Germán sólo tengo lo que pude bajar de la página web de Común Presencia Editores, pues el libro del que leyó algunos textos se encuentra agotado.

¡ Salud, lacl !

*******

Germán Villamizar




Poeta, traductor y ensayista. Nació en San Jacinto del Cauca, departamento de Bolívar, Colombia. Ha publicado textos y poemas en revistas y periódicos culturales de América Latina. En la actualidad es profesor de literatura en la Universidad Pedagógica Nacional de Bogotá. Autor de Silencio de la Huella, 2003.


DESEMBOCAR al otro lado de la sombra
es imposible;
sobreponer otro hilo al tejido, demasiado;
amarrar un sol a otro sol
en el agua y la arena
prisioneras del cristal
desdibuja el ayer que no recuerdo.
En el borde del mar y los espejos
sueña el antiguo caracol
los lentos finales que repite sin estorbos.



BRUSCAS redes circundan el espejo
en olas de ilímites adioses.
Un adiós en cada sol que parpadea,
un adiós desperdigado en cada adiós
que se niega a quedarse en nuestras sombras.
Adiós de asombros y de vértigos,
adiós de un puerto, de niños y canicas bajo el cielo,
de la mujer que intuye
la soledad de la noche sobre el cuerpo, presagio
del espejo o del reflejo de otro adiós y otras noches
ahítas de carne y de fastidio.
Un adiós que no se agota
recorre el rudo temblor de tantas manos.



NO SON imposibles el tejido y la sombra.
El ayer, patio de sueños,
semeja
caracoles o espirales
incansables que se alejan
en la imagen del otro
fragmentado en gránulos de arena.



ESTE HOLLÍN de cuerpo que se estira
esta feria de carne que adelgaza la mañana
este frío pegajoso de la piel entre los árboles
esta ola de espuma rezumante en muchas manos
este aire de huesos que atenaza las narices
esta fiebre de espirales y metales
esta sombra y estos pasos
esta espera y estos pasos
esta furia y estos pasos
que atormentan nuestros pasos
en la noche que gira sin cansarse
y enciende en el vientre los recodos
funden un ridículo compás de grito y hombre.
Y en esta espera de metales dislocados
en esta árida gruta de espirales
en esta feria de rojos ademanes
sin huellas sin recodos sin caminos,
no sé por qué guardo entre los pasos
la absurda esperanza de encontrarme.



Tomados de Silencio de la Huella, Común Presencia Editores, Colección Los Conjurados, libro ilustrado con obra de Manolo Colmenares.  



- - - - - - - - - - - - - - - - - -


LA NUBE ensombrece mi cabeza. Blanco tejido de lluvia, ¿hacia dónde me acorrala? No es suficiente gloriarse en la entreabierta corona de espinas. El arco se distiende en cada herida. Dura la sed en la memoria. Son y agua. Golpe de astillas en cada recodo de crepúsculos. La noche en el río buceando las desgracias. Morir en la estrella chapoteando entre las venas. Disolver los huesos zurcidos con ternura. Desvanecer el verso en la raíz sin centro del espejo. Náufrago de mí, ni siquiera soy dios para mentirte.


***


DICEN Raúl Gómez Jattin está loco y Jattin puebla el hospital psiquiátrico
es drogadicto y Raúl se acurruca entre los dioses
es marica y Gómez se entrega en solares alunados
a estudiar agujeros ignorados por Hawking.
Deshecho su corazón de mango
los gusanos saludan las hilachas
de la vida y de los libros
meandros de mierda silenciosa
de los habitantes del río
 
Gómez Jattin muele el dolor
en rotundos garabatos
y burla el bestiario del sexo enmascarado.
Estuprador de lectores
teje el tiempo en mecedoras de mimbre
y anida versos
en alas de ángeles clandestinos
y nubes
de un trunco abecedario
que lo habita y estrangula.
 

Tomados de la página web de Can-Fabulación, periódico virtual.
Dirección: http://con-fabulacion.blogspot.com/2011/07/german-villamizar.html











Yuichi Mashimo





Nació en la ciudad de Takasaki, prefectura de Gumma en Japón. Magister en Literatura Latinoamericana de la Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, Colombia. Es investigador de poesía hispanoamericana. Ha publicado ensayos en japonés sobre Neruda, Borges y Paz, entre otros, en los medios académicos de su país. Su primer poemario Casa Tiempo (2000) apareció en la colección Creación Literaria de la Universidad Javeriana con prólogo de Javier González Luna. Actualmente se dedica a la docencia en la Universidad de Komazawa, Tokio.


PRELUDIO

Vuelve la música.
Es el otoño.
Vuelve la vida
por este irse de las cosas.

¿Por qué las montañas entonan su llanto,
por qué la luna me mira sonrojada,
a qué se debe este equilibrio de la noche,
si soy el mismo?

El que llega en medio de tantas idas
ya ha amanecido.

A UN POETA

Pienso que mi vida se demora
sobre la eternidad mientras las cosas
me miran sencillas y sigilosas
con una sorda mirada que da la hora.

Tiempo en el que las rosas son hermosas
como la flor invisible que adora
el poeta ciego en su nuca. Las dora
esa hoguera de llamas penumbrosas.

Pétalos nocturnos que me queman,
lo que arde mudo sumerge en las sombras,
de peso espeso, el símbolo que nombras.

Quedan los días muertos que reclaman
una voz insondable con la misma
tonada. La noche en noche se abisma.

CUERPO

Cruel pretexto
que con su textura aduce,
se cierra y se abre infernal.
Nudo entre hastío y tedio.
Cuando el mundo se quede sin él,
tendremos sólo la fórmula insulsa de amar.
Amar aun en el Paraíso.

REZO

Camino
sobre una inmensa superficie de agua
con pasos cautelosos.

Camino
sin dejar estelas
sin provocar ondulaciones.

Camino
tratando de no avanzar
y procurando no permanecer.

Camino
concentrado en mi peso mínimo
para no inventar suficiencia.

Temo nacer.

¿ABANDONAMOS ESTAS DULCES TIERRAS?

Un vacio arrogante
se ha apoderado de mí.
Ocupa mi ser
con su inmaterialidad.
Luego contradice incesante,
todo lo corroe,
surca ranuras,
mil ojos que riegan esta región solitaria.
Sabemos otra vez con toda naturalidad
que hasta la iluminación de nuestra poca sustancia
es producto
de la necia esperanza del hombre.


Tomados de Casa Tiempo II, Común Presencia Editores, Colección Los Conjurados, libro ilustrado con obra de Manuel Hernández


Gonzalo Márquez Cristo




Nació en Bogotá, Colombia, en 1963. Ha publicado dos ediciones del poemario Apocalipsis de la rosa (Quimera del Oro, 1988 - Hojas Sueltas, 1990); la novela Ritual de títeres (Tiempos Modernos, 1992); El Tempestario y otros relatos (Común Presencia Editores, 1998); La palabra liberada (Colección Los Conjurados, 2001), la antología Liberación del origen (Universidad Nacional de Colombia, 2003) y Oscuro Nacimiento (2005, Mención concurso nacional José Manuel Arango). En 1989 participó en la fundación de la revista cultural Común Presencia, de la cual es su director. Es creador y coordinador de la colección de literatura Los Conjurados. Obtuvo el Premio Internacional de Ensayo Maurice Blanchot (2007), con su trabajo "La Pregunta del Origen". Su obra ha sido comentada por importantes poetas y pensadores de nuestro tiempo como: E.M. Cioran, Roberto Juarroz, José Ángel Valente, Fernand Verhesen, António Ramos Rosa, Alfredo Silva Estrada, Claude Fell, Roger Munier, Eugenio Montejo, Jorge Rodríguez Padrón, Olga Orozco...



DESCENSO A LA LUZ

La noche es mi regreso. Transito el museo de la ausencia.

Todo sufrimiento es inútil para quien no persigue la poesía, para quien no alimenta con sus ojos a las águilas.

Ejercito la sed. Amo tan sólo a quienes no pude salvar.

Ya no existe una oscuridad que guíe nuestros sueños ni los fantasmas del deseo inconcluso; sólo el abyecto intercambio que ha remplazado al rito.

Ya no busco, pierdo...

Y ni siquiera encuentro lugar en el asombro.

No puedo olvidar más. Ni pretendo saber las tres respuestas ocultas por la muerte.

Aquí nadie carece del odio necesario para recobrar el paraíso, ni confiesa su ruda caída en el día.

Debo ser sombra o grito. Retorno o nacimiento.

Cada origen decretará la abolición del yo.

Es entonces cuando la respiración será verde.

Y aunque todo se lo deba al dolor... Avanzo: caigo. Elijo los caminos que no tienen final. Las voces que incendian las tinieblas. El poema.

Tú lo sabes, cuerpo estremecido:

No es en el tiempo donde he puesto mis palabras.


RESTITUCIONES

Pretendo que todo lo perdido se convierta en poema.

Las heridas como los huracanes tienen nombre. Y aunque ignoro por qué a mi alrededor nacen los abismos, desde el origen fui mancillado por la felicidad, por su cima inclemente.

Las invasoras restas del recuerdo. La pugna de la raíz. La antigüedad del silencio...

No pongo flores en el cementerio del sueño, pero continúo a pesar de todas las arenas movedizas del espíritu.

La culpa que no te deja partir es el amor.

Y ahora la niebla, la lluvia, la ausencia...

El desequilibrio llamado belleza, la terrible orfandad de lo sagrado, la rosa ígnea que me guía en la desesperación...

Sé que el camino terminará por encontrarme.

Como todo lo que se hace visible para morir.


GÉNESIS

Para sobrevivir nos arriesgamos a la memoria, nos entregamos al vacío.

Ya conocimos el ave de rapiña del viento y la serpiente del agua. El silencio jamás volverá a separarnos.

Regresamos al sílex, escuchamos la oración del fuego.

Emprendemos el numinoso sobresalto. Vivimos la voracidad de los hallazgos y el juego espectral del deseo.

El único fruto del árbol al que no podemos renunciar es a su sombra. Sufrimos la persecución de la primavera –y fue allí donde la palabra se hizo verde.

Lo que más dura es el instante, lo que más oculta es la luz.

Cuando se interrumpe el tiempo alguien decide nacer.

Tomados de Oscuro nacimiento, Común Presencia Editores, Colección Los Conjurados. Prólogo de Marco Antonio Campos, ilustrado con obra de Fernando Maldonado.


OFICIO DE OLVIDO

Una mujer se besa en el espejo, se oculta con su alma, el agua es su soledad.

Un niño escondido en un armario intenta morir.

Las lágrimas de un hombre caen en su taza de café.

Una adolescente con el índice detiene la manecilla del reloj y se estremece.

En el viento hay un mensaje que no comprenderemos.

Tu sombra se rebela.

Nos preparamos para huir de todo lo que amamos.

Quien no parta será olvidado.

El viento dialoga con el fuego.

Espero mi voz.

Viajar también es lo contrario a la muerte.

Mientras la semilla engañe al pájaro no estaremos perdidos.

Nos amaremos en otros rostros.

Nadie se oculta en la memoria.

¿Vendrá alguien a enterrar nuestros nombres?


Tomados de La palabra liberada, Común Presencia Editores, Colección Los Conjurados, libro prologado por Eugenio Montejo e ilustrado con obra de Angel Loochkartt.  



Luis Alejandro Contreras




De mi persona prefiero no dar mayores señas porque no haré más que cometer un exabrupto. Tan sólo agrego algunos datos bibliográficos: Voces Nuevas, Antología de Talleres Literarios del Celarg 1998-1999, Caracas, 2000. Contracorrientes - Sentencias en Incertidumbre, BID&CO Editores, Caracas, 2006. Cuadernario, Común Presencia editores, Colección Los Conjurados, Bogotá, 2007. Ocasional colaborador de algunas revistas y periódicos digitales, tales como, Con-Fabulación, Letralia, Cañasanta, el desaparecido elmeollo, entre algunas otras.


Nota: Quise abrir mi lectura con un texto que no es precisamente un poema, sino un arrimo al ser y hacer poéticos. No puedo evitarlo…


Ante todo debo decir que no me considero un poeta, al menos, no a la moderna usanza que circunscribe al poeta (o a la figura del poeta) dentro del ámbito de lo estrictamente literario. Todo lo foráneo palpita, de algún modo, en nosotros. Afuera todo un mundo nos requiere y nosotros marchamos a su son. Un poeta no es, primero, un literato o no es, primero, un ser literario. Un poeta ama las letras, ama las palabras, tanto como ama la estampa de cualquier viso de la realidad, por nimio que sea, pero no forzosamente ama la literatura a la manera en que se aman los cegados credos. En todo poeta se enuncia una dicción, pero es una dicción que va más allá de las palabras. Ellas, a su pesar, tienen que conformarse con el papel de ser vehículo de esa dicción y aquellos que rinden culto a la poesía han de conformarse con volver, una y otra vez, al concurso de aquellas, para expresar el alto y bajo relieve de la realidad, la palpable extrañeza de las cosas y seres que nos rodean, tan posibles -en su existencia- como la presencia misma de las palabras, que comienzan siendo un misterio y terminan siendo un misterio. Creo que la frase la escribió Ungaretti: un poeta es un hombre que lo siente todo. Siempre acude a mi memoria tan sencillo planteamiento, implica una revolución del pulso; también recuerdo siempre otra frase, ésta de Julio Ortega, durante una charla que se realizó en Caracas por el año 1990: “…todo poeta ha de tener poesía inédita…”, a lo que añadió: “…hay que desconfiar de los poetas que no tienen o guardan poesía inédita en un cajón o alguna gaveta de su casa…”. Qué jardín de sutilezas sugiere esta proposición. 


Tomado de Contracorrientes – Sentencias en incertidumbre, BID & CO Editor, Colección Manoa. 




.......

H


Hay una fragancia de funéreos crisantemos,
de vida añeja y desgastada
de mi infancia, lo sé,
que no ha de volver.

En días tempranos fue dulce y almizclada huella
y, a un tiempo mismo,
repelente y seductor perfume,
como si se tratara de un criptograma de sentidos
apostado en el centro de un silencio
o acallada heredad tatuada en la médula
de una pregunta no abierta al mundo en pleno.

Interrogante fue,
enunciada por un alma predecesora,
quizás humilde mano del pasado,
cuyo único anhelo hubiere sido el heredarnos
una secreta interpelación
en las arcanas emanaciones
que brotaban de los armarios y las cómodas,
de las enmohecidas bisagras
o de cualquier insospechado recoveco
al reverso de las puertas
-reverso del mirar-
o de la más impensada esquina de una cama.

Absurdo efluvio fue floreando
en las peinetas de la abuela,
en las cartillas y estampas de rezos de la madre,
en espejos de mano en plata tan desgastada
como la ya vaga dicción
que nos devolvían sus precarias imágenes

Y extracto de presunciones fue,
vapor de almas,
tuétano de visionarias manifestaciones,
resplandor de sobrecogimientos,
todo ello despuntando en el idilio clandestino
de las agujas amorosas
que se refocilaban en sus ovillos de hilos,
al íntimo solaz de indolentes gavetas
o baúles adormecidos

Cada rincón de ese cosmos que daba hálito a la casa,
cada una de las incontestables formas
que le habitaban,
pulsaba una consumación,
símil de ese ayuntamiento de aromas
y brillos florecientes
que fluía como un manantial en los estuches
de fieltro o piel
que, alguna vez, sirvieron de matriz a una infidencia
o, acaso, a un no declarado amor…

Y deslumbre de atisbos fue
en cada una de las exiguas apariencias
que hacían vida en el misterio arrobador
de los bálsamos predicadores
de un cielo sin costados.

Hay una esencia de funéreos crisantemos,
a cosa preterida e incuestionablemente deslustrada
de mi infancia que, lo sé,
no ha de volver.




C


Cuando los caballeros
de la muerte rozan
el techo de la luna
y un sórdido misterio
se apocilga en sus caderas,
viaja en nuestras venas
un vago dar sitio
a las preguntas
y somos, de pronto,
el golpe de un botón de rosa
sobre la sien
de una mujer de arena



Tomados de Cuadernario, Común Presencia Editores, Colección Los Conjurados, Bogotá, 2007. Libro ilustrado con obra de Lina Mejía. 





Azul vastedad

Hacia la noche
millares de habitaciones son azules,
con nerviosos fogonazos
de violetas y naranjas

¿ Quién podría ser lírico
en un escenario como éste?
¿ Nos consolaría el asociarlas con los destellos
de las luciérnagas o las estrellas ?
Sabemos que no es así

Hacia la noche millares de habitaciones
son primorosamente azules
porque o aborrecemos o tememos a la noche,
la inmaculada exuberancia
de su insondable azul, azul sin fin

Hemos reinventado la noche,
reinterpretándola, reinstaurándola a nuestro capricho,
la hemos colmado del efectismo de nuestros miopes,
diurnos argumentos,
obviando su inquietante docilidad

Yo estoy solo, absolutamente solo;
y salgo por las calles a contemplar la azul soledad de los cuartos
donde se olvida la azul soledad de la noche

Un pistolero solitario mata a dieciséis niños y a su maestra
Luego se suicida

Las noches son áridamente azules

Un meteorito atraviesa el deportivo último modelo
de una ejecutiva newyorkina, incrustándose humeante
en el pavimento de la quinta avenida

Las noches son sedentariamente azules

Un poeta marginal publica sus obsesiones
entre los avisos clasificados de un diario comercial

Mas siguen siendo azules
(con enervantes fogonazos
de naranjas y violetas,
pero inapelablemente azules)

Salgo por las calles
y no tengo nada que ofrecer
Estoy vacío como un cuenco abandonado
en una cueva clausurada hace dos mil años
Seco, macerado, romo

Son azules

Lascivia fue un camino,
mas hastían las vaginas frígidas,
vaginas sin mujer,
vaginas con frenillos

Machos sin música
entre cánticos sin falo
en un cóctel de falos sin hogar

Y son azules

Soy un cuenco errante,
un reloj sin segundero,
un toro herido embistiendo el aire
entre risitas de fuego

Pero siguen siendo azules

Mas ¿ qué importancia tiene ?
También la guerra ha sido y es un camino
como lo son y han sido
la usura, la envidia, la inclemencia
los mecanismos de tortura,
los proselitismos,
la aristocracia quiromántica
las verbenas de impotencia,
los báculos sin hiedra,
el culto de las imprecaciones

Entre la azul soledad de los dormitorios
bajo la azul vastedad de la noche


(Publicado en la antología Voces Nuevas 1998-1999, correspondiente a los talleres literarios del Celarg; forma parte de un cuaderno que lleva por título "Toma luz, toda la noche" ©, Luis Alejandro Contreras, inédito)













El gran almacén, lugar de culto gardeliano, La Candelaria, Bogotá

. . . . . .


Mientas dure 

A Juan Sánchez Peláez


¿Por qué no soy yo el hijo de un Sioux que, de cuclillas,
soporta impávido las inclemencias del sol
en medio de la aridez de una tierra olvidada,
al margen de una estación de trenes,
o por qué no soy el Yanomami que duerme
sobre un trozo de cartón a la entrada de un centro comercial,
mientras su concubina ofrece sus collares?

¿Por qué no estoy talando árboles obedientemente
o desarmando carros entre refunfuños?

¿Por cuál capricho del destino se dictaminó
que yo no calzara los zapatos
de un inmigrante italiano que vende
la salvación de puerta en puerta?

¿Y quién me legó, además, este arte histriónico
que me permite fingir, ser uno más de la fila?

¿Quién decidió que esté rodando siempre sin meta,
sin querer jamás vestir la camiseta del líder?

¿Quién ha estado girando la rueda de la fortuna?

¿Qué golpe del azar concluyó
que yo no fuera un ángel
o una vieja de sexo desdentado que vende revistas obscenas,
o una breve Ave del Paraíso,
o un pequeño facineroso de la calle?

¿Quién, como un Atlas, está haciendo el gasto
por sostener las murallas de este
inmenso laberinto pavloviano?

¿Y por qué no puede estar la Pavlova bailando
sobre la almohada de mi pecho?

Al menos, tengo la luna.

Estoy vivo y, a veces, tengo la luna.

Que así sea mientras dure.



(Publicado en la antología Voces Nuevas 1998-1999, correspondiente a los talleres literarios del Celarg; forma parte de un cuaderno que lleva por título "Mientras dure" ©, Luis Alejandro Contreras, inédito)





Javier Osuna, alma y corazón del Festival de Literatura de Bogotá (que ha llegado a su segunda edición), así como de otras interesantes iniciativas culturales: Talleres literarios para personas discapacitadas y la Revista Farenheit 451; luego este servidor, en manga de camisa. Y a mi izquierda el poeta Yuichi Mashimo y quien acaba de partir: el poeta, profesor y traductor Germán Villamizar. Gonzalo Márquez Cristo no pudo acompañarnos porque estaba en trámites de su viaje a un encuentro literario en Perú.

***
© [Luis Alejandro Contreras Loynaz/LetrasContraLetras - contracorrientes]. Todos los derechos reservados. Fecha de creación del blog: 2007. ©

Basavanna, Poeta Vacana (Un poema que me ha acompañado por años...)

© lacl 

Basavanna, Poeta Vacana

(Un poema que me ha acompañado por años...)

Los ricos
levantan templos para Siva.
¿Qué puedo yo,
un pobre hombre,
hacer?

Mis piernas son columnas,
mi cuerpo el santuario,
mi cabeza una cúpula
de oro.

Escucha, Oh señor de los ríos encontrados,
lo inmóvil caerá,
pero el móvil permanecerá por siempre.



Cantos a Siva (o Shiva)
ADIAX S.A., Barcelona, 1981


© [Luis Alejandro Contreras Loynaz/LetrasContraLetras - contracorrientes]. Todos los derechos reservados. Fecha de creación del blog: 2007. ©

viernes, 23 de septiembre de 2011

Fragmentarias - Franz Kafka, Juan Ramón Jiménez. El adagio filosófico, el adagio poético.



.
Recogemos para esta edición de Fragmentarias, una breve muestra de apotegmas de cada uno de los autores precitados. Me parece que la hondura de sus respectivos sentenciarios no puede ser puesta en tela de juicio.
¿Cuál es el lindero que separa en un adagio a Sofía de Poesía? No es muy sencillo determinarlo, porque no hay una dogmática receta para la creación de adagios. Acaso sean las obsesiones de cada escritor las que determinen el estilo. Muchos de los aforismos de Kafka rozan un tipo de poesía que es sugerida por el trasfondo de lo dicho, surge cómo de las resonancias que quedan vibrando luego de leer en voz alta o baja su palabra. En el caso de Jiménez, es imposible separar el tono poético de lo que se dice, aunque es justo decir que cultivó diversos derroteros estilísticos dentro de la aforística. Son aproximaciones de dos maestros del género.

El más hermoso y lúcido tratado que conozco al respecto es esa joya titulada “Teoría del adagio”, ensayo de Erasmo sobre el tema, el cual viene incluido en un libro para amantes, uno de los más bellos con que me haya tocado la fortuna y que quiso esperarme soledoso en uno de los estantes de una librería caraqueña; Noctua, para ser exactos, ese rincón en el que he hallado tantos tesoros a lo largo de los años. El libro se titula "Adagios del poder y de la guerra y Teoría del adagio". *

Salud!

lacl

Franz Kafka


















* Los mártires no tienen en poco al cuerpo, consienten que lo alcen en la cruz. En eso están de acuerdo con sus adversarios.

* No todo el mundo puede ver la verdad, pero puede serla.
* Quien busca no encuentra, pero quien no busca es encontrado.

* Sólo hay dos cosas: verdad y mentira.
    La verdad es indivisible, es decir, no puede conocerse a sí misma; quien quiera conocerla tiene que ser mentira.

* La queja: Cuando sea eterno, ¿cómo seré al día siguiente?
* No hay un tener, sólo un ser, sólo un ser que reclama el último suspiro, el ahogo.

* ¿Qué debo hacer? o ¿para qué debo hacerlo? No son preguntas de esta tierra.
* Sólo la noche es el momento en que la doma llega adentro.



Juan Ramón Jiménez

FORMA
391.
1
La forma poética (ritmo y rima sobre todo) debiera quedar únicamente para aquellos casos en que el pensamiento fuese musical.

392. 
2
         MONOTONÍA. Creo en la negación de la forma por perfección de la misma no por descuido. Que sea sólo un sostén de la idea.

393.                    
                                    y 3

         La perfección de la forma artística no está en su exaltación, sino en su desaparición; no en hacer una prosa mala o desaliñada, sino en hacerla tan buena que parezca que no existe.

SILENCIO

2105.
                            1
         El silencio es para mí una atmósfera absolutamente necesaria para respirar como el aire.

2106.
                            2
         En el silencio yo puedo tener suspendido, suspenso de mi instante, todo mi día y aún toda mi vida, en una síntesis plena. En el ruido sólo puedo suspender el instante.   

2107.
                            3
         SILENCIO. ¡Ayúdame tú a vencer!

2108.
                            y 4
         No es “natural” de la naturaleza el silencio.

                                                           UNIDAD
3002.
                            1
         Amor, casa, naturaleza, arte.

3003.
                            y 2
         De día, la tierra se alza y el cielo baja. De noche, la tierra baja y el cielo se alza.



* PRE-TEXTOS, en co-edición con Biblioteca Valenciana, Valencia, 2000. Edición, traducción y presentación de Ramón Puig de la Bellacasa.


Fuentes:
Existen diversas ediciones de los aforismos de Kafka, pero me he apoyado en las siguientes para extraer la breve muestra:

Kafka,  Franz. Cuadernos en octavo. Tercer Cuaderno (1917-1918). Biblioteca Kafka. Alianza Editorial. Madrid, 2005.

Kafka,  Franz. Aforismos. Random House Mondadori. Barcelona, 2006.

* * * * *
Juan Ramón Jiménez, Ideolojía. Editorial Anthropos, Barcelona, 1990. Una bella y cuidada edición que incluye toda la aforística de Juan Ramón entre 1897 y 1957.



A. Carta de Juan Ramón Jiménez a Alfonso Reyes
B. Dibujo de Franz Kafka



miércoles, 7 de septiembre de 2011

Mahmoud Darwix - Poeta de Troya...




GUARIDA DE LOS POETAS

Mahmoud Darwix (o Darwish)

Poeta de Troya...


A propósito de Palestina y su justo derecho a ser reconocido como estado. Un amigo me contaba luego que la joven que entrevistó al poeta Darwish * se inmoló luego en una protesta, prendiéndose fuego... Dato que nunca he confirmado, pues me parecía parte de la fábula fílmica. 

Este documento es incontestable, conmovedor... En lugar de escuchar a los políticos, los pueblos deberían escuchar a sus poetas e intelectuales humanistas, como Amos Oz, en la acera del pueblo judío y Darwix o Edward Said, en la acera del pueblo palestino. Y las palabras de Goytisolo, al final de este documento, no son menos pertinentes y conmovedoras.

* (o Darwix, como propone su traductora al español, Luz Gómez García, con el consentimiento del propio poeta)



http://www.youtube.com/watch?v=eTYkP0rXxnA

jueves, 25 de agosto de 2011

Yerma, bordar sin hilos… lacl (ensayo) / Galería de imágenes / MACARENA GIRALDEZ "LA BRONCE" YERMA

. © lacl 
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Yerma, bordar sin hilos…

           A Michaelle Ascencio

A 75 años del asesinato de García Lorca
*
¡En cuántas cosas prestadas voy yendo por el mundo!
¡Cuántas cosas que me prestaron conduzco como mías!
¡Cuánto de lo prestado, ¡ay de mí!, yo mismo soy!
Alvaro de Campos (Fernando Pessoa)
*
Lo que ha matado a la humanidad –porque el grueso de la humanidad está muerto- es la mentira;
la mentirosa afectación de parecer sentir lo que no sentimos.               
David Herbert Lawrence
*
Me buscas como cuando te quieres comer una paloma.
(Yerma a Juan)
Federico García Lorca

Estas notas (que podríamos llamar, incluso, rasgos) con que procuro asomar algunas observaciones a esa pieza que nos versa de lo estéril, no son más que una obligada y rendida consecuencia. La primera vez que leí Yerma, de Federico García Lorca, trajo como secuela el rasguño de unas hojas donde quería expresar algo que había quedado moviéndose en mí. Sin embargo, en esa primera cavilación me resultó imposible traducir lo que ese “algo” había dejado en movimiento. Pasados los días, pude evidenciar que Yerma se me había diluido entre las manos. Y no me pregunten cómo pude llegar a semejante conclusión, pues mi única respuesta sería: gracias a una especulación intuitiva, no buscada. Y entonces nos veríamos en la disyuntiva de tener que aceptar o no que los procesos de reflexión no intencionada son más valiosos o iluminadores de lo que generalmente se cree.
Quizás había intentado plasmar, en ese primer bosquejo, un abordaje desde la perspectiva de haber leído “Yerma” y no desde la de haber leído “a” Yerma. Subrayo el artículo. Lo cierto es que Yerma se me había ido de las manos. No la Yerma obra, no la Yerma artística, sino la Yerma mujer. La Yerma que muy bien puede ser cualquier mujer, había quedado como infundada, inacabada. Surgió, pues, la necesidad de rasguñar el segundo boceto que acá presento.
Pero no quisiera entrar de lleno en materia sin antes advertir lo siguiente. Hay artículos o ensayos sobre obras literarias que pudiéramos catalogar como clásicas -y espero que el ánimo de los puristas no se soliviante, si luego de “apenas” unas ocho décadas de vida paso a considerar acá a Yerma como un clásico-, los cuales se escriben como dirigidos más a quienes no han leído la obra de la que hablan, que a los que sí lo hicieron, con la loable intención de ganar lectores para su causa. Yo quisiera partir al revés. Y con esto no quiero demeritar la condición de quienes todavía no hayan tenido el gusto de haber leído a Yerma, pues al igual busco acicatear curiosidades y animarles a su lectura. Mas si procedo así es, precisamente, por lo sugerido más arriba. Más que intentar abordar la “obra”, intento abordar lo que nos dicen las imágenes de los personajes, lo que estos tienen de persona.
Eso sí, mi esbozo inicial se refería al tema del “patrón de conducta internalizado”, como uno de los epicentros que promueven acontecimientos en los personajes de la obra (básicamente en Yerma y su marido Juan). Y mi intención ahora es reanudar la marcha por ese mismo sendero, pero poniendo más atención en las relaciones o distanciamientos que ese patrón de conducta guarda o mantiene con la naturaleza oculta de los personajes (en su sentido selvático, animal), y hasta qué punto puede, tal patrón, actuar o funcionar como un negador de la naturaleza que somos.

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El hombre que viene al mundo no consigue la naturaleza en estado bruto. Viene a toparse con lo que sus antecesores han ido forjando sobre la tierra; viene a encontrarse, no sólo con lo que todos los hombres han visto antes que él, sino con lo que todos ellos han querido ver en lo que vieron. Y este forjar de los hombres puede tornarse represor o liberador de ese hombre que, en tanto que individuo, forma parte de una cultura.  
Alguien dijo alguna vez que “lo importante no es lo que de nosotros hicieron, sino lo que nosotros hicimos con lo que de nosotros hicieron”. Por lo que cabe preguntarse: ¿No serán Juan y Yerma acaso víctimas de lo que les antecede, aquello que hemos llamado patrón?
Démosle una mirada al martirio que, aunque por surtidores encontrados, anega sus gargantas en la contracorriente.  
Juan no convive con la naturaleza circundante, en tanto que naturaleza. Hace las cosas porque cree que es su obligación hacerlas; repite las labores del hombre común de la sociedad a la que pertenece, pero lo hace fríamente, con distanciamiento. “Trabajo mucho” dice, sin tener la más mínima intención de detenerse a pensar en por qué trabaja.
Tiene una visión estática de la vida, cuando no impedida: “…Cada año seré más viejo…” afirma, cuando en realidad, lo que se respira de sus palabras y sus pasos es vejez exacerbada, marchitez ya alcanzada. Es, casi, una sombra que camina. Está vivo porque camina, pero tiene el ánimo muerto hacia la vida.
El punto álgido de su (mal) estar tiene su origen en la reiteración imperturbable del patrón que él tiene y entiende (si es que entiende) por vida. Aunque, quizás, sea más justo decir que el patrón le tiene a él:
“…Ayer pasé un día duro…”, dice. “…Estuve podando los manzanos y a la caída de la tarde me puse a pensar para qué pondría yo tanta ilusión en la faena si no puedo llevarme una manzana a la boca…”
Él intuye que algo no marcha como debiera; intuye que no logra saborear la pulpa del fruto que la vida le regala (¿no podría ser Yerma una manzana?), pero le resulta inadmisible dar un paso más allá de la intuición.
En contraposición a Juan, encontramos en Yerma una ansiedad de vivir que no encuentra natural consumación, pues se halla como confinada en una caverna sin muros, pero igualmente sin ojal para una liberadora escapatoria.
A Yerma le gustaría que Juan se destemplara; que, sencillamente, dejase brotar la pura espontaneidad de su vivir. Pero a Juan no le gusta la idea (y, mucho menos, la realización de la idea) de que Yerma (y él) se desaten a vivir, aún de la manera más rudimentaria y elemental que le quepa imaginar, esto es, pespuntando en el aire el impulso de la sangre. Traigamos a colación dos momentos que ilustren lo antedicho.
Yerma dice:
“…A mi me gustaría que fueras al río y nadaras y que te subieras al tejado cuando la lluvia cala nuestra vivienda…”
Y Juan:
“…Si necesitas algo me lo dices y lo traeré. Ya sabes que no me gusta que salgas…”
Lo expresado en cada caso habla por sí solo: Yerma lo que, en dos platos, le está pidiendo a Juan es que deje manar su propia vitalidad, que nade en el río y que nade en ella; en fin, que entre en comunión con la naturaleza, que se olvide de sí, para que se encuentre consigo. Por su parte, Juan sólo sabe de encierro, de tensión, de crispación de su cuerpo, de acallamiento de su sentir.
Y si nos fijamos no sólo en lo que se nos dice, sino en el cómo se nos dice, es posible que se nos aclare un tanto el panorama. Juan es terminante; asevera de manera clara, sin tapujos y en tiempo presente (lo que le confiere un sabor de fuerza, imposición e inmediatez a sus palabras) qué es lo no le gusta. Es un hombre hecho negación y lo único que él afirma y en él se afirma es su negación. En contraparte, Yerma se expresa casi de una manera hipotética y añorante: “a mí me gustaría”. En ella brota una tendencia, aunque sutil y reprimida, hacia la vida que da frutos. Sólo que esta tendencia se ve socavada porque ella misma participa, sin advertirlo, del patrón que tiene devorado a Juan. La diferencia estriba en que Yerma es atacada desde otro flanco:
         “…Yo me entregué a mi marido por él…(el hijo)… pero nunca por divertirme…”
Yerma piensa muchas cosas, demasiadas. Pero tampoco se permite dar un paso más allá del mero pensar. No ha experimentado la iniciación del conocer su cuerpo en tanto que naturaleza. Yerma no tiene cuerpo propio porque nunca se ha lanzado a recorrerlo, no ha permitido que fluya en sus impulsos más íntimos y primitivos.
En cierta oportunidad, ella confiesa que los catorce años de edad, se quedó pasmada, sin poder articular palabra y asaltada por un temblor que hasta le hizo rechinar los dientes. ¿La causa? Un tal Víctor que la tomó entre los brazos. Sin embargo, cuando Yerma recuerda ese encuentro, lo único que puede decir: “Pero es que yo he sido tan vergonzosa”. Y cabría, entonces, preguntarnos: ¿de dónde le viene a Yerma esta vergüenza? No de sus naturales impulsos, ciertamente. Al contrario, esta vergüenza es la secuela de una conducta que le ha sido inoculada; un patrón que encausa (por una vía única y sin probabilidades de desbordamiento) las manifestaciones espontaneas de la naturaleza animal que hay en todo ser humano. Porque cuando ella habla sin premeditar lo que ha de decir, brota de su voz una sutileza femenina que roza una poética de vida de la que ella misma no se percata y de la que una postiza hombría de Juan nada quiere saber:
“…Los jaramagos no sirven para nada…(le dice a él)… pero yo bien los veo mover sus flores amarillas en el aire…”
Pero podemos decir que Yerma es -como Juan- un ser abstinente, un ser negado; pues ha sometido su eros y en su lugar ha enclavado la preconcebida idea de los hijos. Ante Juan se ve “muy chica, muy manejable”, llega a pensar que es una hija de sí misma. Y es que Yerma jamás se ha puesto boca arriba y comenzado a cantar como, socarronamente, le confiesa haber obrado siempre una vieja matrona; Yerma no se ha solazado con las voluptuosidades del lecho; no ha recibido el bautismo de la fertilidad que viene, de suyo, en el vivir propio, individual y floreciente. Para ella, toda idea de fertilidad ha de desembocar en un producto: los hijos.
Por ello es que Yerma piensa y piensa qué es lo que ha de ser la vida, pero se ve incapacitada para vivir (la). Todo lo que tiene en mente es prestado, no le pertenece. Yerma no ha completado su feminidad (“Ojalá fuera yo mujer”, son sus palabras): ella ha sido deshabitada de sí misma, siendo partícipe de tal conjura. Su feminidad ha sido malograda, casi diríamos que abortada y, en consecuencia, tiene que buscar otro derrotero para su realización; se ve forzada a trasladar hacia el centro de su vida esa “necesidad” del hijo, ya que sus necesidades vitales no han sido satisfechas; al contrario, han sido rechazadas:
“…Yo pienso muchas cosas, muchas, y estoy segura de que las cosas que pienso las ha de realizar mi hijo...”
Yerma anhela una iniciación, pero no se sabe capaz de lograrla fuera del círculo donde se desenvuelve. Ella, como Juan, no se atreve a saltar o barrenar los muros que le impiden vivir su propia vida. Y Juan ni está capacitado ni deseoso de iniciarse o liberarse ni solo ni junto a Yerma. Yerma ha de quedar Yerma:
“…Quiero beber agua y no hay vaso ni agua, quiero subir el monte y no tengo pies, quiero bordar mis enaguas y no tengo hilos…”

Luis Alejandro Contreras
  
Obra consultada:
Federico García Lorca, Obras completas. Aguilar, S. A. de Ediciones, Madrid, 1969.

Fotos: Margarita Xirgu (vistiendo de Yerma) y Federico García Lorca.
Carteles de la obra en 1934.
Grupo La Barraca.







MACARENA GIRALDEZ "LA BRONCE" YERMA

http://www.youtube.com/watch?v=HL4LaiGpQLg


© [Luis Alejandro Contreras Loynaz/LetrasContraLetras - contracorrientes]. Todos los derechos reservados. Fecha de creación del blog: 2007. ©

martes, 23 de agosto de 2011

Fragmentarias - Este año se inició con la escritura en un cuaderno que lleva por título Inscripciones en el dolmen.

© lacl 

Fragmentarias

Hace mucho que no descargo nada de mis cuadernos. Este año se inició con la escritura en un cuaderno que lleva por título Inscripciones en el dolmen. Iba muy cantado hasta que en él se descargara una nostalgia, lo que nos conminó a todos a guardar silencio: a la voz, a la mano, a las hojas, a los ojos, a la memoria y hasta a la gana. Luego de ese tiempo surgieron varios adagios en fila, hace algunas madrugadas. Los coloco ahora y, de seguidas, aquella nostalgiosa mirada que nos conminara a guardar silencio, entre otras pinceladas.

Salud!
lacl


* * * * *

Nada es para siempre, reza un lema.

Cuando nada es todo.

(Madrugada – 13 de agosto)

* * * * *

El lenguaje es una apuesta al esclarecer cargada de contrasentidos, de negaciones enquistadas en la afirmación.

(Madrugada – 13 de agosto)

* * * * *

Los hombres pretendemos develar el universo desde sus fundaciones.

Y armamos un complejísimo discurso que no pasa de ser elipsis.

(Madrugada – 13 de agosto)

* * * * *

Todo aquello que es corolario de una convención, ha partido de una mentira.

(Madrugada – 13 de agosto)

* * * * *

¿Crees que el universo tenga fin? le preguntan a un astrónomo. Y él respondió, acaso ingenuamente: “No lo sé; la luz viaja en el tiempo y tarda mucho en su regreso para darnos una respuesta.” Con lo que, sin darse cuenta, quizás quiso decir: el universo es infinitamente finito, por lo tanto, también es finitamente infinito.

(Atardecer – 15 de agosto)

* * * * *

Del borde del vaso se desliza una tímida lágrima fría, como para hacerle compañía a mi tenue y tibia lágrima viva.

¿Por quién se derrama esta gota de tristeza y conmiseración que, nacida de mis entrañas, ha aflorado a la pupila?

Me temo que por nadie y por todos, por esa ausencia de pulso que señorea a mi alrededor, por esa soledad sin hálito a la que unos a otros se condenan.

Mi soledad, que suele ser jovial y plumífera, hoy se ha visto arropada por un pesado manto de pena. Es como si me dolieran todos los poros de la vida.

Entregado me postro ante una montaña y contemplo la vivacidad que el breve atardecer confiere a la arboleda.

Sus amarillos y naranjas prenden un tostado fuego en el verdor de las retamas, en el ocre de los troncos y hasta en las zonas obscuras de la selva.

Un ave se interna en el bosque.

Obtengo mi respuesta: soy un pájaro.

(una tarde de junio…)

* * * * *

Cuando la tristeza habla,

el corazón hace silencio.

Acaso a ello se deba el largo silencio en el que se postró el mío, luego del bosquejo precedente.

(Anochecer – 11 de agosto)

* * * * *

Padezco de cierta jovialidad de origen. Y aunque de ella no reniego, reconozco que es por la espontaneidad de su irrupción en mí que, a lo largo de mi vida, hordas de amargados han venido a lanzar sus miasmas a la fachada de mi casa.

(esta semblanza es algo más añeja pero, como andaba huérfana, la he incorporado ahora a mi cuaderno)

* * * * *



Imágenes: 1. La luna desde El Ávila, camino de los españoles. 2. El cielo desde el litoral central, Arrecife. 3. y 4. Selene sobre Caracas

© [Luis Alejandro Contreras Loynaz/LetrasContraLetras - contracorrientes]. Todos los derechos reservados. Fecha de creación del blog: 2007. ©

lunes, 22 de agosto de 2011

Guarida de los poetas - Tributo a Federico García Lorca, con unas lorquianas...

















Guarida de los poetas

El pasado 19 se han cumplido 75 años del asesinato de Federico García Lorca. Con tal motivo añadimos algunos documentos con cante de su puño y letra, intepretados por Serrat, La Argentinita, Camarón de la Isla, Enrique Morente acompañado de las misteriosas voces búlgaras y un particular homenaje de Lola Flores recitando el Réquim por Federico, de Rafael de León.

Serrat sinfónico - Herido de amor, Federico Garcia Lorca

http://www.youtube.com/watch?v=yaPEkSRf6Vg

Amor, amor, que está herido,
amor, amor, que está herido,
herido,
de amor huido.
herido,
muerto de amor.

Decid a todos que ha sido,
decid a todos que ha sido
el ruiseñor,
herido,
muerto de amor,
herido,
muerto de amor.

Bisturí de cuatro filos,
bisturí de cuatro filos,
garganta rota,
y olvido,
cógeme la mano, amor,
que vengo muy malherido,
que vengo muy malherido,
herido,
de amor huido,
herido,
muerto de amor,
herido,
muerto de amor…

Lola Flores - Réquiem por Federico García Lorca

http://www.youtube.com/watch?v=olnLuhhCewI&feature=related

Poema de Rafael de León, Requiem por Federico.

Lo mataron en Granada,
una tarde de verano
y todo el cielo gitano
recibió la puñalada...

Sangre en verso derramada,
poesía dulce y roja
que toda la vega moja
en amargo desconsuelo
«sin paño de terciopelo
ni cáliz que la recoja».

(Por cielos de ceniza
se va el poeta;
la frente se le riza
como veleta.
Toda Granada
es una plazoleta
deshabitada)
«Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos».
En la palma de sus manos
como un niño lo traían...

Las mujeres se partían
los volantes de la enagua,
y el Darro bailaba el agua
en amargo soniquete
que sonaba a martinete
y a cante grande de fragua...
(¡Encended los faroles;
romped el velo;
bailar por "caracoles",
que viene el duelo!
¡Como una espada,
llevadlo, así, entre "oles"
por su Granada)
Dónde vas tú buen amigo
quédate aquí con nosotros;
están soltando los potros
junto a lo verde del trigo...

Están soñando contigo
borrachos de calentura,
los toritos de miura
sedientos de primavera
y hay una boca que espera
morderte labio y cintura...

(Desnúdate deprisa,
que vengo herido;
quédate con la risa
como vestido...
Quiero beberte
y que luego dormido
venga la muerte...)
«Rosa de los Camborios
gime sentada a la puerta»
medio viva y medio muerta
entre paños mortuorios.

A la luz de los velorios,
con pena de jazmín chico,
muestra sus pechos helados,
heridos y acuchillados
lo mismo que Federico.

(¡Que doble, bronce y plata,
la Vela, Vela,
que se ha muerto la nata
de la canela!
Mi bien amado
de limón y ciruela
va amortajado...)

«Hijo, ¡hijo con un cuchillito
que apenas cabe en la mano»,
de tu romance gitano
cortaron la flor del grito!

¡Ay, qué dolor infinito
de pedernal y de rosa;
voy y vengo como loca
sin que consolarme pueda
porque ni un hijo me queda
para llevarme a la boca!

(Aquel traje de pana
que se ponía...
Aquella faja grana
que se ceñía...
¡Tanto cuidarlo,
y una flor de canana
para matarlo!).
(¡A la nana, mi niño,
que es madrugada...!
¡A la nana, mi niño,
flor de Granada!
¡Si yo pudiera
quedarme embarazada
yo te pariera!)
«Antonio Torres Heredia
Camborio de dura crin»,
llora al filo de la media
noche por el Albaicín...

Suena la voz de un muecín
delgada como una fuente,
y por el aire de oriente baja,
una paloma alada,
para besarle la frente
al poeta de Granada...

(¿A dónde vas, amigo,
con tu secreto?
Te llevarás contigo
flor y soneto...
¡Cómo gemía, cómo gemía
dentro de su esqueleto
la poesía!)

Federico García Lorca y La Argentinita - Nana de Sevilla - Grabación original en pizarra a 78 rpm

Este galapaguito
no tiene mare;
lo parió una gitana,
lo echó a la calle.
No tiene mare, sí;
no tiene mare, no:
no tiene mare,
lo echó a la calle.

Este niño chiquito
no tiene cuna;
su padre es carpintero
y le hará una.


http://www.youtube.com/watch?v=rPScsaW0RYk&feature=related

Romance de la luna - Camarón de la Isla

http://www.youtube.com/watch?v=G03oGsAz3ZM&feature=related

La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira mira.
El niño la está mirando.
En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.
Huye, luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.

Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.
Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado.

El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene sus ojos cerrados.
Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.

Cómo canta la zumaya,
¡ay, cómo canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con un niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando.


Enrique Morente y las maravillosas voces búlgaras - Campanas por el poeta

http://www.youtube.com/watch?v=7pxdBdn8Yhw&feature=related