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La anotación que sigue más abajo la escribí el lunes 29 de junio, pero sumidos en el despropósito y la colosal desazón sufrida por todos nosotros con los terremotos del día de San Juan y de la Batalla de Carabobo, primero vacilé y luego no pude publicarla. No me gusta caer antipático y mucho menos tengo la intención de hacerlo, al contrario, me encanta la concordia. Pero hay momentos en que expreso las cosas de una manera que se entiende mal en su intención. Cuando uno solicita hacia su causa una comprensión, en ocasiones, termina generando una incomprensión. Sucede en todos nuestros ámbitos y pasajes, hasta en la mesa familiar. Ello me ha llevado a pensar que debemos siempre morigerar nuestra expresión. Y aún así, corremos el riesgo de obtener una incomprensión cuando buscábamos una indulgencia.
lacl, 5 de julio de 2026.
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Mis queridos poetas de nuestra querida Tierra de Gracia. Cultivo el mayor de los respetos para su labor con la palabra. Yo amo la poesía y, sobre todo, a su madre susurradora, la Diosa Blanca. La poesía es mi única religión posible, lo adelanto. Pero, ¿qué les parece si dejamos de lado, aunque sea por unos días, nuestros "bellos como iluminados" y nos apiadamos un tanto más de la dura realidad que están sufriendo tantos compatriotas debajo o ante montañas de escombro?
No estoy pidiendo que echemos a tierra las armas de la poesía, ni que dejemos de lado sus argumentos y, sobre todo, sus apariciones en nuestras humildes vidas. Tan sólo clamo por algunos gramos más de empatía en ese corazón por el que fluye el sentir poético. Si, como dijera alguna vez Ungaretti, el poeta es un hombre que lo siente todo, tiendo a pensar que un poeta es aquel ser que panteísticamente es un poco de cada ser, de cada ente, un poco de todo lo que nos rodea. Incluso es perfectamente comprensible que se necesite por fuerza escribir un poema ante el dolor que nos causa esta recientísima hecatombe, un poema tal que no sería escrito por la voluntad, sino por la ansiosa necesidad. Pero acaso sea una razón de fuerza mayor la que me susurra que en estos cantos no habría cabida para "los bellos como iluminados".
Y sin embargo dejaré constancia de mi respeto a la manera en que cada quien desee expresarse en estos días tan aciagos para nuestra comarca. In Vino Veritas, salud a todos, por todos y para todos.
lacl, 29 de junio de 2026. La frase entre comillas es parte de Altazor, aquel ya lejano poema de Vicente Huidobro.
Pusieron preso a tu marido, Guillermina
Pusieron preso a tu marido, Guillermina
Y se lo llevaron a una fuerte prisión
Y como Guillermina quería tanto a su marido
Fue a la cárcel a cantarle una canción
Fue a la cárcel a cantarle una canción
Murió mi madre y yo estaba ausente
Murió mi madre y yo estaba ausente
Yo ausente estaba, no la vi
Pero me dice mi padre que en su agonía de muerte
Alzó su mano y me bendijo a mí
Alzó su mano y me bendijo a mí;
Niña del campo que corta flores
Niña del campo que corta flores
De no me olvides y de azar
Corta una rosa de dos colores
Para mi amada que está al llegar
Para mi amada que está al llegar
Niña que bordas la blanca tela
Niña que bordas la blanca tela
Niña que tejes en tu telar
Bórdame el mapa de Venezuela
Y un pañuelito para llorar
Y un pañuelito para llorar.
Dejo aquí al link para quien lo quiera escuchar en su red YouTube:
https://youtu.be/L-nebnKVyVI?si=oWddeJwXxZmhh4e9
Se llamaba Guillermina; muy amada fue y muy amorosa también.
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MALAGUEÑA MARGARITEÑA GUALBERTO IBARRETO
Nota bene: Hay que disfrutarla en su red de origen, haciendo clic donde dice "Mirar en YouTube"
I.
Una noche de encanto y poesía
Tu alma amor juraba con pasión
Se inclinaba María de rodillas
A rezarle a la Virgen del Valle una oración.
II.
Triste paloma con tu pluma blanca
Que vienes a dormir a mi ribera
Y yo le pongo para que descanse
Una hermosa y lindísima palmera.
III.
Serena está la mar y azul el cielo
Luego buscarás mi corazón sirena
No puede ir pues se encuentra enferma
Que la han herido con la flecha voladora.
IV.
Ave que cruzas el espacio libre
Batiendo sin cesar tus alas de oro
Si llegas a cantar donde ella vive
Dile cantando que por ella lloro.
V.
No me obliguen que cante que no puedo
Me duele el alma me duele el corazón
Se me acabó la voz y el resuello
El canto me oprime la respiración.
Dirige Claudio Abbado
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