Nunca me ha causado beneplácito la palabra concurso, por la sencilla razón de haber yo nacido en el ombligo de una época en la que el con-curso ha sido conceptuado y difundido como una desaforada carrera por llegar a una meta antes - y a como dé lugar- que cualquier otro par, condición que ha desvirtuado totalmente la nobleza que radica en la concurrencia de personas que han dedicado sus vidas a, por ejemplo. los estudios humanísticos o, al menos, a algunos asuntos específicos dentro del amplísimo temario que comprende el humanismo.
Supongo que malas artes o mala praxis no son inventos de la modernidad. Supongo, además, que la palabra filtro ha de haber sido usada o manipulada desde la era antigua de un modo intencionalmente subliminal.
Pero no me imagino a un coro de jueces diciéndole a Eurípides que no puede participar en la contienda teatral del año en curso, por medio de una carta en la que abunda una vacancia de bien sustentadas razones. Sin embargo, ¿qué duda cabe? es más que probable ( por no decir seguro ) que la humanidad se haya perdido algunas cuantas obras maravillosas, debido a esa praxis de unos modales intencionalmente subliminales.
Para un acercamiento interior (o internalización) de o a la noción de laberinto. La interiorización no ha de ser asumida desde la óptica interpretativa que basa sus fundamentos sobre las premisas de un discursivo entendimiento sino, por así decir, permitiendo que el espíritu razone; razón mayor, a la cual se le abren los portales con la humildad de quien, sabiéndose parte del todo, sabe que no es el dueño de la razón ulterior.
Salud, lacl.
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Laberinto
Construcción arquitectónica, sin aparente finalidad, de complicada estructura y de la cual, una vez en su interior, es imposible o muy difícil encontrar la salida. Jardín dispuesto en igual forma. Los textos antiguos citan cinco grandes laberintos: el de Egipto, que Plinio sitúa en el lago Mocris; los dos cretenses, de Cnosos y Gortyna; el griego de la isla de Lemnos; y el etrusco de Clusium. Es probable que ciertos templos iniciáticos se construyeran de este modo por razones doctrinarias. Plantas de laberintos, diseños y emblemas de los mismos aparecen con relativa frecuencia en un área muy amplia, en Asia y Europa, principalmente. Algunos, se cree, habíanse dibujado para engañar a los demonios y hacer que entraran en ellos, quedando presos en su interior. Supónese, pues, ya en los pueblos primitivos, que el laberinto posee una cualidad atrayente, como el abismo, el remolino de las aguas y todo lo similar (8). Sin embargo, según Waldemar Fenn, ciertas representaciones de laberintos circulares o elípticos, de grabados prehistóricos, cual los de Pena de Mogor (Pontevedra), han sido interpretados como diagramas del cielo, es decir, como imágenes del movimiento aparente de los astros. Esta noción no contradice la anterior, es independiente de ella y hasta cierto punto puede ser complementaria, pues el laberinto de la tierra, como construcción o diseño, puede reproducir el laberinto celeste, aludiendo los dos a la misma idea (la pérdida del espíritu en la creación, la ≪caída≫ de los neoplatónicos, y la consiguiente necesidad de buscar el ≪centro≫ para retornar a él). Una imagen de la obra De Groene Leeuw, de Goose van Wreeswyk (Amsterdam, 1672), muestra el santuario del lapis alquímico circulando por las órbitas de los planetas, figuradas a modo de muros que dan lugar a un laberinto cósmico (32). El emblema del laberinto fue usado con frecuencia por los arquitectos medievales. El acto de recorrer el laberinto figurado en el suelo, en un mosaico, se consideraba. como sustitución simbólica de la peregrinación a Tierra Santa (28). Unos laberintos en forma de cruz, que se conocen en Italia con el nombre de ≪nudo de Salomón≫, apareciendo muchas veces en la decoración céltica, germánica y románica, integran el doble simbolismo de la cruz y del laberinto, por lo que se suelen entender como el ≪emblema de la divina inescrutabilidad≫. En el centro del diseño así constituido no es difícil advertir la esvástica, que enriquece el símbolo por alusión al movimiento rotatorio, generador y unificador (4). Según Diel, el laberinto simboliza el inconsciente, el error y el alejamiento de la fuente de la vida (15). Eliade señala que la misión esencial del laberinto era defender el centro, es decir, el acceso iniciático a la sacralidad, la inmortalidad y la realidad absoluta, siendo un equivalente de otras pruebas, como la lucha contra el dragón. De otro lado, cabe interpretar el conocimiento del laberinto como un aprendizaje del neófito respecto a la manera de entrar en los territorios de la muerte (17). El laberinto se puede experimentar en la realidad de los dédalos de una ciudad desconocida, en especial de las ciudades antiguas u orientales. Nerval tuvo la obsesión del laberinto y en sus obras prueba haberlo experimentado de este modo, como pérdida en un mundo que es equivalente al caos.
El texto es conmovedor, así como el gesto de Milagros de haberlo enviado por un chat. Pero en realidad la nota no fue escrita por ella, sino por nuestro querido José Pulido. La confusión vino debido a la intempestiva partida de Milagros Mata-Gil de este plano. Habíamos conversado sobre un proyecto que a ella se le ocurrió, un libro en colaboración sobre asuntos poéticos, y que nos pidió considerar al poeta Ramón Ordaz y un servidor. En principio, a ambos nos sedujo la propuesta, aunque yo con las reservas del caso, puesto que no soy un crítico entregado a la materia, sino un lector entregado al gusto por la lectura. Lo cierto es que ella dispersó toda duda que pudiéramos tener. Pero no habían corrido muchos días desde que comenzamos a madurar la idea cuando se presentó el repentino agravamiento de Milagros y su casi inmediata partida de este plano. Lamentablemente yo había perdido el hilo de las conversaciones con Milagros. Así que, seguramente, al recuperar este texto enviado por ella a un chat grupal y sin atribución a otro autor, deduje que el mismo, a medio camino entre la glosa, la crónica y el gusto por la poesía había sido escrito por ella. Milagros compartía generosamente en los chats grupales mucho contenido literario, crítico y artístico. Dictó cursos como aquel, inolvidable, sobre James Joyce, igual y tristemente perdido para mí.
En fin, me la imagino diciendo alguna de sus ocurrencias si se hubiese enterado de mi confusión, un gesto imposible dado que publiqué esta entrada un mes después de su partida. Démosle gracias nuevamente porque, sin querer queriendo, me puso a cumplir otra deuda, como es la de publicar otro gran texto de José en el blog, pues tengo algunos en el borrador.
Salve Miraculum.
(lacl)
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TEXTO ORIGINAL:
Un texto conmovedor de Milagros; una de las últimas cosas que nos compartió por un chat de lectores en el que nos compartía otras maravillas. Un texto que muy bien vale la pena ser leído y que compartimos como un sentido tributo a Milagros. Salud, lacl
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Milagros Mata-Gil
(Mayo, 2023)
"Algo que escribí hace muchos años para Andrés Eloy Blanco"
(MMG)
REENCARNADO
¿Y si reencarnó y es un mariachi?
Un mariachi con una trompeta. Uno de los cientos de mariachis que afinan, que tocan, que esperan a sus clientes en la Plaza Garibaldi. Las cámaras turísticas retratándolo, captando y congelando el gesto de un músico que se queda con la trompeta levantada y el rostro confundido.
Tiene que repetir cada cierto tiempo ese gesto angustioso, sobre todo cuando recorre la calle donde ocurrió el accidente el 21 de mayo de 1955. Esa desazón.
“¿Por qué me duele la cabeza cuando paso por aquí? ¿por qué siento deseos de expresar tristeza al doblar esta esquina?”.
El mariachi amanecido, buscando el último taco antes de irse para la casa, la trompeta guardada en el estuche de cuero agrietado, con su interior de trapo verde billar. El mariachi sentado en el autobús donde los pasajeros de la madrugada dejan caer las cabezas hacia el respaldar del otro. Todos aprovechando para dormitar y él sin poder hacerlo porque en las arcillas recónditas de su memoria hierve un géiser incómodo.
“Es que no puedes seguir siendo tan sensible, Paquito”, le dice el guitarrista cada vez que lo mira clavado en la acera sin poder moverse, contemplando a una mujer desharrapada que podría estar muerta. El pantalón transformado en una prolongación de la calle, con jirones revelando una piel cenicienta que no tiembla, no atrae a los hombres, no despierta ternuras maternales o fraternales en las mujeres. Ni siquiera un forense la miraría dos veces. Más allá hay otra mujer harapienta, enloquecida de hambre y desilusiones.
¿Y si reencarnó en un mendigo o en una mendiga? ¿Y si no reencarnó? ¿Y si está allí, acostumbrado a una quietud, ensimismado, respirando en su poesía?.
Surgen tantas preguntas con sólo ver su fotografía de flaco narizón. Esa mirada suya, quemada por lo irremediable, con el alma vuelta y vuelta encima de las brasas, dejando escapar aromas de atavismos populares.
Esa nariz de pájaro atrapado por el hechizo del mestizaje mientras las palabras fluyen en bandadas y se van a posar sobre las líneas eléctricas del barrio.
Esos grillos carcelarios paralizándolo en el estrecho calabozo donde está condenado a cadena perpetua por haberse comunicado nítidamente con los seres humanos más sencillos y haber usado la rima en un continente musical y absurdo donde los esclavos bailaban y cantaban al son del látigo, a pesar del látigo.
Esa cara con ganas de preguntar. Ese gran preguntador vestido con su traje de lino blanco (¿Dónde está mi traje?) a lo mejor flota como un susurro por la Caracas del nuevo milenio o por el México del nuevo milenio preguntándole a cada indigente, a cada mendiga ¿Cómo te llamas? ¿Eres la loca Luz Caraballo? y ellas respondiendo “No somos” y él insistiendo “Sí son”.
¡Ay! esas madrugadas de México y Venezuela, saturadas de niños dormidos en los quicios, en las escaleras, en los porches de los edificios abandonados por la quiebra de empresas, de bancos, de familias. Los hijos de todos etcétera y etcétera. Esos amaneceres repletos de mujeres engurruñadas, amuñuñadas, bultos sin sueños y sin besos. Miles de locas Luz Caraballo ¿no? miles y miles ¿no? y un solo Andrés Eloy Blanco ¿no?
La pobreza siempre como una marca, como un eslogan, como el logotipo de este continente, de este territorio ecológicamente propicio para las injusticias. Nadie como que se acuerda del poeta, nadie como que saca uno de sus poemas y lo lee rimbombante en este mes de mayo. Por todas partes andan las locas y los locos, los niños y los pobres, esperando convertirse en palabras. Son carne de escritura, de discursos, de campañas interminables.
Están allí para avergonzar a todos los presidentes habidos y por haber. Son el poema que la sociedad escribe a su pesar. Probablemente él ha reencarnado en un músico de la noche, en un músico desfasado.
Un mariachi con la trompeta levantada tratando de recordar las notas melancólicas y difíciles del juicio final.