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jueves, 14 de abril de 2016

Beethoven no. 9. - Una creación signada por la angustia - Bernstein

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Si una creación he sentido alguna vez en mi vida como signada por la angustia, es esta memorable Sinfonía Novena de Beethoven; es angustia casada con la melancolía, con el delirio y hasta con el sosiego. Me siento, a la vez, signado con ella: viviendo la angustia en vías hacia la exaltación…
(lacl)

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Fragmento de carta a su amigo Franz Wegeler:

“Un demonio envidioso, mi mala salud, me ha jugado una mala pasada, quiero decir que desde hace tres años mi oído es cada vez más débil, mis orejas zumban continuamente, día y noche. Llevo una vida miserable, desde hace casi dos años evito cualquier compañía, porque no puedo decir a la gente: -Soy sordo.

Si tuviese cualquier otra profesión, la cosa sería más fácil, pero con la mía es una situación terrible. Para darte una idea de esta extraña sordera, te diré que en el teatro tengo que colocarme muy cerca de la orquesta para oír a los cantantes.

Los sonidos agudos  de los instrumentos y de la voz, si están un poco lejos, ya no los percibo, es maravilla que, al hablar conmigo, la gente no se dé cuenta de mi estado. Como siempre fui muy distraído lo achacan a eso. Lo que sucederá ahora sólo el cielo lo sabe”.


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https://www.youtube.com/watch?v=IInG5nY_wrU

miércoles, 13 de abril de 2016

Carta de Albert Camus a su maestro de primaria, Monsieur Germain / Albert Camus - Discours de réception du prix Nobel, 1957

© lacl


Con motivo de haber recibido el premio Nobel, Camus demuestra un agradecimiento que mucho habla de su calidad humana...



París, 19 de noviembre de 1957.

Querido señor Germain:

Esperé a que se apagara un poco el ruido que me ha rodeado todos estos días antes de hablarle de todo corazón. He recibido un honor demasiado grande, que no he buscado ni pedido. Pero cuando supe la noticia, pensé primero en mi madre y después en usted. Sin usted, sin la mano afectuosa que tendió al niño pobre que era yo, sin su enseñanza y su ejemplo, no hubiese sucedido nada de todo esto. No es que dé demasiada importancia a un honor de este tipo.

Pero ofrece por lo menos la oportunidad de decirle lo que usted ha sido y sigue siendo para mí, y de corroborarle que sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que usted puso en ello continuarán siempre vivos en uno de sus pequeños escolares, que, pese a los años, no ha dejado de ser su alumno agradecido.

Lo abrazo con todas mis fuerzas.

Albert Camus.

Albert Camus - Discours de réception du prix Nobel, 1957


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Nuestro justificativo existencial: seres vitrina.

© lacl 


Hace mucho tiempo que tiempo no tengo para echarme en un chinchorro, pues en mi casa los chinchorros murieron de soledad y senectud, pero también (¿por qué no decirlo?) de un poco de lluvia, viento y sol. Tampoco dispongo de un muelle o cómodo lugar para echarme a escribir distraídas y explayadas cuitas, menos aún para inventarme fábulas que hagan de mi ’no muy querido yo´ un ser aunque sea un tanto apetecible. 

Por lo demás, el panorama actual, (que más que panorama ha resultado ser vergonzoso melodrama colectivo de pueblo y gentes SIN MEMORIA) me ha inducido a tomarme las cosas con calma. ¿Por causa de qué o de quién? Debo confesar que (a ciencia cierta) no lo sé, pues no cuento con el instrumental requerido para identificar qué sea eso que distingue a un ser tocado de espíritu, de un ente inerte y sin sentido. Por fortuna, desde que tuve alguna noción de pensamiento he vivido en la certeza de que todas las cosas en la vida están vivas y tocadas de realidad y sentido, aunque ellas "no lo sepan". Y en virtud de ello he vivido esto que podríamos calificar como “mi vida”. Si al final del camino la he vivido entregada y enteramente es y será un asunto que no me toca a mí juzgar pues, las palabras, palabras son, y tienen menos valía que un golpe de brisa en la cara.

Menos me atrevería yo a juzgar a nadie, con la excepción, acaso, de un asesino o un torturador pero, eso sí, también con la excepción de un ser sin un gramo de compasión en el pecho, esos inocentes y desapasionados seres a los que, al parecer, no les corre una gota de sangre por las venas, aquellos a los que la vida no les dice nada cuando no toca el sagrado templo de su amado yo. Porque los seres que no han tenido (ni, por desgracia, tendrán) noticias de la compasión, nunca en la vida sabrán lo que es dar sin esperar nada a cambio. No pueden percibir lo que reciben. Y menos podrán tener experiencia de lo que es una solícita y entregada expiación. No se llega a ningún puerto sin ellas cuando se vive sojuzgando. Y es un absurdo que hablen de amor y sentimientos, entre otras esencias del espíritu, cuando en su propio campo no hay espacio para el condoler. Vivimos (grosso modo) amando nuestro ombligo. ¿Y qué es eso que miramos (aparte de esa precaria belleza de la que, con forma de laguna, me creo amo y señor) sino un hoyo de espejismos?

Diré más: es que ni siquiera se llega a un país de hadas engañosas. Se llega es a la pura y redonda mentira. La mentira que sostiene las piernas de los mentirosos. Si soy un mentiroso o una mentirosa ya sabemos dónde ha echado raíces el árbol de nuestro conocimiento. Y acaso luzca muy encantador diseminar palabras como si se estuvieran diseminando mieses de realidades, es decir, sembrar, a los cuatro vientos nuestra mentira de vida. Nuestro justificativo existencial. 

Aquello que nos permita decir: he vivido una vida de saturada entrega y desprendimiento. He vivido para los amados seres de que me he rodeado y que los hados tuvieron la gracia de poner en mi camino.

Pero yo les digo: ¡Eso son pamplinas! ¡Un rosario de mentiras entretejido para rezar otro rosario de mentiras! Pues, es muy fácil inventarse un país de hadas lisonjeras. Un país en donde yo soy ejemplo de santidad y todos los demás no son más que el remedo de tristes pecadores. Lo que no resulta fácil, ni grato, ni cómodo es ponerle la cara y el pecho a la vida cuando ésta nos lo exige. Muchos salen corriendo. Todos. Bueno, todos no, pero casi todos, toman entonces los caminos de Villadiego. Y como suele decir mi madre: “…paticas, para qué te tengo…”   Y es cuando llega la hora de los “… Bueno, tengo que irme al trabajo … Se hace tarde ... Fulanito me ha pedido hoy que le hiciera un favor que sólo yo le puedo hacer ... Yo no me puedo quedar … Mañana tengo que amanecer en no sé dónde ...”

Y a la hora del té nadie puede tomar té, pues lo que se ha hecho es levantarle altares a la abstinencia. Grosso modo (repito) abundan los seres abstinentes. Seres que se abstienen ante la vida, pero que dictaminan, con pelos y señales, lo que ella ha de ser y la manera como han de vivirla el resto de los mortales.

Y es por causa de una invasión que esta breve glosa ha nacido.

La invasión de las vitrinas.

Pues eso es lo que ha proliferado en la nación (si es que todavía pudiéramos atrevernos a tildarnos de nación), en este asfixiante colectivo que nos rodea muy de cerca…

Seres vitrina.

Vitrinas con piernas, tacones y suelas.

Vitrinas con anteojos y frenillos, con agenda y prendedor.

Un ambulante muestrario donde exponer una belleza de arlequín.

Fingimiento puro.

Lo repito: FINGIMIENTO PURO.

Y es de esa única pureza de la que podemos vanagloriarnos:
la del fingimiento, la de la irrealidad, la de la falsía, la del disimulo.


Todos hablando paja. De los amores perdidos. De la vida no vivida. De lo que debimos hacer y no hicimos. Y ya.

Todos tan redimidos.

Medianoche, 12 al 13/04/2016




Cuán lejos de la vida sencilla plasmada por Van Gogh...

Otra suya...





Al menos es una gracia saber que podemos contar con la Diosa Blanca, pues ella no miente, ella habla la lengua de la certeza, la certeza del corazón...

© [Luis Alejandro Contreras Loynaz/LetrasContraLetras - contracorrientes]. Todos los derechos reservados. Fecha de creación del blog: 2007. ©

lunes, 11 de abril de 2016

stormy blues ~ Billie Holiday

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"...Puedes ir vestida de raso, con gardenias en los cabellos, y no ver una caña de azúcar en kilómetros a la redonda y aun así seguir trabajando en una plantación..."
 

Billie Holiday



viernes, 1 de abril de 2016

Entera y verdaderamente desnudos. / Messiah - A Sacred Oratorio, Handel - conducted by Sir Colin Davis / Maria Bethânia -Tá Combinado - Negue / Jirafas blancas y otros raros sucesos en el cielo

 © lacl 
De uno de mis cuadernos...


Hay días de nuestras vidas que, en apariencia, transcurren vacíos de carga o de sentido. Las horas pasan lentamente, con sigilo, como gotas cayendo de un alero, después de una tormenta que ha dejado solitaria y taciturna la ciudad. Sentimos la vacuidad de nuestra hora vencida, que se va sin despedirse y no nos duele su partida. Sucede que estamos exhaustos, hastiados de luchar con la absurda misión de justificar el absurdo. Nos dedicamos al sueño, al olvido. Nos entregamos al abandono y nos recuperamos en la entrega. Todo se hace tarde, el tiempo se alarga, el espacio se ensancha, cobra fuerzas. Pero nada nos preocupa, si hemos sabido guindar nuestra piel en el armario y hemos tomado previsión de abjurar, por el momento, de nuestro juego de afeites, poses y ceños. Nuestra casa, recinto del cuerpo, cobra su lugar. Desayunamos luego de que ha pasado la hora del almuerzo y es el mejor desayuno de nuestras vidas, porque lo salpimentamos con las imágenes, fantasías y ensueños de tres o cuatro vívidas visiones que nos rondaran lisonjeras, mientras nos refocilábamos con la somnífera hora del dormir. Un vago impulso nos dice que deberíamos hacer algo, pero no nos dejamos intimidar, aunque nos decimos: está bien, voy a organizar el desorden de los discos, por ejemplo. Y ponemos algo de música, en el ínterin, y prosigue la labor de reconciliación y comunión con el mundo que trasciende nuestro humano paso. Y aunque la música nos induce a reconciliarnos, también, con la memoria, ello no nos lleva al borde de un abismo, ni a padecer una lucha entre contrarios, pues la música es una aliada perfecta de esos días aparentemente vacíos de carga o de sentido.
Y así, las horas siguen danzando su ritual del adiós, mientras nosotros damos gracias al cielo de poder andar entera y verdaderamente desnudos.

lacl 22 de agosto 2010














Y algo más allegado a la piel... 






Jirafas blancas y otros raros sucesos en el cielo
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