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sábado, 17 de diciembre de 2022

(IN IL MEZZO DEL CAMIN), lacl. / Galería de Orfeo o de la lira: Are You going with me?

 



(IN IL MEZZO DEL CAMIN)


Desasosiego.

Inevitable su irrupción en mí

en este preciso momento,

cansado como estoy de contar con los dedos,

cansado de pulir mis zapatos y

de no querer hacerlo,

de dejar de hacerlo para que ellos

atestigüen sobre mi podredumbre.


Natural y hasta comprensible esta hora

de hastío y arrobamiento que rebasa

mis defensas.


Abruptamente he topado con aquel lejano

dolor adolescente ante la interminable sucesión

de rostros sin facciones

que deambulaban por las calles,

mis añoradas y vaciadas calles.

Braceaba por no ahogarme

en aquel mar inmenso de

desasosiego.


Buscaba, buscaba.


Pero nunca encontré otra cosa que

rostros enmascaradamente alegres,

tímidamente serios,

falsamente respetuosos o risueños.

Casi lloraba ante todos y ante todo

al no poder barajar qué era o qué no era

mi presencia extremadamente sensual y corpórea,

porosa y extática,

entre una innumerable multitud

en beligerancia perpetua

contra su ineluctable sombra infinita.

Pero un nudo sellaba mi pecho

y otro portaba en la garganta.


Me alumbraron en el jardín postizo

de un sobre-poblado circo,

una tramoya de telas levantada -en tan sólo tres días-

en el más apartado recodo de una olvidada parcela

del inmensurable cementerio mecánico.


Me creía loco

porque no calzaba 

ningún número.

Me creía loco

por una imperturbable y maniática tendencia

de querer desandar las enseñanzas sin misterio,

por el anhelo de ver con mis ojos

y no con el ciego anhelo con el que otros ojos vieron.


Era un sobrante,

un amante silencioso.

Me abstenía.

Porque me creía loco.

Adoraba las migajas de pan

tanto como salir a caminar

cuando llovía.

Gustaba ir al cine por las noches,

me introducía en las gentes como en las imágenes

y luego barajaba todo en el camino a casa,

armaba historias ni más ni menos ilusas

que las historias fílmicas,

ni más ni menos sumidas en el ensueño 

de vida de las gentes que observaba

en las funciones,

ni más ni menos ilusas que la mágica, 

gozosa y piadosa soledad 

del regreso a mi guarida.


Porque estaba loco,

ardorosa y crepitantemente loco.

Pero,

me creía loco y, a fuerza de creerlo,

deserté un día.

Abandoné la búsqueda.

Comencé a mirar cada objeto, 

cada forma, 

cada cosa,

en una fría y restringida sucesión de líneas,

como un fin en sí.

Olvidé mis preguntas.

Aprendí a olvidarlas deteniendo mis ojos

en las vitrinas de los negocios.


Fue un arduo trabajo.

Rigurosa templanza.

Fuelle y martillo forjaron en mí

la apariencia broncínea.

Y aprendí a mirar los rostros como a vitrinas.

Conseguí un suiche donde encender las sonrisas.


Mas ahora, finalmente, recibo esta nueva oleada

de desasosiego.

Porque he perdido el suiche

y de nada vale que, a tientas, lo busque en este tiempo

de absurda y enceguecedora claridad.

Porque en esta hora de trance

me acorralan mil imágenes,

porque me harté de vitrinas

y de los rostros sin facciones.

Y no tengo adónde ir, 

ni me preocupa demasiado.

Porque tuve que apurar el vino incierto de la ética,

tuve que hincarme de rodillas

ante la limpia honorabilidad del dinero

y besar sus pies inmaculados. 

Bendita sea esta nueva oleada de desasosiego,

porque sé que se avienen días de náusea,

porque he atisbado la hora de detener la máquina.


Porque, en la lejanía, vislumbro el rostro

ante el que habré de detenerme.


.

Este y una colecta de unos veinte o treinta textos que le acompañan, vienen de una serie de intentos, amagos y borrones de un muy añejo cuaderno que lleva por título "Libro de trance y hallazgo", nombre que, al día de hoy, a un servidor le luce algo altisonante, pero que no cambio en honor a la veracidad. Aunque al principio reza “In il mezzo del camin”, en clara alusión al famoso pasaje de la Divina Comedia y el estadio o edad en la vida de una persona, no significa que lo haya escrito a la edad en que se presume se fijaba por aquellos días “il mezzo del camin”, que era alrededor de los 35 años. estaba yo algo más joven. En realidad, el verso de Dante nos sirvió de apoyo para un decir “Adiós a todo eso”, un poco a la manera en que Graves despachaba aquello que había vivido hasta cierta fase de su vida; en un momento en el cual uno llega a una encrucijada que sabe ya, definitiva, y por la que -en consecuencia- toma el camino que le ha estado aguardando toda su vida, el momento en que, si bien no sabes lo que eres o quien eres, sabes muy bien hacia donde irás y a quién o qué honrarás, al menos, en lo que íntima y personalmente significa tomar las riendas de la propia vida; envite que no se asume con orgullo o soberbia, sino con clara entrega a la misión que se reitera o redescubre en esa encrucijada de la vida y no en otra...


Salud!

lacl


Una estampa del ayer. 


Guarida de Orfeo

A Sebastián 


Agrego esta belleza musical, que me acompaña desde que la escuchara por primera vez. Le decía hace pocos días a mi hijo (quien fue quien me la trajo a la mesa) que es creación que invita a saltar del aburrido carrusel de los caminos cerrados y sin vida en que se convierten, en veces, nuestras rutinarias existencias. Saltar del tedioso y reiterativo OCHO en que desembocan nuestros días, como senderos en los que giramos sobre nosotros mismos, sin permitirnos el goce y regalo de viajar la vida, de vivirla como eso que es: un viaje sin derrotero ni rutas preconcebidas. La vida es un camino abierto como la brisa sobre la que vagan las nubes. 

Are you going with me?













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