© lacl
Hoy vuelvo a recordar a mi Madonna con el niño entre sus brazos. Su aparición en mi vida hizo las veces (y las sigue haciendo) de deslumbrante epifanía que ha marcado mis latidos desde aquellos días de septiembre de 1990, cuando la vi postrada en aquella añeja esquina caraqueña con esa pobre criatura en su humilde y desatendido regazo. De alguna manera, aquella aparición cobró la forma de una revelación; la manifestación de una verdad soslayada, como el secreto a voces del que una familia no quiere hablar, o el estigma o tara inconfesable que nadie quiere anteponer frente a un espejo. Es como si la imagen de Madonna y niño hubieran zurcido otra imagen sobre un tejido mayor: la del abandono y rechazo de un país sumido en su autonegación durante los últimos cuatro decenios, aunque el cuarto de ellos no haya culminado todavía su decurso. El conato o intentona de poema le he publicado antes en el portal o blog, bajo diversas circunstancias, y es lo que me impulsa a decir lo ya antedicho.
Dejaré, entre comillas, las palabras escritas hace unos cinco años en memoria de aquella epifanía.
lacl
"...El poema o conato de poema (como solía llamarles el admirado Borges y es costumbre a la que me pliego) es un texto de fecha incierta, aunque es del año 1997, siete años después de aquella cegadora mañana en que, dirigiéndome a la Dirección de Literatura en las Torres de El Silencio (a la que había renunciado inexorablemente), para buscar algunas pertenencias, se me apareció ese dúo de la pobreza: la india echada en el suelo, una Madonna con el niño entre sus brazos. Yo no sabría decir quién estaba más famélico de los dos y, al día de hoy, aún me culpo por no haberla asistido allí mismo, de darle mi mano, mi brazo, y mi cuerpo, en lugar de seguir mi camino a ese atolondrado lugar donde mucha gente fingía ser buena y estar haciendo labor en pro de la cultura y pamplinas tales como les encanta perorar a los burócratas de la cultura. Lloré al regresar y no verles allí. Volví luego varias veces en los días subsiguientes, pero más nunca les vi.
Siete años después volví a pasar por ese rincón en las afueras del templo, donde -por supuesto- el sagrado lugar seguía vacío; luego me interné en el templo de San Francisco.
Lo demás es historia y memoria que acá dejo…" (*)
(lacl)
***
Madonna de San Francisco
Ninguna palabra, ninguna lengua,
ninguna letra han sido creadas
para describir tu aparición
a un lado del templo
de San Francisco,
con ese triste remedo
de niño Jesús entre tus brazos,
con sus ojos pletóricos
de un vacío de muerte
lleno de vida.
Ninguna palabra, ninguna lengua,
ninguna letra han sido creadas
para darle color a tu presencia,
ni a la plástica única e irrepetible
de tu mirada,
inquiriendo de un modo tan irresistible
que nadie estaba dispuesto
a advertir,
ni a tus ojos pletóricos
de un vacío de vida lleno de muerte.
Entreme donde no supe.
La calle me quedó inmensa.
Y el templo con su oficio,
a plena luz del día,
repleto de creyentes,
me resultó inmensamente
asfixiante, inmensamente
pequeño.
Y tú y tu niño se me aparecieron
inmensamente presentes.
Y entreme donde no supe
porque no supe adónde ir,
ni qué decirte, ni qué decirme,
ni qué hacer.
Divagué por otras
arterias de la ciudad,
en lugar de darte
mi mano.
Divagué por otras
calles de mi corazón,
atorado en una curva
del viento.
Divagué por otros
atolladeros de mi imaginación,
apresada -sin embargo-
en la esférica imagen
de tu aparición.
¿ Cómo poner cara de
hombre diligencioso ?
¿ Cómo poder fingir
ser uno más de la fila,
un duro, un avezado
ante los aspectos crudos
de nuestra jauría ?
¿ Y cómo podía poner cara
de buen funcionario,
cada vez que -una cuadra más abajo,
quince pisos más arriba-
se presentaban en manada
cientos de rostros
reclamando o mendigando
una miserable beca literaria ?
¿ Cómo podía fingir
ante esa suerte de maniática
madre superiora, que requería de mí
una eficacia estrictamente basada
en números fríos ?
Y entreme donde no supe
porque no sabía de casa,
ni de mujer, ni de familia,
ni de amigo que pudieran
darle cobijo a esa
desazón mía.
Porque tal como no lo había para ti,
Madonna de San Francisco,
no había para mí un lugar,
en el templo de los hombres,
que pudiera brindarme refugio.
Tal como no lo había para ti,
no había un sólo lugar para mí,
en ese claustro de puertas condenadas,
con su pequeño mundo
de creyentes dando la espalda
al regalo de ver aquello que vibra
más allá de la estrechez
de nuestras vidas.
Y todos esos creyentes
revolviéndose como
hormigas desorientadas,
azuzaban ese otro hormigueo
que recorría mi cuerpo.
Mis honras para ti luego fueron
silencio.
Ver y callar.
Remembrarte en el alma.
Memorar sin palabras
(me provoca decir memorir,
pero no fue acallar un dolor,
fue un dolorir en silencio)
¿ Y qué hacer con las heridas ?
¿ Quién podría borrar las cicatrices ?
Hoy, a siete años de tu aparición,
me he atrevido a tomar el lápiz
y hacer esta breve relación,
pero no sabes cuántas veces
vanamente te busqué,
cuántas veces vanamente
he vuelto a pasar por la
esquina de San Francisco,
aunque no sé qué hubiera hecho
si los hubiese vuelto a ver.
Por un azar, hoy he pasado
de nuevo por el templo
y vi tu lugar vacío,
y no sé qué fuerza
me ha impulsado a escribirte,
aun cuando sigo sabiendo
que ninguna palabra,
ninguna lengua, ninguna letra
podrán describir tu aparición,
ni aun con la indeleble tinta del alma
en la fina materia del cuerpo.
(lacl, 1997)
(*) Nota bene: texto escrito hace algunos años, quizás en el 2020.
Madonna de San Francisco la he publicado en diversas oportunidades en este portal… Dejaré aquí una de esas publicaciones:
https://letrascontraletras.blogspot.com/2010/06/prosa-y-poema-divagaciones-en-torno-un.html?m=0
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Galería de Orfeo
Bach - Matthäus-Passion BWV 244 (recording of the Century : Otto Klemperer)
The Well-Tempered Clavier Complete by Glenn Gould 1/13
© [Luis Alejandro Contreras Loynaz/LetrasContraLetras - contracorrientes]. Todos los derechos reservados. Fecha de creación del blog: 2007. ©
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