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LA RAFAGA, JOSE ANTONIO RAMOS SUCRE
Las ninfas de mármol derraman el agua de la fuente por la boca de sus cántaros cincelados. Están sentadas sobre la orla del tazón de jaspe y recogen y vierten las ondas encaminadas por medio de un artificio. El agua vertida de los cántaros cincelados anima la umbría, hiriendo sonoramente el suelo.
Las heroínas del amor infeliz se juntan en aquel sitio a una misma hora, para la confidencia de sus pesares. Una voluntad superior las encierra en el húmedo jardín, en donde juegan las vislumbres de una luz cárdena.
Refieren alternativamente el cuento de su desventura y añaden cánticos lamentables.
Las heroínas despiden un
grito y se lanzan en varias direcciones al sentir el nacimiento de un estruendo
lejano. El paso de una ráfaga caliginosa deshace el jardín fantástico y sus
tintes de violeta, y deja en su vez una oscuridad llena de gemidos.
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