Muchas ocupaciones han desviado mi camino del gusto natural. Preferiría mil y una veces poder ocupar mi tiempo en estos asuntos de descargar aquí alguna que otra cosa propia, así como rimas y leyendas que he leído a lo largo de mí vida. Pero estos tiempos indican que el camino del ser humano es tortuoso gracias a las vicisitudes que nos impone la estirpe. No se hace tortuoso por razones imputables a un karma cósmico. La estirpe humana ha mostrado que se basta a sí sola para obstaculizar su propio camino. En fin, en lo que tenga tiempo y -sobre todo- solaz, me dedicaré a terminar de transcribir alguna fábula de este libro.
Un libro algo insólito, se trata de un guión cinematográfico. Edward S .Curtis tuvo una larga vida, y pudo observar muy buena parte del siglo XIX y otra del siglo XX. Recogió muchas leyendas de las tribus de Norteamérica (o de lo que quedó de ellas) así como cientos y cientos, si no miles de fotografías. No me ha interesado mucho cuantificar ese volumen. Lo importante es todo lo que captó a lo largo de su vida entre las tribus aborígenes del Norte de nuestro continente.
Estoy transcribiendo algunos pasajes de este libro que, como digo, se trata de un guión cinematográfico. Incluiré igualmente la Génesis del mismo.
Un libro bellísimo al que le puse manos hace muchos años, sin saber muy bien quién era ese poeta sueco que escribía un poema de tema arábigo, por decir lo menos. Bastó con que paseara por sus páginas en la librería en la que lo encontré, para que me quedara yo asombrado ante la belleza de las imágenes allí estampadas.
La voz de Gunnar Ekelöf es una de las más hondas y cadenciosas que haya esculpido en el aire un ser humano.
Coloco algunos segmentos de su DIWAN.
Salud, lacl.
Este poema mío no tiene rima: se lo dedico únicamente a Ella.
La palabra "Ella" es mi meta, y por Ella no quiero aceptar otro intercambio que el de "Dar" y "Coger".
De la muy bella traducción de María Negroni, dejaremos acá un soneto que me ha acompañado todo el año, el cual me he decidido a transcribir y a publicar en el blog.
Salud, lacl.
NUEVE
Tan pronto como hallare en suave lecho
mi cuerpo su descanso tan deseado
volara a vos, incontinente, alado,
el mísero instrumento de mi pecho.
Desta manera tengo en mi provecho
que en seno tierno el bien tengo guardado
y por el cual cautiva he suspirado,
a punto de morirme de despecho.
Oh, dulce sueño, noche a mí proclive!
Calma apacible, plena de reposo,
mis noches todas perpetuad mi sueño:
y si algún día mi alma se desvive
flechada y pobre sin hallar su gozo,
dejadle al menos la ilusión de un dueño.
Editorial Lumen, primera edición, Barcelona, 1998. Versiones de María Negroni.
Palabras de Jorge Luis Borges a los poemas de Emily Dickinson en la traducción de Silvina Ocampo, una de sus acostumbradas joyas del género prologal.
A manera de complemento volvemos a publicar un acercamiento a la obra de Emily Dickinson, en acto acaecido en la Fundación Juan March.
Va antecedido por un breve fragmento de carta de Emily a un desconocido, un crisol que revela el alma de un ser tocado por la providencia.
Salud, lacl
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De las muy diversas regiones americanas, en cualquier hemisferio, la más favorecida por los astros o visitada por las Musas (la locución es indistinta) ha sido, indiscutiblemente, New England. Los grandes nombres dados por nuestra América fueron y son importantes para nosotros y para España; Emerson, Melville, Thoreau, Poe, Robert Frost cannot be thought away sin modificar toda la literatura de nuestro tiempo. La serie es indefinida y casi infinita; falta Emily Dickinson.
No hay, que yo sepa, una vida más apasionada y más solitaria que la de esa mujer. Prefirió soñar el amor y acaso imaginarlo y temerlo. En su recluida aldea de Amherst buscó la reclusión de su casa y, en su casa, la reclusión del color blanco y la de no dejarse ver por los pocos amigos que recibía.
Publicar no era, para ella, parte esencial del destino de un escritor; después de su muerte, que acaeció en 1886, encontraron en sus cajones más de mil piezas manuscritas, casi todas muy breves y extrañamente intensas. Además de la escritura fugaz de cosas inmortales, profesó el hábito de la lenta lectura y la reflexión. Emerson y Ruskin y Sir Thomas Browne le enseñaron mucho, pero sólo a ella le fue dado escribir
Parting is all we know of Heaven
and all we need of Hell
o:
This quiet dust was gentlemen and ladies
cuya idea es común y cuya forma es incomparable (curiosamente se abismaba, como Hugo, en la Revelación de San Juan, el Teólogo).
He sospechado que el concepto de versión literal, desconocido a los antiguos, procede de los fieles que no se atrevían a cambiar una palabra dictada por el Espíritu. Emily Dickinson parece haber inspirado a Silvina Ocampo un respeto análogo. Casi siempre, en este volumen, tenemos las palabras originales en el mismo orden.
No es cotidiano el hecho de un poeta traducido por otro poeta. Silvina Ocampo es, fuera de duda, la máxima poeta argentina; la cadencia, la entonación, la pudorosa complejidad de Emily Dickinson aguardan al lector de estas páginas, en una suerte de venturosa transmigración.
JLB, Buenos Aires, 03 / 05 / 1985.
Dios me hizo,
señor, no fui yo sola. No sé cómo fue hecho. El construyó en mí un corazón.
Pero el corazón se hizo más grande que yo. Y como la madrecita con un bebé rollizo, me cansé de sostenerle. Soy más vieja esta noche, señor, pero el amor
es el mismo, igual que la luna creciente.
Emily
Dickinson, carta a un desconocido.
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Guarida de los poetas – Emily Dickinson. Lectura. Cartas y poemas.