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sábado, 22 de marzo de 2008

MEMORIA DE LA TRIBU, ENCUENTROS Y DESENCUENTROS / Cuadernario, Cada noche, lacl / Versos del transeúnte, lacl / TRIBUTO A ELIS REGINA. Varias de sus más memorables interpretaciones.

© lacl 

MEMORIA DE LA TRIBU, ENCUENTROS Y DESENCUENTROS
Los tiempos recientes no han sido de hacedero navegar para este glosador. Achánquenle al azote de los temporales cualquiera de los disparates que vendrán. Ciertas borrascas y vendavales han zarandeado y vapuleado la nave en la que, día a día y contra todo pronóstico, vadeo la reciedumbre de aguas que se agitan en el fondo de ese estrecho pasaje que debemos cruzar para llegar al terruño que nos simboliza como tribu. Veo pasar despojos, desechos humanos, flotando sobre las aguas, a la deriva. Miasmas, hedores, podridas retamas, corrientes sudorosas y aceitosos fluidos. Impurezas. He visto, al llegar a puerto, cómo brotan retoños de podredumbre, aquí y allá, abonados con las sales de la infamia; he visto los fuegos fatuos que otorga una efímera expoliación. He visto a la miseria ganar terreno, tanto en los desolados campos de la pobreza como en las fastuosas estancias de la riqueza. Nuestra aldea o, mejor, su gente, pasa por un trago amargo desde hace ya varios años. Una peste señorea entre sus lechos, se adocenó en sus almohadas, se cobijó con sus sueños y tomó sus alientos. Un aire mefítico se apoderó de sus hijos y asfixió sus corazones, pero sólo hasta el punto de llevarles a los umbrales de la muerte. El desfallecimiento hurtó sus pulsos y deambulan como hechizados por el desvarío. No hallando cura con la que aliviar los males que aquejaban sus casas y castas, los pater famili viven ahora de la infamia y la persecución. La delación es flor del día. Presenciar las muchedumbres, su bullicio y su comercio, sus arterías y conjuras, es ver pintado el arrebato. El vecino malvive o sobrevive del desmedro del vecino. Los niños vagan sin alma. Al parecer, un abandono se apoderó de sus sienes y ya no conmemoran el simbólico ritual de los juegos iniciáticos, aquellos con los que -tomándole la plaza a los mayores- se preparaban para el vivir en comunión y reciprocidad con los otros y con la inmensidad inescrutable del afuera. Un desleimiento hizo baza en el engendramiento y apresuró los ciclos de caducidad y muerte en los brotes de vida. ¿Que es escatológica y funesta la visión que lanzo de mi estirpe? Venga, déme usted su mano y vayamos a recorrer cada calle, cada rincón de mi patria y, luego, sentémonos a dar fe de lo contrario. ¡Cómo quisiera equivocarme! Por desgracia, creo que haremos coincidencia en buena parte de lo que llevo referido.

A ello he de atribuir, en algo, mis ausencias. Y, ciertamente, al acaecimiento de algunas vicisitudes personales, que no vienen al caso. Pero no deseo, por nada, dar la impresión de que estoy largando excusas, pues no hallo en ello algún sentido. ¿De qué servirían y sobre qué propósito? Vivimos, como dijera en otro lugar, desanillados, enclaustrados en nuestros cascarones, ataviados con blindajes, execrados del cosmos y clausurados para la otredad, para la comunión con la membrana del cielo y el oro de la piel. Por eso he estado tan reacio al humano contacto. He requerido de largas noches y días para la restauración de mi ánimo. No estoy seguro de haber logrado algo. Pero, al menos, ensayo un derrotero al extravío; cada noche parto, sin salir, con mi bitácora y mis implementos, mi brújula sin norte y mi cuadrante, seducido por las curvaturas de la luna y los palpitantes requiebros del firmamento; camino de puntillas sobre los rieles de Selene, escucho las coplas de Venus y me absorbo en el indecible amor de Ariadna, primeramente vencido y, luego, infaustamente vendido por el hombre, que al final no se explica por qué fuera ella redimida por la gracia de Dionisos.

Luego vuelve el sol y, con su principado, el jornal de hombres que se figuran saber para qué despiertan y por qué pernoctaron, por qué han de incorporarse de sus lechos, hacia donde van y, por sobre todo, cuándo volverán a su inquebrantable reincidencia, a su monótona leyenda sin magia ni sorpresas. Como en un poema leído hace muchos años y del que, desafortunadamente, no recuerdo ahora el nombre del autor (nada hay que me incomode más y no me quedaré tranquilo hasta que encuentre ese poema) transitan, jornada tras jornada, por un flanco de la aldea en el que se suele instalar una vieja desheredada, mendicante y de carnes contrahechas. Arrojan puntualmente sus monedas al sitio en el que ella se sienta, pues para nada desean hacer contacto con la piel de la anciana… hasta el día en que se percatan de que, en lugar de una mendicante, lo que allí hay es una caja destartalada, con algunas frutas podridas y tocada con un desgastado pedazo de trapo.
Hice un alto en esta glosa para “curucutear” por casi dos horas (curucutear es expresión venezolana para significar que se está hurgando o buscando algo) en mi biblioteca aún desorganizada por una reciente mudanza y no encuentro la antología en la que recuerdo haber leído el poema a que hago referencia. Tan pronto como dé con su paradero, volveré por estas páginas para dejar constancia de su existencia. *

Pero uno de los regalos que, en contraparte, me ha traído la mudanza es el hallazgo de algunas extraviadas rasgaduras sobre el papel, suerte de reencuentro con aquel que vine a ser. En virtud de ello me atreveré a reproducir un intento de poema escrito una madrugada al reverso de una chequera (luego de haber vivido una situación un tanto infortunada), a falta de un cuaderno en el que pudiera esbozar mi decir; ese texto que, en cierta forma, brotó para salvarme, fue vertido luego y de manera adrede en la agenda en la que se estaba escribiendo mi Cuadernario, ** (y por fortuna, puesto que el original vino a diluirse, en buena parte, gracias al húmedo agente de un vaso que colocaron encima del escrito; reproduzco más abajo la chequera en su reverso).

He hallado, igualmente, otros textos míos más añejos que, tanto por su temática y sus ligerezas, como por su suerte, he pensado en recoger bajo el título de Versos del transeúnte, así como, también, varios libros que llevaba mucho tiempo buscando para dar de ellos alguna noticia en esta página: Días ejemplares de América, de Walt Whitman, Breviario (una fragmentaria selección de textos en prosa extraídos de ensayos y cartas), Doble vida y otros escritos autobiográficos y Postludio, estos tres del no tan bien ponderado Gottfried Benn, el Peregrino Querubínico de Angelus Silesius, las Poesías completas de D. H. Lawrence (en inglés), las sutiles Reflexiones sobre la historia universal, de Jacob Burckhardt, con la excelente introducción de Alfonso Reyes y las Poesías completas de K. Kavafis, entre otros. Por último (y esto me pareció significativo) me reencontré con El rechazo del placer, de Walter Kerr, lo que merece una mención aparte.

Me precio de ser uno de los pocos alumnos que, por el año 76, siguió el consejo de Rafael Cadenas y se dispuso a comprar tal título y a tratar de vislumbrarle el sentido. Siempre he sentido inclinación por colocarme al lado de los que no están de acuerdo con las mayorías, al lado de quienes señalan los lunares de la tribu. Y, no pocas veces, tal tesitura de ánimo me ha llevado abandonar lugares, estudios, proyectos, trabajos y hasta amores. Bastaron uno o dos semestres, luego de haber cursado con Cadenas aquella materia que se intitulaba Literatura y Vida, para que una enorme desazón ganara cuerpo en mi alma y me hiciera sentir hastiado de la Escuela de Letras, de la frivolidad de sus alumnos, de sus maquillajes librescos o de cambiadores del mundo, de sus politiqueros de oficio -que no eran otra cosa que el reflejo de los politiqueros que hacían vida en el país-, de la turbidez agobiante que signaba la atmósfera de la Universidad Central, que en muy poco se diferenciaba del aire pesado que bullía en la Escuela de Letras. Eran los años de la Venezuela Saudita. Yo definiría nuestro sistema político de aquellos días como la puesta en escena de una aceitada dictadura democrática, vertedero de sutilezas en el que suelen acabar la mayor parte de los gobiernos del mundo, en toda hora y lugar. Daban ganas de vomitar. Cadenas, lo recuerdo bien, no parecía pasar por un buen momento, cuando me tocó ser su discípulo la primera vez; le costaba conversar con sus alumnos, en su mayoría, una cuerda de prepotencias sentadas en una misma sala. Quizás es por eso que siempre le he profesado el mayor de mis respetos, sin que ello signifique que medie entre nosotros mayor cercanía que la que propiciaran mis idas y venidas a la Escuela de Letras de la UCV. El es, para expresarlo con una frase de Joseph Conrad, uno de los nuestros.

Lo cierto es que mi agobio de los años 76 y 77 resultó tan exasperante que, a pesar de mi enorme interés y curiosidad por la poesía y su verdad y por ciertos temas literarios, me vi forzado a huir, a toda prisa, de la Escuela y de la Universidad (en realidad, huía del país sin salir de él). Me sumergí en el afuera de la bohemia, los tragos y los trasnochos, buscando una señal, un signo, una mano lúdica y no necesariamente humana, que me llevara a una heredad sin falsas promesas; y me sumergí en el adentro de una soledad bien salpimentada de largas horas de música y lectura. Decidí ponerme a trabajar, para ganar los fondos con los que mantener mi bohemia y disipación. Pero, a pesar de mi retirada, jamás dejé de leer aquello que llamara mi interés. El leer entraña un oficio del espíritu. Así que por aquellos años se consolidó mi gusto por El Oficio. Mucha poesía, algo de narrativa, un poco más de filosofía y, sobre todo, ensayística y libros heteróclitos. Me encantan los libros bien escritos y difíciles de catalogar. Los que no dan tregua ni cuartel a esta parodia que comporta el humano devenir, como lo hace este develador Rechazo del Placer. Bien. Se hace larga esta mención. Así que corto por ahora.

Más abajo reproduzco un par de los aludidos versos del transeúnte, versos que -como los pasos del despreocupado caminante- no tienen otra pretensión que la de emular la libre marcha de los andariegos.

Y, en los próximos días, me tomaré el tiempo necesario para desplegar algunos textos y notas sobre algunos de los citados libros.

Más abajo, a manera de obsequio, unas honras a la insustituible Elis Regina. Recuerdo que, hace muchos años, me tocó ver, escuchar y, digo más, padecer, ser secuestrado por una versión suya de O Bebado e A Equilibrista, en un homenaje televisado que se le rindió a raíz de su fallecimiento. Ella estaba sola, bajo una carpa de circo, cantándole al único ojo espectador, una cámara que giraba en torno a ella sobre un riel, mientras su voz iba cantándole y desgarrándose y desgarrando el corazón del solitario espectador que somos todos. La tela de la carpa lucía, a sus espaldas, como una mezcla del color rojizo y ocre que se capta a través de un párpado cerrado expuesto al inclemente sol. Rojo sangre, rojo sol, ocre de la tierra , ocre de la piel. Y aquella voz inolvidable que salía del subsuelo o de las vísceras, aquella voz manando incontenible de un estremecimiento de vida. Era como quedar hechizado por una Sibila. No había más nada que hacer, como no fuera entregársele. Lamentablemente, no dispongo de esa conmovedora versión; colocamos, en su defecto, un par de versiones en vivo.

Salud!

lacl


Las fotografías de la luna o diosa Blanca fueron tomadas en Caracas, lacl 

Nota marginal - 27 de Agosto, 2013. Agrego, al final, el video que no encontrara hace cinco años… Veo que mi memoria recordaba más los rojos y ocres que otros tonos, pero sigo adorando esta canción…




De Cuadernario

a Yineska

Cada noche
luego de que tu sueño ya se ha rendido al sueño,
yo veo con delectación
cómo mis brazos se elevan hacia el cielo,
para que mis manos,
plácidamente extendidas,
puedan bañarse en la luz de la sombra.

Mis brazos aún están en el cuarto,
pero mis manos ya han cruzado
los techos, nubes y vientos
de un cielo conventual.

Allí se quedan flotando un buen rato,
en armoniosa conexión con el cosmos,
cual si fuesen un par de asfódelos nocturnos
cargándose de amorosa oscuridad.

Luego bajan lentamente
por los peldaños de la noche,
suave descenso al valle de tu espalda,
y comienzan a recorrer el cosmos en tu cuerpo,
en testimonio de que tierra, piel y cielo
son rostros de un mismo silencio.




Ese texto fue escrito al reverso de una chequera, cierta noche caraqueña, en la calle y sin otro recurso dónde estampar la letra. 
Lamentablemente luego su letra fue desleída por el efecto de un vaso deshielándose en alguna reunión en casa. 



* Cuentos breves y extraordinarios, el texto aludido lo escribió Max Jacob, La mendiga de Nápoles. La antología fue preparada por Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. Una nota que he agregado a posteriori. Si desea leer el texto de Max Jacob, aquí dejo el enlace:

https://letrascontraletras.blogspot.com/2022/02/la-mendiga-de-napoles-max-jacob.html?m=0

** Cuadernario, COMUN PRESENCIA EDITORES, Col. Los Conjurados. Bogotá, 2007

Las siguientes imágenes fueron captadas en la bella Bogotá, en Abril de 2007, en ocasión del lanzamiento de Cuadernario, junto a otros títulos, en la Feria del Libro de Bogotá, de la mano de los queridos Amparo Osorio y Gonzalo Márquez Cristo. Me he tomado un tiempo excesivamente largo para ofrecer acá una glosa de los agraciados días que pasamos en la querida Bogotá y, luego, en Cartagena, Santa Marta y Barranquilla, entre amigos y con el espíritu festivo. Lo he ido posponiendo por no hablar en demasía de lo mío. Pero tengo una deuda de gratitud con los queridos Amparo y Gonzalo y espero subsanarla en los días venideros...

















1. Bajo los reflectores de la FIL BOGOTÁ 2007
2. La luna durante la noche del bautizo de los libros de COMUN PRESENCIA EDITORES, Colección Los Conjurados, Bogotá, Colombia. 
3. La lectura...
4 y 5. El gran libro de la Feria.
6. El otro bautizo, en el Salomé Pagana, por supuesto….
7. Cartagena de noche. 

VERSOS DEL TRANSEÚNTE

1. (de los años ochenta)

Te he estado viendo con ojos
ancianos de mirar
Yo no te conozco
Tú no me conoces
Es el mirar quien nos conoce
Son los ojos los que traman la fuga del mirar,
de lo ansiado, de la espera
Te he visto cien mil millares de millones de veces
Me has visto cien mil millares de millones de veces
Y he visto cómo te desplazas 

por la quemante claridad
vacía y despoblada de la calle, 

como un animal herido
tratando de alumbrar una soledad 

que todavía no se atreve
a desnudarse

2. (de los años noventa)


Todos mis poros están encendidos,
esperando por ti;
mi teléfono espera por ti,
mis oídos esperan por ti.
Mi ventana está abierta,
mirando un noctámbulo
y nublado cielo.
Mi corazón está atento
auscultando cada detalle,
cada sonido, cada indicio.
Mi puerta está,
más despierta que nunca,
esperando una señal de tu bella persona
para abrirse de par en par
y no cerrarse nunca más.
Pero tú no apareces.
Iré a la calle a mojarme
bajo esta tímida garúa
que oculta una lluvia de estrellas.
Y a ella volveré cada noche
con o sin lluvia,
con o sin estrellas.
Acaso te encuentre respirando
bajo otra forma de vida,
otra figura del cielo,
hecha carne indócil,
por el indócil hecho de sentir,
pero vibrátil
y enigmáticamente perfumada,
gozosa de ser el cuerpo inadvertido
y poroso que dona el vivir.

ELIS REGINA



Elis Regina em 1979 -
Brasil
Caía a tarde feito um viaduto
E um bêbado trajando luto
Me lembrou Carlitos
A lua, tal qual a dona do bordel,
Pedia a cada estrela friaUm brilho de aluguel
E nuvens, lá no mata-borrão do céu,
Chupavam manchas torturadas, que sufoco!
Louco, o bêbado com chapéu-coco
Fazia irreverências mil pra noite do brasil.
Meu brasil
Que sonha com a volta do irmão do Henfil.
Com tanta gente que partiu num rabo de foguete.
Chora a nossa pátria mãe gentil,
Choram Marias e Clarisses no solo do brasil.
Mas sei que uma dor assim pungente
Não há de ser inutilmente, a esperança
Dança na corda bamba de sombrinha
E em cada passo dessa linha pode se machucar
Azar, a esperança equilibrista
Sabe que o show de todo artista
Tem que continuar...















© [Luis Alejandro Contreras Loynaz/LetrasContraLetras - contracorrientes]. Todos los derechos reservados. Fecha de creación del blog: 2007. ©

viernes, 29 de febrero de 2008

Letras contra Letras - Y la luna pudo detenerse al fin. / Proyecto Omega, Enrique Morente: La Aurora - Billie Holiday: Fine and mellows

© lacl 
 
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Letras contra Letras
Y la luna pudo detenerse al fin

El poema de García Lorca que reproduzco más abajo, Crucifixión, texto de cierre de Poeta en Nueva York, es uno de aquellos que considero fundamentales en la poesía moderna, si se nos permite todavía el considerar la primera mitad del siglo XX como parte de la modernidad. Es claro que para el sensato historiador, tal afirmación debería lucir como una perogrullada; me refiero a aquel historiador que aborda el devenir de la civilización con la sensibilidad del humanismo y que observa los períodos de ese devenir desde una perspectiva más amplia y distante que la del común observador. Pero tal parece que la noción de tiempo hubiera sido malversada o escamoteada en el presente por la tesis de un vulgo que no fue impuesta desde el vulgo; serían, más bien, premisas de falsedad, corrientes de expresión pergeñadas en minoritarios cenáculos en los que se da por sentado que lo moderno ha nacido, apenas, esta mañana, que el futuro está en nuestras manos, que los seres humanos podemos conquistar el universo, que nada puede detener nuestro progreso y que tal progreso se apoya en un atesoramiento de propiedades (materiales o virtuales), mientras el alma queda cada vez más desprotegida y vacía de silencio y contemplación, cada vez más desligada de su esencia. Al hombre de hoy le resulta más cómodo el comprar peroratas de frivolidad que mirarse al espejo y dar cuenta de los pliegues de su interioridad. Y nada ayuda más a los impostores que el escudarse tras juiciosas conjeturas cientificistas para empinar una miope visión de mundo.

Cierta vez tuve el arrojo de inscribirme en un curso semestral de teoría literaria en el que se pretendía consumar el análisis de un poema, desde diversas perspectivas críticas: estructuralistas, sociológicas, psicológicas y vaya usted a saber qué otra iluminadora rama de las ciencias. No puedo negar el hastío que siempre me han producido ciertos taxidermistas de la literatura, los que jamás han logrado leerse un poema o una novela, si no es a la luz de alguna sesuda, aherrojada y preconceptualizada teoría. Leen La Montaña Mágica, por ejemplo, pensando en justificar la disección retórica esbozada por algún erudito que exhibe más credenciales que medallas un general de tres soles. ¡Vaya tedio el tener que pasar por ese embudo de mentiras juntadas con una sapiencia huera de sentido! Como tales cursos eran obligatorios y yo le había estado dando largas al asunto, me dije: - Bueno, al menos, puedo elegir el poema que me apetezca abordar. Opté por Crucifixión del Poeta en Nueva York. Es un poema irrevocable (aunque suene fuerte la expresión) que

roza lo escatológico del humano devenir, al desnudar nuestras falencias. Pero debo decir que el curso fue, a su vez, un irrevocable fiasco, caracterizado por la falta de seriedad, tanto de la profesora que tenía la responsabilidad de impartirlo, como de buena parte de los alumnos, pues cada dos semanas despachaban a la papelera al autor cuya perspectiva crítica se pretendía aplicar (palabra en boga entre los taxidermistas de la hora) al texto elegido por cada uno de los cursantes. La prisa, eso no estaba escrito en el programa, era componente esencialísimo del plan de estudio. A pesar de que, como he dicho en otra parte, jamás he sido cultor de adoctrinadores criticismos, me tomé el trabajo de tratar de traducir lo que el señor A. J. Greimás quiso plasmar con su tesis estructuralista. Y había yo llenado buena parte de mi cuaderno con consideraciones en torno al poema de García Lorca (probablemente de una manera un tanto más libérrima de lo que el señor Greimás hubiera deseado) cuando, a la usanza de una prueba de primaria, la maestra dice: “¡Stop! Dejen eso, que ahora vanos con el autor Fulano”. Y todos, excepto yo, muy sumisa y animadamente cerraron sus notas y apuntes para comenzar a construir no sé qué novísima tesis sobre arenas movedizas. Yo hice caso omiso y seguí “trabajando” mi poema desde la cuadriculada óptica de Greimás, emulando aquella virtud escurridiza que tanto se predica en el presente, como lo es el culto al esfuerzo, a costa de que, como colofón, obtengamos no pocas veces un castigo muy parecido al de Sísifo, aquel titán condenado a subir hasta el fin de los tiempos, una y otra vez, una roca hasta la cúspide de una montaña. Así pues, bastaron dos o tres semanas para corroborar que me era totalmente imposible ocupar un asiento en esa sala signada por la mendicidad espiritual. ¿Cómo iba a comentarle a profesora o a alumnos que, años antes, leyendo al Poeta en Nueva York había gozado (y padecido) una experiencia extática? ¿Cómo referirles que estando tendido en mi cama, tales poemas habían elevado mi alma hasta cruzar el techo de mi cuarto? Literalmente, traspasé las capas de pintura, la sólida mezclilla de arena, piedra y cemento, seguí de largo y me topé con el cielo. No estaba borracho ni drogado. Estaba tomado por la musa que dictaba el canto. Lo he dicho antes, un poeta es muy poco dueño de sus poemas. Los poemas no son de nadie porque son de todos, sin que prive sentido alguno de terráquea pertenencia. Un poema hace nido en aquel pecho cuya esponjosa porosidad le permite entrar en un estado de comunión con el afuera, sea el de la hormiga que en su camino rodea la suela de tu zapato o el del firmamento que noche tras noche emite su canto silencioso. El poema nos adivina y en él nos sumergimos. La magia sigue siendo -a expensas del “progress” y a pesar de los pesares- médula espinal de la poesía. Magia, vuelo, extrañamiento y otredad. No son ínfulas de emular al Paz de El arco y la lira: ¿quién puede negar que un atributo de la poesía sea el secuestrarnos el alma, para bien o para mal? Sin embargo, en muchas de las escuelas de literatura (y de las artes, en general) se predica un rotundo no, ante la dimensión sensitiva de la experiencia creadora. Y se reparten batas de laboratorio y utensilios de disección a los principiantes, mientras se les conmina a entrar a la casa del saber. Se les enseña a embalsamar todo aquello que caiga en sus ávidas manos y que no sea susceptible de un indubitable discernimiento. Todo hay que rotularlo, clasificarlo, sopesarlo, extraerle primero la sangre y luego el sentido y, finalmente, almacenarlo en cámaras mortuorias. Y pocos se percatan de que nuestros sentidos o que intuición, inspiración y comunión son fuerzas vitales que viajan mucho más allá del intelecto. ¿Me habrían comprendido, profesora y condiscípulos, si les hubiera referido mi experiencia o endosado mis consideraciones? Sinceramente, creo que se habrían reído, mientras me tildaban de lunático, sin percatarse de que, al hacerlo, me declaraban amante de Selene, cultor de la Musa o crío de poeta. Pero entre gente seria no había tiempo para esas estupideces, pues la tónica del momento -costumbre que supongo seguirá en boga en ciertos círculos de afanosos de la literatura- era manejar (otro bruñido vocablo de los taxidermistas) un discurso acorde a las exactas ciencias de la retórica.




Además de Crucifixión, añado otros tres conmovedores poemas de aquel Poeta en Nueva York, libro cuyo manuscrito original fue rescatado recientemente de las sombras, luego de largas décadas de letargo. Hubo quienes pusieron en duda la honestidad del poeta Pepe Bergamín, custodio de este manuscrito, y sembraron la especie de que el libro había sido retocado en demasía por su mano. Al parecer, la justicia poética, ha venido a salvarles la honra a este par de andaluces.



El video que agregamos, se apoya en uno de los poemas de García Lorca reproducidos en esta entrega (La aurora) y es responsabilidad del señor Pablo Burgos, con banda sonora de Proyecto Omega.


Como buen andaluz, García Lorca quedó impactado por el jazz, así que -a modo de complemento- agregamos un hermoso documento en el que la inimitable Billie Holiday coquetea con instrumentos de viento…

lacl


CRUCIFIXIÓN

La luna pudo detenerse al fin por la curva blanquísima de los caballos.
Un rayo de luz violeta que se escapaba de la herida
proyectó en el cielo el instante de la circuncisión de un niño muerto.

La sangre bajaba por el monte y los ángeles la buscaban,
pero los cálices eran de viento y al fin llenaba los zapatos.
Cojos perros fumaban sus pipas y un olor de cuero caliente
ponía grises los labios redondos de los que vomitaban en las esquinas.
Y llegaban largos alaridos por el Sur de la noche seca.
Era que la luna quemaba con sus bujías el falo de los caballos.
Un sastre especialista en púrpura había encerrado a tres santas mujeres
y les enseñaba una calavera por los vidrios de la ventana.
Las tres en el arrabal rodeaban a un camello blanco,
que lloraba porque al alba
tenía que pasar sin remedio por el ojo de una aguja.
¡Oh cruz! ¡Oh clavos! ¡Oh espina!
¡Oh espina clavada en el hueso hasta que se oxíden los planetas!
Como nadie volvía la cabeza, el cielo pudo desnudarse.
Entonces se oyó la gran voz y los fariseos dijeron:
Esa maldita vaca tiene las tetas llenas de leche.
La muchedumbre cerraba las puertas
y la lluvia bajaba por las calles decidida a mojar el corazón
mientras la tarde se puso turbia de latidos y leñadores
y la oscura ciudad agonizaba bajo el martillo de los carpinteros.

Esa maldita vaca
tiene las tetas llenas de perdigones,
dijeron los fariseos.
Pero la sangre mojó sus pies y los espíritus inmundos
estrellaban ampollas de laguna sobre las paredes del templo.
Se supo el momento preciso de la salvación de nuestra vida.
Porque la luna lavó con agua
las quemaduras de los caballos
y no la niña viva que callaron en la arena.
Entonces salieron los fríos cantando sus canciones
y las ranas encendieron sus lumbres en la doble orilla del rio.
Esa maldita vaca, maldita, maldita, maldita
no nos dejará dormir, dijeron los fariseos,
y se alejaron a sus casas por el tumulto de la calle
dando empujones a los borrachos y escupiendo sal de los sacrificios
mientras la sangre los seguía con un balido de cordero.

Fue entonces
y la tierra despertó arrojando temblorosos ríos de polilla.


New York Oficina y denuncia


A Fernando Vela

Debajo de las multiplicaciones
hay una gota de sangre de pato.
Debajo de las divisiones
hay una gota de sangre de marinero.
Debajo de las sumas, un río de sangre tierna.
Un río que viene cantando
por los dormitorios de los arrabales,
y es plata, cemento o brisa
en el alba mentida de New York.
Existen las montañas, lo sé.
Y los anteojos para la sabiduría,
Lo sé. Pero yo no he venido a ver el cielo.
Yo he venido para ver la turbia sangre,
la sangre que lleva las máquinas a las cataratas
y el espíritu a la lengua de la cobra.
Todos los días se matan en New York
cuatro millones de patos,
cinco millones de cerdos,
dos mil palomas para el gusto de los agonizantes,
un millón de vacas,
un millón de corderos
y dos millones de gallos
que dejan los cielos hechos añicos.
Más vale sollozar afilando la navaja
o asesinar a los perros
en las alucinantes cacerías
que resistir en la madrugada
los interminables trenes de leche,
los interminables trenes de sangre,
y los trenes de rosas maniatadas
por los comerciantes de perfumes.
Los patos y las palomas
y los cerdos y los corderos
ponen sus gotas de sangre
debajo de las multiplicaciones;
y los terribles alaridos de las vacas estrujadas
llenan de dolor el valle
donde el Hudson se emborracha con aceite.
Yo denuncio a toda la gente
que ignora la otra mitad,
la mitad irredimible
que levanta sus montes de cemento
donde laten los corazones
de los animalitos que se olvidan
y donde caeremos todos
en la última fiesta de los taladros.
Os escupo en la cara.
La otra mitad me escucha
devorando, orinando, volando en su pureza
como los niños en las porterías
que llevan frágiles palitos
a los huecos donde se oxidan
las antenas de los insectos.
No es el infierno, es la calle.
No es la muerte, es la tienda de frutas.
Hay un mundo de ríos quebrados
y distancias inasibles
en la patita de ese gato
quebrada por el automóvil,
y yo oigo el canto de la lombriz
en el corazón de muchas niñas.
Óxido, fermento, tierra estremecida.
Tierra tú mismo que nadas
por los números de la oficina.
¿Qué voy a hacer?, ¿ordenar los paisajes?
¿Ordenar los amores que luego son fotografías,
que luego son pedazos de madera
y bocanadas de sangre?
San Ignacio de Loyola
asesinó un pequeño conejo
y todavía sus labios gimen
por las torres de las iglesias.
No, no, no, no; yo denuncio.
Yo denuncio la conjura
de estas desiertas oficinas
que no radian las agonías,
que borran los programas de la selva,
y me ofrezco a ser comido
por las vacas estrujadas
cuando sus gritos llenan el valle
donde el Hudson se emborracha con aceite.


La aurora

La aurora de Nueva York tiene
cuatro columnas de cieno
y un huracán de negras palomas
que chapotean en las aguas podridas.

La aurora de Nueva York gime
por las inmensas escaleras
buscando entre las aristas
nardos de angustia dibujada.

La aurora llega y nadie la recibe en su boca
porque allí no hay mañana ni esperanza posible.
A veces las monedas en enjambres furiosos
taladran y devoran abandonados niños.

Los primeros que salen comprenden con sus huesos
que no habrá paraísos ni amores deshojados;
saben que van al cieno de números y leyes,
a los juegos sin arte, a sudores sin fruto.

La luz es sepultada por cadenas y ruidos
en impúdico reto de ciencia sin raíces.
Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes
como recién salidas de un naufragio de sangre.


Cementerio judío


Las alegres fiebres huyeron a las maromas de los barcos
y el judío empujó la verja con el pudor helado del interior de la lechuga.

Los niños de Cristo dormían,
y el agua era una paloma,
y la madera era una garza,
y el plomo era un colibrí,
y aun las vivas prisiones de fuego
estaban consoladas por el salto de la langosta.

Los niños de Cristo bogaban y los judíos llenaban los muros
con un solo corazón de paloma
por el que todos querían escapar.
Las niñas de Cristo cantaban y las judías miraban la muerte
con un solo ojo de faisán,
vidriado por la angustia de un millón de paisajes.

Los médicos ponen en el níquel sus tijeras y guantes de goma
cuando los cadáveres sienten en los pies
la terrible claridad de otra luna enterrada.
Pequeños dolores ilesos se acercan a los hospitales
y los muertos se van quitando un traje de sangre cada día.

Las arquitecturas de escarcha,
las liras y gemidos que se escapan de las hojas diminutas
en otoño, mojando las últimas vertientes,
se apagaban en el negro de los sombreros de copa.

La hierba celeste y sola de la que huye con miedo el rocío
y las blancas entradas de mármol que conducen al aire duro
mostraban su silencio roto por las huellas dormidas de los zapatos.

El judío empujó la verja;
pero el judío no era un puerto
y las barcas de nieve se agolparon
por las escalerillas de su corazón:
las barcas de nieve que acechan
un hombre de agua que las ahogue,
las barcas de los cementerios
que a veces dejan ciegos a los visitantes.

Los niños de Cristo dormían
y el judío ocupó su litera.
Tres mil judíos lloraban en el espanto de las galerías
porque reunían entre todos con esfuerzo media paloma,
porque uno tenía la rueda de un reloj
y otro un botín con orugas parlantes
y otro una lluvia nocturna cargada de cadenas
y otro la uña de un ruiseñor que estaba vivo;
y porque la media paloma gemía,
derramando una sangre que no era la suya.

Las alegres fiebres bailaban por las cúpulas humedecidas
y la luna copiaba en su mármol
nombres viejos y cintas ajadas.
Llegó la gente que come por detrás de las yertas columnas
y los asnos de blancos dientes,
con los especialistas de las articulaciones.
Verdes girasoles temblaban
por los páramos del crepúsculo
y todo el cementerio era una queja
de bocas de cartón y trapo seco.
Ya los niños de Cristo se dormían
cuando el judío, apretando los ojos,
se cortó las manos en silencio
al escuchar los primeros gemidos.









La aurora






Billie Holiday Fine And Mellow -1957, Billie Holiday With Coleman Hawkins, Lester Young, Ben Webster, Gerry Mulligan, Vic Dickenson, Roy Eldridge.Luxury


https://www.youtube.com/watch?v=TaPIyo51cr4 

 © [Luis Alejandro Contreras Loynaz/LetrasContraLetras - contracorrientes]. Todos los derechos reservados. Fecha de creación del blog: 2007. ©

miércoles, 23 de enero de 2008

De voces, madrigueras, enquistamientos, concelebraciones y silencios… Memoria de Adriano ... Ensayo de divagación / Miguel Von Dangel - Raúl Vethencourt - Memoria de la casa, lacl / ACTO FINAL, Adriano González León. / ENCUENTRO CON ADRIANO GONZALEZ LEON / Guarida de los Poetas: Pessoa, Machado, Serrat, Waits, Ekelöf, Bichevskaya, Villon, Sheppard, Vallejo, Erst, Calder.

© lacl 
(Adenda: agregamos, siete años después, una copia de la carta a que hacemos referencia más abajo. lacl, 16 / 09 2015)
.
 .
De voces, madrigueras, enquistamientos, concelebraciones y silencios… 
Memoria de Adriano... 
Ensayo de divagación.


No me he ido. He estado acá, en mi terruño; si no agazapado, sí un tanto esquivo a las luces y al comercio entre los hombres. No he estado oculto a los amigos, pues a unos cuantos les consta que, cuando el día fue propicio, pudimos compartir en casa gratos momentos. Particularmente agradezco aquellas ocasiones en las que cerramos (y, más aún, en las que abrimos y cerramos) la velada entre coplas y cantos. Nada de disquisiciones políticas de cutícula. Los hilos de mi espíritu lograron, por fortuna, mantenerse desconectados de un afuera signado por la sempiterna ramplonería política que, por una parte, ha ofuscado a los hijos de la nación y, por la otra, les ha sumido en una perniciosa somnolencia, cuyo más emblemático atributo es la insensibilidad hacia la vida.

Termina uno agotándose de tanto discurrir contra la insania del alma que señorea en el orbe. No es que desee uno atribuirse categoría de virtuoso y saludable ante el resto de los mortales sino que, precisamente, porque constata la endémica propagación de tal insania es que busca refugio en su madriguera. Por fortuna, la voz siempre está allí, en el fondo, con uno, acompañándole, guiándole como un Cicerón de informe rostro. Siempre está la gana del vivir, latiendo, respirando, inquebrantable, saltando de un lado a otro, de una esencia a la otra, de una identidad a otra, esto es, de un pecho a otro pecho; de la roca al fuego, del fuego al agua y del agua a la piel. Porque roca, fuego y agua portan su piel tanto como la portan un ruido o un aroma fortuitos. Y tal voz, la voz de la gana, acude en nuestro rescate con los más poderosos o delicados timbres que quepa imaginar; en ocasiones, arrobándonos en un estado de sutileza del ánima que ni el propio Thor podría vulnerar con sus belicosas arengas y los arabescos de su insinuante martillo; en otras, secuestrándonos a un estado de incomprensible dicha o gracia, que agradecemos sin saber a quién o por qué y sin que ello haya de preocuparnos demasiado. La voz de la gana, del apetito de vivir, voz de una golosidad que no persigue hartura, late en todo corazón humano. Pero si muchos de nuestros corazones marchan desquiciados, acaso, ello sea atribuible al hecho de haber desmadejado el hombre la casa del alma. La palabra lo dice: des-quiciar. Los seres humanos le hemos arrebatado a la morada del alma el quicio donde se apuntalaba la puerta que daba paso a nuestra esencia y que, a un tanto, nos comunicaba con ese cielo que despunta justo ante nuestras narices. Acabamos con los momentos de reclusión y soledad, imperiosos a toda humana identidad. Y es en virtud de tal acto de cercenamiento y anulación que sólo algunos pocos espíritus logran mantenerse receptivos a la escucha poética, gracias a que no se rehusaron a la captadora contemplación de las singularidades silenciosas o fugaces con que nos obsequia madre natura.

Pero zurzamos desde otros puntos del lienzo…

Tengo un amigo que suele decir que se va a las catacumbas cuando necesita desprenderse del mundo del hombre. Esto es, por separarse de un afuera concebido para no dejar espacios ni continente a la esencia del vivir sin más, del vivir por puro gusto o del porque sí. Acaso no sea yo tan disciplinado como lo es mi amigo para disponer de ese culto a voluntad, pero el alma me lleva cuando ha llegado el momento de atenderme; y, de cuando en cuando, me ataca una sed de enquistamiento ante lo humano. Simplemente se da, es algo morfológico, algo así como el portento de la crisálida, previo al de su apertura al mundo.

Hace unos meses, en una entrevista, Miguel Von Dangel, soltó una frase sumamente perspicaz. Un periodista respetuosamente le increpaba el por qué de su silencio de los últimos años, ante tanto extravío y sonambulismo como los que se han apoderado del país. Él simplemente le espetó con una frase afilada como una navaja: “es que no hay nada que decir”. No recuerdo si fue en esa misma entrevista o, luego, durante una breve conversación cuando Yineska (para decirlo a la castiza, mi señora), nos presentó, en ocasión de la exposición de una parte de sus obras, que agregó: “es que ya todo está dicho”. Algo subyacente en mi fondo me hace sentir muy cercano a tales giros de expresión. Es como si dijéramos: “es que no hay nada que agregar” o “los bárbaros no tienen que llegar para complacer a nadie, pues los bárbaros ya están aquí, jadeantes en nuestra respiración”. Entre lo más reciente de su trabajo se encuentra una serie de cuadernos que él ha titulado, muy al propósito, Desesperanto. El título es sugerente. Cuadernos saciados de imágenes, colorido e indescifrables jeroglíficos. Pues vivimos en una moderna Babel, bajo el atropello de catequizadas hordas de barbarie. Contemplando algunos de esos cuadernos me pareció percibir como si algo similar a aquello que he denominado enquistamiento ante lo humano fuese lo que les  hubiera dado vida.  



Es por ello que, en tributo a las hogareñas madrigueras, esas colmenas en las que podemos abandonarnos al enquistamiento que añadiré más abajo algunas imágenes de la que fuera por varios años una respirable morada para mí y los míos. Tanto para el enquistarse como para la entrañable celebración.

No quiero dar paso a lo que resta sin hacer alusión a que este año hubiera comenzado con el súbito adiós de Adriano González León.
Si algún alumno suyo no saliera alguna vez de sus charlas en la 201 amando entrañablemente la literatura, probablemente haya sido porque desafortunadamente tenía obstruidos los caminos que van del oído al corazón o del corazón a la lengua, porque su sinceridad de sentimiento y la potencia de su expresión lograban conmover hasta al más desvencijado de los pupitres. En medio de sus clases, le agradaba improvisar, como lo haría un músico, literatura oral y animaba a los estudiantes a que participaran en el juego creativo. También gustaba ensayar cadáveres exquisitos con sus discípulos. Imagínense, en el aula más amplia de la Escuela de Letras de la UCV, resultaban unos difuntos un tanto sinuosos para oficiarles sepultura. La única frase de corte poético que me atreví a expresarle alguna vez, aparte de las consignadas en las aburridas pruebas escritas (creo que a él le aburrían más que a los estudiantes, por ello se iba a tomar un café mientras se presentaba el examen), fue la que lancé en una de esas componendas cadavéricas: el escorpión rosado de mis esperpentos… A él le gustó e hizo mención de ello y eso me bastó para seguir en mi inveterado anonimato. Días atrás Yineska me soltó una de esas frases suyas que se me quedan revoloteando por los aires. Me decía que Raúl Vethencourt, dueño de la legendaria Librería Suma, quien igualmente nos dejara de un modo un tanto absurdo antes de la Navidad (aun cuando la muerte acaso sea lo menos absurdo de todo futuro individual), como buen librero, se había llevado a un escritor de la mano. Quedó pendiente
la copia que Yineska le había prometido a Adriano de aquella elegía que él escribiera con motivo del estallido del Challenger, aquella nave espacial que llevaba entre sus tripulantes a una maestra, escrito que a él se le había extraviado. Si existe un paraíso, un más allá, una celestial tierra de nadie que nos podremos figurar de una y mil formas, seguramente ya Adriano habrá entablado una de sus gratísimas conversas con la maestra, quien llevándole de la mano le estará dando noticias del más allá en una lengua críptica e incomprensible para el común de los mortales. A no dudarlo, Adriano es uno de los más espléndidos conversadores que haya dado a luz nuestra tierra. Y ¿por qué no? Acaso Raúl les habrá llamado ya para que vayan a tomar sus copas rebosantes de vino tinto, mientras él alza la suya, para brindar y dar las gracias por haber podido reanudar un ritual al que se vio forzado a abstenerse en tierras bajas; total, ya no hay corazón, ni riñones, ni hígado, ni ácido úrico que pesen en conciencia alguna. A Raúl no puedo más que procurarle mis gracias pues, por él di con muchos de los libros que han sido ejemplares en mi vida. Sin él yo no hubiera dado, en el momento en que di (y en el que lo necesitaba), con un par de libros maravillosos como lo son La Diosa Blanca y Los Dos
Nacimientos de Dionisio, ambos de Robert Graves, por citar sólo dos. Lo he dicho antes, creo, con Graves que todo poema que haya sido pergeñado honradamente invoca a la Diosa Blanca, está escrito por su propio insuflo. De cuando en cuando, me da por cazar los momentos en que ella aparece entrelazada en la dicción (toda escritura es, antes, dicción). En poesía ella suele aparecer veladamente, aunque muchos poetas le han dedicado explícitamente muchos de sus cantos. Pero resulta asombrosa la cantidad de veces que lo hace encubierta entre los tejidos de la prosa narrativa o ensayística. Por ejemplo, en la extraordinaria Cubagua, de Enrique Bernardo Nuñez, ese secreto mejor guardado de Venezuela, para remedar una expresión de Alvaro Mutis cuando hizo alusión a la persona y la poesía de Juan Sánchez Peláez.

Bien. Ahora sí. Cierro esta crónica con el Acto Final (¿acaso un canto a la diosa?) de Hueso de mis huesos, libro de Adriano publicado en 1997, en la Rayuela del querido Gonzalo Rodríguez. Qué curioso, ése fue uno de los contados libros de poesías de Adriano quien, ante todo, fue poeta. Entiéndaseme bien, para él lo sustancial era la poesía, incluso en la escritura narrativa. Esto puede ser corroborado al leer una entrevista que le hiciera hace una
década María Luisa Páramo, la que agregamos de seguidas, amén de otras citas de su obra, siempre tan perfumada de ludismo y poesía.

Y más abajo, una nueva edición de Guarida de los Poetas, pues hace tiempo que esto está pendiente. Allí se juntan Pessoa, Machado, Serrat, Tom Waits, Gunnar Ekelöf, Zhanna Bichevskaya, Francois Villon, Sam Sheppard, Vallejo, un tributo a Max Erst y el fabuloso circo de Calder.



Memoria de la casa…

El maestro de ceremonias







La fiesta


























La vista
















El ocaso...














Un dragón surge de la fachada contigua y toma el cielo...



Selene



La clase de baile



El descanso










El sueño


ACTO FINAL

Detrás queda la espada envuelta por el fuego.
Restos de la fruta apetecible. El agua de oro y el agua de piedra han corrido por los cuatro ríos.
La serpiente queda rezagada entre las hojas.
Con pieles y con túnicas hemos desafiado la
intemperie del mundo. Junto a las bestias y las aves
del viento, has cansado tus pies y multiplicado
tu dolor. El pan, que ha sido el pan de la lujuria
y los secretos, te lo ofrezco humedecido,
embriagado de lágrimas, cubierto de polvo para
salvar el polvo. Heredaste del reptil la doble lengua
de la seducción y el desamparo. Por eso tus
palabras se aproximan o desandan. Por eso obedecí
a tu voz y omití al ángel. Me tendiste tus brazos
desde el árbol. Yo me sentía el primer caballero
y no podía desairarte. Ese cambio de cortesías
quebrantó las ordenanzas, pero nos hizo conocer
el bien y mal. Ni ángeles, ni demonios,
ni dioses, nos volvimos humanos…
Y comenzamos a comernos la tierra con amor.


Adriano González León

(Poema que cierra el libro Hueso de mis huesos, Rayuela - Verbum, Taller de ediciones. Col. Las hogueras más altas, 1997)




ENCUENTRO CON ADRIANO GONZALEZ LEON
La figura de Adriano González León interesa también en su vertiente de auténtico activista cultural de lo latinoamericano. Su paso por universidades y otras instituciones, así como su participación en la televisión educativa iberoamericana como colaborador en el espacio "Taller abierto", dejan constancia de ello. Hay un cúmulo de buenos motivos, por tanto, para tomar contacto con este escritor profundamente animado por la fuerza del Caribe.
- Está justificado que comencemos hablando de proyectos. ¿Cuál es el más inmediato?
- En este momento, debo destacar la aparición, coincidiendo con la feria del libro de Madrid, de la edición de mis cuentos completos en Alfaguara bajo el título Todos los cuentos más Uno.
- ¿Más Uno? ¿Por qué?
- Porque el último es un cuento inédito que se llama precisamente Uno. Toma el título de un tango -"Uno busca lleno de esperanza los caminos que…" (tararea)- y, claro, es un texto poemático y lleno de nostalgias.
- Usted ha escrito varios libros de relatos breves, ¿cuáles se incluirán en esta edición?
- Los que yo considero cuentos en realidad están sólo en tres libros, Las hogueras más altas, Hombre que daba sed y Linaje de Árboles. Ésos son los que ahora aparecerán juntos…más Uno. Hay otros libros míos que no pueden considerarse de relatos, como Asfalto-Infierno, que es un conjunto de texto libres sobre la ciudad.
- Del rayo y de la lluvia contiene textos que tampoco podrían llamarse relatos, quizá.
- Es una colección de crónicas poemáticas, inéditas en España, de la que precisamente acaba de aparecer ahora una amplia selección en una edición bellísima , bajo el título Crónicas del rayo y de la lluvia, iniciando un nuevo proyecto editorial del Ayuntamiento de Cádiz. Estos textos están animados por el propósito de convertir noticias en poesía, claro que no se trata de las noticias habituales, sino de aquéllas que encontramos de pronto al fondo de un diario y nos sorprenden, como la del hombre que se dejó morir de amor en un banco, o la del cumpleaños del cometa Halley.
- ¿Sería posible hacer poesía con las noticias de todos los días?
- Ésas son completamente imbéciles, sobre todo las de tipo político, pero las noticias curiosas dan pie para soñar. Por ejemplo, hace seis o siete años escribí una crónica en la que, soñando, me anticipé a la noticia actual de que hay agua en Marte.
- Algunas de estas crónicas hablan de ciudades y viajes. Son muy importantes para usted las ciudades, ¿verdad? En País portátil, su primera novela ahora relanzada en edición de bolsillo por Alfaguara, lo urbano y lo rural se combinaban; pero ahora su literatura parece vencerse más hacia el lado de la ciudad.
- Mis relatos son casi completamente rurales, memorias de la infancia; pero sí, las ciudades me atraen de manera especial.
- Volviendo a los relatos, Hombre que daba sed merece, en mi opinión, mención especial.
- Se trata de un relato en el que el monólogo interior se vuelve del revés para adoptar la perspectiva externa, la del que ve al personaje en simultaneidad y lo expresa mediante la gran tromba de las palabras, tromba que se lleva por delante los puntos y las comas. En casi todos mis cuentos, así como en la novela Viejo, la anécdota no cuenta mucho, cuenta fundamentalmente el pálpito del idioma.
- Algunos críticos han definido su literatura como formalista, ¿está usted corroborándolo?
- No se trata de formalismo, es que el idioma es por sí sólo un contenido, es una anécdota y una verdad. Cada palabra cuenta y puede contar por sí sola una historia, si el lector tiene imaginación. Las palabras están llenas de emociones, de paisajes y de vidas interiores que el lector puede construir. Esto es lo que pretendo mostrar en mi último trabajo, en el que el personaje prácticamente es la palabra junto con la luz.
- ¿Palabra y luz?
- Sí, palabra y luz, porque en este relato tengo como punto de partida la figura de un pintor que trabajó extraordinariamente con la luz del Caribe y , en su continuo combate por conseguir un proceso de síntesis, llegó a reducir los cuadros solamente al blanco. A mí me impresionó esta idea y he tratado de reconstruir la perspectiva del pintor, añadiéndole todo lo que me ha hecho imaginar esta figura, para escribir con ello un relato largo que va a sorprender a mucha gente. No es una novela con intriga, no se podrá llevar al cine ni a la televisión para satisfacer el gusto mediocre, a pesar de que esté hecha fundamentalmente de imágenes.
- Aparente paradoja.
- El lenguaje puro de la imagen no tiene cabida en la industria porque no es comercial: el mar batiendo, las palmeras que se mueven, aquellas muñecas de trapo que el pintor utilizaba como modelos no son formas reconocibles y fáciles, se mueven más bien en la abstracción. Yo me sentiría perfectamente instalado en estos cauces de expresión, si llegara un día en que pudiera darse en los medios audiovisuales la misma batalla que a principios de siglo dieron los pintores abstractos o gran parte de los pintores surrealistas, que eran excesivamente imaginativos y distorsionaban la realidad, o mostraban una que estaba más allá de la de todos los días.
- ¿Será una novela este nuevo texto?
- Será un relato largo difícil de etiquetar, al que de momento le he encontrado el título de Viento blanco. Las cosas pasan con gran rapidez y son blancas.
- La plástica forma parte de su mundo, tan plagado de imágenes. En los libros, sus palabras aparecen acompañadas de ilustraciones notables, dibujos, acuarelas, serigrafías. ¿También son importantes para usted los sonidos?
- Muy importantes. Las palabras y sus uniones son válidas en la medida en que crean una eufonía. Mi único prejuicio con respecto a modismos tomados de otros idiomas es precisamente éste. En las páginas de internet y en la nomenclatura informática general encontramos términos como "accesar" o "formatear", que me parecen horrorosos; sin embargo, encuentro bello eufónicamente "escanear", porque me sugiere "esquilar", y entonces la palabra adquiere para mí una categoría poética superior. En este sentido, creo que el problema no es que una palabra sea correcta o no, es que sea o no bella, y esto los académicos lo deberían tener en consideración.
- ¿Y los olores?
- En País portátil la ciudad huele a gasolina y a fruta fermentada; el mundo rural huele a vejez, a antigüedad. Las mujeres parientes del personaje huelen a alcanfor, a remedios, a santos y a velas quemadas. Por cierto, recuerdo como uno de los juicios más lindos sobre la novela el de mi hermana, que me dijo cuando iba por la mitad del libro que por fin había encontrado una mujer que oliera bien, Delia, porque yo digo allí que está "enmandarinada". Tiene una enorme dificultad plantearse cómo hacer sonoros los olores y visibles las esencias. La pintura puede sugerir los olores, pero en el cine, la televisión y la radio es mucho más difícil; las escenas campestres de los pintores flamencos huelen, las vírgenes y los cazadores de los renacentistas también huelen, pero las películas no.
- Hueso de mis huesos es, "oficialmente", su primer libro de poemas, pero ¿no resulta esta clasificación en el contexto de su obra, cuando menos, discutible?
- Se trata de un texto orgánico, de organización poemática, teñido de imágenes y metáforas, y en el que curiosamente la narrativa y la dramática influyen bastante, porque tiene unidad, porque en él utilizo el artificio de los actos para organizar parte de la estructura, cinco actos como una tragedia, y porque además tiene anécdota. De pronto un hombre está observando la ciudad desde una ventana, absorbiéndola, captándola. Él parte de la observación de la ciudad-madre, Caracas, pero se le juntan todas las ciudades de su experiencia y su imaginación, de su propia historia.
- Las ciudades colaboran en la estructura de la obra y muy relacionadas con ellas aparecen las mujeres. ¿Pero aquí las mujeres son algo más?
- Personajes de ficción, personajes de la mitología como la diosa Ishtar, Dulcinea, Ofelia o Isolda, van conformando lo que podríamos llamar el núcleo femenino por excelencia, que es lo que yo trato de alcanzar aquí. Pero también hay mujeres de carne y hueso, que transcurren por Buenos Aires o por el propio museo del Prado, transformadas mediante la idealización; nacen en la realidad , pero en la memoria esa realidad se agiliza, se magnifica, se convierte en homenaje, se hace carne y se hace hueso. Siempre he pensado que hay un elemento universal en el trasfondo femenino que va más allá de la "compañera" que Dios da a Adán. Coatlicue, por ejemplo, representa a la madre tierra en la mitología azteca, es la engendradora, la que contiene todas las verdades de la existencia, y lo mismo ocurre en otras mitologías, griega, latina, púnica. Esta presencia de lo que yo llamaría lo femenino inmortal es la que quise plasmar en mi libro, pero a través de una experiencia absolutamente humana: "Por eso obedecí a tu voz y omití el ángel. Me tendiste tus brazos desde el árbol. Yo me sentía el primer caballero y no podía desairarte. Ese cambio de cortesías quebrantó las ordenanzas, pero nos hizo conocer el bien y el mal. Ni ángeles, ni demonios, ni dioses, nos volvimos humanos… Y comenzamos a comernos la tierra con amor". ¡Poder levantar la condición de uno!
- ¿Y las rosas, qué encierran las múltiples y diversas rosas del texto?
- Las rosas son el elemento menos trágico. Pueden comunicar olores, pueden dar la sensación de primavera, de jardín, y sobre todo son la ternura, la infancia. Son capaces, además, de trasponer cada uno de los colores y las texturas de la realidad y de la imaginación: rosa frágil, rosa de plata. Las rosas introducen frescura en la tragedia, tamizan lo sensitivo.
- "Hueso de mis huesos" es una frase con la que Adán se refiere a Eva, pero también la llama "carne de mi carne". ¿Por qué esa elección para el título?
- Primero, por una cuestión de eufonía y, segundo, porque los huesos son más perdurables y son la estructura que sujeta esa carne que es perecedera en la tradición cristiana. Un milagro de la arqueología podría hacer que se encontraran los huesos de Adán y de Eva, pero no sus corazones.
- ¿Cómo ve usted Venezuela desde Madrid?
- Cuando llegó Colón a las costas venezolanas en el tercer viaje, hizo constar en su informe que vio pelear el agua dulce con el agua salada, añadiendo que creía que, según sus conocimientos, más adentro debía estar el Paraíso Terrenal. Hay que agradecer a Colón este exceso poético e imaginativo, pero el caso es que también la denominó "tierra de gracia" y ahí parece estar más cerca de la verdad; porque Venezuela es un país que hace de la imaginación y del humor el socorro de su miseria de rico, la miseria de no saberse encontrar, de ir dando tumbos por la historia. Claro que poco a poco el país busca su camino y se merece hallarlo. Pero hay anécdotas, como la de Juan de la Cosa trazando el mapa casi exacto de nuestras costas, que nos muestran una Venezuela mezclada con el azar y la locura. En ello está quizá lo más atrayente de mi país, en el hecho de que se mueve siempre entre esos parámetros, por eso yo lo llamé "país portátil".
- ¿Afecta a esa imagen el cargo que desempeña en la embajada?
- Aunque no fuera agregado cultural, sería igualmente fiel a mis imágenes, a mis emociones y a mis recuerdos. Pero también sería absolutamente fiel a mi sentido crítico: no voy a aceptar como un patriotero ninguna de las dificultades y de los horrores que ocurren en el país. Todo lo someto a análisis, a vigilancia, y creo que es lo mejor que cualquiera puede hacer por su tierra natal. El encanto del Orinoco o del mar Caribe sobre Margarita no me hace olvidar los problemas.

- Usted ha viajado y ha conocido muchos y diversos lugares. Basándose en esa experiencia, ¿podría afirmar la existencia de una gran cultura occidental, o son mejor observables las diferencias?
- No me acerco a la idea de una cultura occidental, pero tampoco creo en la preeminencia de las culturas nacionales o regionales. Creo que los latinoamericanos vivimos en un gran país que va desde los Pirineos a la Tierra del Fuego. Ciudades como Buenos Aires o Bogotá me han marcado en una época de mi vida. Y ahora Madrid, donde llevo ya tres años instalado. En todas estas ciudades estoy en mi casa.
- ¿Y La Habana?
- La Habana es la capital de todos los que pertenecemos a la que yo llamo la generación del 60. Cuba es un gran amor y es un gran dolor. Esperábamos, al menos yo esperaba mucho más de una revolución con la cual contribuimos en extremo. El destino histórico ha querido que las cosas sean distintas y que este país, que constituye el más hondo afecto para cualquier ciudadano del Caribe, no haya podido encontrar su rumbo. Es posible que lo encuentre; pero, eso sí, sólo lo encontrará sin agresiones imperialistas, lejos de la estupidez que circula por ciertos lugares del exilio y libre de bloqueos económicos. El propio pueblo cubano dará su verdad, y lo deseable es que esa verdad no llegue a estruendo. Hace poco escribía yo un texto para la revista Encuentros en el que repetía el latiguillo "hay que volver a Cuba", porque mi deseo es que la Isla esté presente en Latinoamérica y en España con todas sus virtudes y sus sueños; al fin y al cabo la patria, como decía José Martí, no es otra cosa que "un pedazo de tierra sobre un pedazo de cielo". Pero aquí hay demasiados intereses tratando de pescar en mar revuelto.
- En mar revuelto… ¿Por qué es tan importante el mar para usted?
- Porque soy montañés y nadie se deslumbra sino por lo desconocido.
- Su actividad cultural en España es amplia. De ella, se podría destacar, por ejemplo, su participación en la oferta educativa y cultural de la Casa de América. ¿Qué tal el curso que está coordinando allí?
- La Casa de América es una de las instituciones más importantes para las relaciones culturales internacionales, por encima de otras similares. Es trascendental que exista la oportunidad de que, en la capital de España, los diferentes países de América Latina puedan presentar de un modo coherente su expresión literaria, plástica, cinematográfica y folklórica, puedan revisar su historia y contrastar sus investigaciones científicas, puedan encontrarse. Y esto está por encima de las propias dificultades de la institución. Este curso, que ha tenido como excusa los quinientos años del viaje de Colón , ha permitido presentar un aspecto de América Latina que no está muy difundido: el de las culturas prehispánicas y sus derivaciones posteriores en la literatura contemporánea a través de Asturias, Borges, o Carpentier. Planeé el curso, diseñé las sesiones y luego me he sorprendido del enorme éxito alcanzado: pensé en un seminario para unas veinte personas y la asistencia real a las sesiones supera las cincuenta. A pesar de ello hay discusión, hay oportunidad de hablar y preguntar, hay vínculo.
- Volviendo a su obra, ¿cree que ahora, con tantas ediciones en el mercado, podría llegar al gran público en España?
- Hay muchos que llaman publicar sólo a estar en las librerías de aeropuerto, y eso es otra cosa. Sólo me inclino por las ediciones que suponen una responsabilidad del espíritu, como estas últimas de las que hemos hablado, que no son simples libros de figurón. En mí las palabras se agolpan y resuenan con una fuerza implacable, por eso sólo me interesa hablar de mis imágenes, de las que surgen en mi propia mente y de las que heredé, pero que yo trastoco. Nunca podré ser un escritor comercial, ni siquiera soy un escritor profesional.
-¿Y figurar entre los galardonados con el premio Biblioteca Breve, junto a nombres como los de Vargas Llosa, Carlos Fuentes o Cabrera Infante, no supone casi una consagración?
- Era un premio de honor y de prestigio, verdaderamente. Porque ni siquiera tenía un valor en metálico, lo más que conseguía el premiado era un adelanto sobre sus derechos de autor. Sin embargo, estamos hablando del premio que significó el nuevo contacto entre América Latina y España, roto desde la época de Rubén Darío. Nunca se le podrá agradecer bastante aquella idea a Carlos Barral.

© María Luisa Páramo 1998El URL de este documento es http://www.ucm.es/OTROS/especulo/numero8/adriano.htm

Nueva direccion: https://webs.ucm.es/info/especulo/numero8/adriano.htm



"…Sólo hay un presente que puede proseguirse: el día inexistente, el que no malgastamos día a día, esa hora lujosamente imaginada contra la cual no pueden gigantes ni quimeras ni endriagos ni huracanes. Por ello, corren arroyos sin decirlo, apenas tendidos entre el verde y las nubes que han copiado. Jamás enturbiaré los manantiales para decir que moriré de sed por ti. No es esa buena pista. Porque tú no intervienes. Quiero jugar a prueba tu crueldad. Basta que consideres en qué estado me has puesto por no saber que existo. Este amor lamentoso vive porque no ha nacido en ti, porque no sabes que desfallezco y caigo y prefiero canciones y tormentos por tu desdén que es un desdén que amo…”

Adriano González León.

Guarida de los poetas


Pessoa




Pessoa - De Campos



Machado - Serrat




Sam Sheppard lee a Vallejo  (LAMENTABLEMENTE VIDEO RETIRADO DE LA RED)
Sam Shepard reading "Lines" at the Cesar Vallejo tribute at St. Mark's Churc (english)



Gunnar Ekelöf - Memorable es su Diwan, si mal no recuerdo, publicado en nuestra lengua por Alianza Editorial.







Tom Waits For No One - Animated 1979 ...  
(NOTA: Aunque no está disponible la pre visualización, el documento está disponible en You/tube). Post scriptum: hemos intentado agregarlo de nuevo a pie de página. *







Tributo a Max Ernst







El circo de Calder, parte 1



El circo de Calder, Parte 2




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