miércoles, 24 de octubre de 2012

Poemas a mano alzada.



Arrebato


Yo padecí el agónico ritual

de la abeja

En el arpegio evanescente de su piel

me sumergí

Y en el profundo torrente

de sus últimos espasmos

interpreté la danza

de una fugaz consagración




Nota: Este efímero boceto pertenece a una vivencia real que data de la juventud. Me hallaba sentado en un pupitre, en la Escuela de Letras de la UCV, hora del paso de la penumbra que todo lo torna lánguido y ceniciento, en la despedida de la diurna luz y el anuncio de las sombras de la noche. Yo me sentía un perfecto extranjero sentado en esa sala. De pronto cayó una abeja sobre la mesa de mi pupitre y comenzó a aletear en círculos, en una danza frenética, dionisíaca, vibrátil, revelación de vida rebosada. Estaba muriendo. La razón de ello no podía yo saberla, pues las abejas no buscan luces de artificio, como las polillas que mueren abrasadas en el desengaño. Sólo me dediqué a contemplarla, a sabiendas de que bailaba para mí… Nadie más reparó en esta extraña despedida.

Forma parte de un añejísimo cuaderno de brevedades que, justamente, lleva por título, Poemas a mano alzada.

Dejo debajo una traza de tales esbozos. No los considero textos de algún valor en particular, a no ser por cierta pesquisa en zonas de la ironía, cierta urgencia de encontrar vestigios en lo exiguo. Una imberbe curiosidad.



Paraíso


Hemos impregnado de ideas nuestras carnes

Pero la idea se adormece en cofres olvidados

Y, panes perdidos,

divagamos bajo la lluvia de los cementerios



Cuestión de apariencia


Mi nombre es lobo,

Soy un sentimiento.

Con mi piel se cubren los hombres

y soy tan imprescindible como la cartera,

cuando alguno no me lleva encima,

es desollado por los otros



Perro


Resuelves edificar

toda una vida

a punta de mordiscos.

Pero resulta que la vida

es un hueso muy duro de roer.



Arbitrio


Y que morir,

después de tanto,

no sea sino entrar

a un gran salón

donde se adora

a Miguel Ángel.





Cuestión de realidad


Si manifiesto

que una hoja cayendo

ante mis pasos es,

en su esplendor,

tres veces más poderosa

que los dioses de la lluvia,

la gente puede,

perfectamente,

quedar desconcertada.

Si manifiesto

que una hoja cayendo

ante mis pasos,

es tan impresionante

o auspiciosa

como el aquelarre

nocturno de las ranas,

la gente estará en su derecho

de creer que ya estoy loco.


Pero si manifiesto

que la singular extrañeza

de una hoja cayendo

ante mis pasos

es tan trascendente

como todo acto humano,

sencillamente,

seré menospreciado.



Contemplación


En el fondo del mirar,

la calma,

largamente esperada,

yace como una hoja

sobre un charco:

indiferente y presta

a las fluctuaciones del agua.


.


Estas semblanzas tienen la particularidad de haber sido escritas en las inmediaciones de la UCV, en las calles de Sabana Grande o en las de mi recordado y querido Paraíso.


3 comentarios:

FRANCISCO PINZÓN BEDOYA dijo...

Qué bueno es vovler sobre las notas añejas de cuadernos ya sepias...

Gracias por compartirlas

Desde Medellín, un abrazo

FRANCISCO PINZÓN BEDOYA dijo...

Qué bueno es vovler sobre las notas añejas de cuadernos ya sepias...

Gracias por compartirlas

Desde Medellín, un abrazo

Contracorriente dijo...

Gracias, Francisco. Un abrazo en la distancia.
Luis Alejandro