© lacl
El punto cero de la experiencia.
¿No has sentido, vivido o padecido,
alguna vez en tu vida,
ese estremecimiento que es
como volver al punto cero
de la experiencia?
¿Encontrarte de pronto
en una esquina de la ciudad
ante un semáforo
migrando del rojo al verde
entre destellos de amarillo,
sin saber cuál es el derrotero
de tu encrucijada
o el camino que has de tomar,
como si acabaras de empezar tu vida
por obra y gracia
de un golpe de dados?
Es como si regresaras
a la laguna oscura
del día de tu nacimiento,
volver al espacio en que te abres
a una experiencia inusitada:
estar en un sitio
sin saber por qué estás allí,
sin causa aparente,
sin minuto anterior
y con la incertidumbre de un por qué
hay golpes en la vida,
como dijera alguna vez un poeta
Porque sí,
porque hay golpes en la vida
que no se absorben ni se asimilan,
pues han dado un paso más allá del dolor.
Son el trauma de lo que era y no es
o de lo que no era y ahora tampoco es,
y son raptus, instantes, acaecimientos
que nominamos
"esto"
o
"aquello"
fijándolos sobre un milimétrico segundo
o colocándoles, como un retrato,
en el marco de un fondo
que llamamos tiempo...
No nos caben entre las manos, no,
y es tan honda la incertidumbre
que no hayas cómo acunar la angustia
y mecerla como se mece a un niño
luego de que ya ha pasado por ese embudo
y ha tenido que convivir con el enigma
lacl, 2 de marzo de 2026, entre la hora del pulmón y la del amanecer...
Post scriptum, madrugada siguiente.
Mi alma ha estado algo arisca o renuente, no sabría cómo calificarlo, para la entrega a la palabra alada, ante las oleadas de barbarie que hemos padecido y seguimos padeciendo; ojos y oídos, como parte que somos de este "todo" que solemos nominar humanidad.
Mala cosa ésta, la de sentirse uno abrumado por el tumulto de la plaza, cuando los deseos y anhelos se convierten en un "quisiera", para decir por ejemplo cosas como que quisiera cantarle al coqueteo de la brisa entre los matorrales y los destellos de luz y sombra de que nos provee la cúpula celeste.
Pues viene ello a significar que la intrusión de los contrahechos es tan fuerte que abusan e invaden nuestro fuero interior. No nos excusaremos diciendo que tenga uno que resignarse puesto que "es lo que hay", aunque ello pudiera ser lo más natural como respuesta.*Pero tomaré esta observación como* un llamado de atención personal al cuido del alma.
No obstante lo dicho, al avance de la madrugada me encontré yo frente a ese asunto de las curvas extraviadas o del extravío en una curva de la vida, cosa que -seguro estoy- suele sucedernos a todos los mortales alguna vez en la vida. Y entonces surgieron estas palabras, casi como un caño que se rebosa suavemente, abriendo un hilo apalabrado, un cauce accidental, vertiente de un río mayor que, impasible, sigue su curso, porque sus aguas se componen de una nateria desconocida para los hijos de una tribu de adoradores de la niebla de la cual forjan sus propias fantasías.
lacl, 3 de marzo de 2026. Otra nota escrita entre la hora del pulmón y el amanecer.






No hay comentarios.:
Publicar un comentario