© lacl
De una breve entrevista en El Universal
Sigo recogiendo algunos textos de antaño, para compensar en la medida de lo posible, tanto desafuero que se vive en el mundo exterior. Del primer lustro de los años 90 van estos dos, Mientras dure y The word is unfinished.
Salud, lacl
***
Mientas dure
A Juan Sánchez Peláez
A Chacho Cabrera
¿Por qué no soy yo el hijo de un Sioux que, de cuclillas,
soporta impávido las inclemencias del sol
en medio de la aridez de una tierra olvidada,
al margen de una estación de trenes,
o por qué no soy el Yanomami que duerme
sobre un trozo de cartón a la entrada de un centro comercial,
mientras su concubina ofrece sus collares?
¿Por qué no estoy talando árboles obedientemente
o desarmando carros entre refunfuños?
¿Por cuál capricho del destino se dictaminó
que yo no calzara los zapatos
de un inmigrante italiano que vende
la salvación de puerta en puerta?
¿Y quién me legó, además, este arte histriónico
que me permite fingir, ser uno más de la fila?
¿Quién decidió que esté rodando siempre sin meta,
sin querer jamás vestir la camiseta del líder?
¿Quién ha estado girando la rueda de la fortuna?
¿Qué golpe del azar concluyó
que yo no fuera un ángel
o una vieja de sexo desdentado que vende revistas obscenas,
o una breve Ave del Paraíso,
o un pequeño facineroso de la calle?
¿Quién, como un Atlas, está haciendo el gasto
por sostener las murallas de este
inmenso laberinto pavloviano?
¿Y por qué no puede estar la Pavlova bailando
sobre la almohada de mi pecho?
Al menos, tengo la luna.
Estoy vivo y, a veces, tengo la luna.
Que así sea mientras dure.
lacl
A Juan Sánchez Peláez
A Chacho Cabrera
¿Por qué no soy yo el hijo de un Sioux que, de cuclillas,
soporta impávido las inclemencias del sol
en medio de la aridez de una tierra olvidada,
al margen de una estación de trenes,
o por qué no soy el Yanomami que duerme
sobre un trozo de cartón a la entrada de un centro comercial,
mientras su concubina ofrece sus collares?
¿Por qué no estoy talando árboles obedientemente
o desarmando carros entre refunfuños?
¿Por cuál capricho del destino se dictaminó
que yo no calzara los zapatos
de un inmigrante italiano que vende
la salvación de puerta en puerta?
¿Y quién me legó, además, este arte histriónico
que me permite fingir, ser uno más de la fila?
¿Quién decidió que esté rodando siempre sin meta,
sin querer jamás vestir la camiseta del líder?
¿Quién ha estado girando la rueda de la fortuna?
¿Qué golpe del azar concluyó
que yo no fuera un ángel
o una vieja de sexo desdentado que vende revistas obscenas,
o una breve Ave del Paraíso,
o un pequeño facineroso de la calle?
¿Quién, como un Atlas, está haciendo el gasto
por sostener las murallas de este
inmenso laberinto pavloviano?
¿Y por qué no puede estar la Pavlova bailando
sobre la almohada de mi pecho?
Al menos, tengo la luna.
Estoy vivo y, a veces, tengo la luna.
Que así sea mientras dure.
lacl
(Este texto fue publicado en la antología Voces nuevas, editado por el Centro Latinoamericana Rómulo Gallegos, de cuyo taller de poesía fui uno de los participantes entre 1998 y 1999)
***
The word is unfinished (*)
Un añejo texto escrito por mandato del sueño... La primera parte fue escrita de corrido o, mejor dicho, en corriendo, luego de que la frase en inglés, "the word is unfinished", muy claramente pronunciada, me despertara. La segunda parte es, más bien, un resabio de lo que dejara ese sueño revoloteando en mi psique.
Salud!
lacl
.
(The word is unfinished)
I.
¿ Dónde reside la hermosa perfección
de nuestras obras ?
... vanidad de vanidades ...
Nuestra obra máxima
es la humillación.
Lo inacabado es nuestra
verdadera realización,
no hay otra realización,
no hay metas donde poder encofrar
una pretendida perfección de nuestras obras.
Podemos florecer,
florecerle al mundo,
dándole cumplimiento
a aquello que nos llama
hasta el final;
pero no podemos parir un final cerrado,
un rigor mortis postizo
para la expresión
que se desliza de nuestras manos.
¿ No está la portentosa reina de los cielos
por siempre inacabada,
por siempre renaciendo,
por siempre remuriendo ?
La verdadera joya prístina reside
en un acto de amor y reconocimiento:
el amoroso reconocimiento
de lo inacabado.
Sólo somos ofrenda.
(The word is unfinished)
II.
La palabra está inacabada
porque el verbo está inacabado
La mujer está inacabada
(porque lo bello es inacabado)
La extática y delicada captura de un gesto amable
es expresión inacabada,
pues, la deliberada indulgencia de algún placer sensual
está, por gracia de la fortuna, inacabada,
Porque esperanza y perfección son inacabadas,
las estrellas y el universo entero están inacabados
Eureka: ¡el hombre está inacabado!
(Porque todo lo inacabado algún día acabará,
sólo lo inacabado está acabado)
(*) Este texto, dividido en dos cantos, forma parte de la misma colecta de conatos poéticos cosechados en el primer lustro de los años 90, agrupados bajo el título de MIENTRAS DURE...


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