jueves, 30 de septiembre de 2010

Anna Ajmátova - Réquiem

Anna Ajmátova - Réquiem

Sin mayores preámbulos, acá dejo mi versión de este conmovedor poema. Al final de esta interpretación del Réquiem de Anna Ajmátova, dejo una apostilla para quien tenga curiosidad por saber cómo y por qué fue que vine a meterme en una camisa de once varas…
Desafortunadamente, las reproducciones que he agregado a la derecha del poema interfieren y modifican la disposición del texto, pero opto por dejarlas como documentos de apoyo. Para ver detalladamente estas reproducciones, haga click sobre ellas... Y al final, vuelvo a incluir la lectura del Réquiem por parte de Ajmátova .

Este intento de interpretación del Réquiem va dedicado a Mery Sananes.

Salud!
lacl

P. S. quiero agregar una nota escrita recientemente:

Anna Ajmátova, vida y poesía – (Rusia, 1889-1966)

La vida y la poesía de Anna Ajmátova representan un caso singular de la modernidad. Ella es ejemplo aislado de quien logra subsistir en medio del torbellino de la historia que, en el caso de su pueblo, se vio signada por la coerción y la persecución del individuo. Fue testigo de la quiebra del intimidante imperio zarista y del advenimiento del gobierno de los soviets, el que nacido para fundar un mundo de esperanzas, se vio convertido en una asfixiante maquinaria que asentaría sus bases en el amordazamiento de la sociedad. Pareciera que un ángel hubiera posado sus alas sobre la poeta, pues es asombroso que no hubiera padecido el mismo destino de escritores como Osip Mandelshtam, Nikolái Gumiliov (su primer marido), Isaak Bábel, “desaparecidos” en medio del fragor del acoso, o el de su propio hijo, varias veces arrestado por la policía política. Como presagia el título, Réquiem es un rezo de difuntos por su pueblo, una mortaja tejida con las pobres palabras que Anna escuchó.


(Octubre, 05 de 2010)


Réquiem

No, no estaba bajo un ajeno firmamento,
ni bajo el amparo de unas ajenas alas,
estaba entonces con mi pueblo,
allí donde mi pueblo, por desgracia, estaba.

[1961]


EN LUGAR DE UN PRÓLOGO

En los terribles años de Yezhov (1) hice fila durante diecisiete meses delante de las cárceles de Leningrado. Una vez alguien me "reconoció". Entonces una mujer que estaba detrás de mí, con el frío azul en sus labios y que, evidentemente, nunca había oído mi nombre, despertó del desasosiego habitual en todas nosotras y me preguntó al oído (allí todas hablábamos entre susurros):
-¿Y usted puede describir esto?
Y yo dije:
-Puedo.
Entonces algo similar a una sonrisa se asomó en lo que una vez había sido su rostro.

[1ro de Abril, 1957. Leningrado]

DEDICATORIA
Las montañas se postran ante tanta desgracia
y el impetuoso río ya no fluye.
Pero fuertes son los cerrojos de la prisión,
y tras ellos sólo están las mazmorras de los presos (2)
y una mortal nostalgia.
Para quién sopla la brisa ligera,
para quién es una caricia el ocaso –
Nosotras no sabemos, somos las mismas por doquier,
sólo oímos el odioso repique de las llaves
y el pesado paso del soldado.
Nos levantábamos como para la misa del alba
y caminábamos por la ciudad salvaje,
y allí nos encontrábamos, unas y otras, sin aliento,
con el sol cayendo y el Neva más nublado,
mas la esperanza siempre cantando a lo lejos.
La sentencia… y las lágrimas brotan súbitamente,
ella se aparta de todas,
como si de su corazón le arrancaran dolorosamente la vida,
como si brutalmente la abatieran por la espalda,
pero anda… se tambalea… desolada…
¿Dónde están ahora aquellas amigas impensadas
de mis dos años furiosos?
¿Qué auscultarán en la tormenta de nieve siberiana,
qué imaginarán en el círculo lunar?
A ellas envío mi saludo y mi despedida.


[Marzo, 1940]


INTRODUCCIÓN

Esto pasó cuando apenas sonreía
el difunto, sosegado en su paz,
y como un inútil emblema colgaba
con sus cárceles Leningrado.

Y cuando locos del tormento
caminaban en cuadrillas los condenados,
y los silbidos de las locomotoras
cantaban lacónicas canciones de despida.

Las estrellas de la muerte se alzaban,
y la inocente Rusia se retorcía de dolores
bajo las botas salpicadas de sangre
y las ruedas de negras furgonetas.


1

Al alba te llevaron,
fui tras de ti como en un entierro,
en la cámara oscura lloraban los niños,
y ante el santuario la vela se derretía.

En tus labios el frío del icono.
Sudor de muerte en la frente… ¡no lo olvido!
Como las mujeres de Streltsy (3)
aullaré bajo las torres del Kremlin.


[Noviembre, 1935, Moscú]


2

El Don apacible (4), fluye apacible,
la luna amarilla entra en la casa.

Entra, con gorra ladeada,
la luna amarilla ve una sombra.

Esta mujer está enferma,
esta mujer está sola.

El marido en la tumba, el hijo en la cárcel,
ruega por mí.


[1938]


3

No, no soy yo, es otra la que sufre.
Yo no podría soportarlo. Que un
velo negro cubra lo ocurrido
y que se lleven las farolas…
Noche.


[1939]


4

Si te hubieran dicho a ti, la jovial,
la adorada de todos sus amigos,
la alegre pecadora de Zárskoe Seló, (5)
lo que pasaría con tu vida!
Que con el número trescientos y un presente,
harías la fila ante Las Cruces (6)
y cómo con tus ardientes lágrimas
fundirías el hielo de año nuevo..
El álamo de la prisión se balancea
y nada se oye! Pero cuántas
vidas inocentes allí acaban…


[1938]


5

Diecisiete meses de clamar,
a la casa te convoco,
a los pies del verdugo me he arrojado,
mi hijo y mi horror.
Todo se ha dañado para siempre
y ahora no puedo discernir
quién es la bestia y quién el hombre,
ni cuanto he de esperar para la ejecución.
Y sólo las bellas flores,
el incienso, las campanas
y las huellas en algún lugar de la nada.
Y una enorme estrella me mira
firmemente a los ojos y con una muerte
inminente me amenaza.


[1939]


6

Las semanas van de vuelo,
lo ocurrido no lo comprendo.
Cómo, hijo mío, te buscaban
las noches blancas en la cárcel.
Y cómo ellas de nuevo te contemplan
con su ardiente ojo de halcón,
y de tu alta cruz
y de la muerte hablan.


[Primavera – 1939]



7. EL VEREDICTO

Y cayó como una piedra la palabra
sobre mi pecho vivo todavía.
No importa, de hecho estaba avisada,
de algún modo, le haría frente.
Muchas cosas he de hacer hoy todavía:
he de matar la memoria,
convertir el alma en piedra,
y debo aprender a vivir de nuevo.
O si no… El caluroso susurro del verano,
celebra su fiesta frente a mi ventana.
Durante mucho tiempo tuve el presentimiento
de este día radiante, y la casa vacía.


[22 de junio, 1939 – Casa Fontanka ] (7)


8 A LA MUERTE

¿Si has de venir, por qué no ahora?
Aguardo por ti – difícil tarea.
He apagado la luz y te abrí la puerta,
a ti, prenda sencilla y maravillosa.
Toma el aspecto que quieras,
penetra como un proyectil envenenado,
o allégate sutilmente, como un experto ladrón,
o con el vaho venenoso del tifus.
O con un cuento de hadas inventado por ti
y tan nauseabundamente familiar –
para que yo vea el ápice de la gorra azul (8)
y al portero, pálido de miedo.
A mí me da lo mismo ya. Se eleva el vapor
del río Yeniséi. Radia la estrella polar.
Y un último horror cubre
el brillo azul de los ojos amados.


[19 de agosto, 1939 - Casa Fontanka]


9

Ya la locura ha cubierto,
con sus alas, la mitad de mi alma,
le da de beber vino de fuego,
y la atrae hacia el negro valle.

He comprendido que a ella
he de ceder la victoria,
dando oídos a mi delirio
como si fuera el ajeno.

Y no me permitirá
llevar nada conmigo
(por mucho que le suplique
y le importune con mi ruego):

ni los terribles ojos de mi hijo,
petrificados por el sufrimiento,
ni el día en que llegó la tormenta,
ni el adiós al concluir la hora de visita.

Ni la amada frescura de sus manos,
ni las sombras agitadas de los tilos,
ni el tenue y remoto sonido…
de la última palabra de consuelo.


[4 de mayo 1940 - Casa Fontanka]


10

CRUCIFIXIÓN

No llores por mí, Madre,
Estoy en el sepulcro. (9)

I
El coro de los ángeles la gran hora ha glorificado,
Y los cielos se han fundido en fuego.
Al padre le ha dicho: «¿Por qué me has abandonado?»
Y a la madre: «No llores por mí.»

[1940, Casa Fontanka]


II

Magdalena se retorcía y lloraba,
el discípulo amado convertido en piedra ,
y allí, donde la madre silenciosa estaba,
nadie se atrevió a dar una mirada.


[1940, Casa Fontanny]


EPÍLOGO
I

Ahora sé cómo caen las personas,
cómo, debajo de los párpados, asoma el miedo,
cómo el sufrimiento pone en las mejillas
duras páginas de escritura cuneiforme.
Cómo los rizos negros o cenicientos
se tornan plateados de repente,
la sonrisa se desvanece en labios obedientes,
y en la risa marchita tiembla el pavor.
Y no ruego por mí sola,
sino por todos los que allí estuvieron conmigo,
en el frío glacial, y en el calor de julio (10)
en los ciegos muros de color rojo.


II

De nuevo se acerca la hora de conmemorar.
Te veo, te oigo, te siento:

Y aquella que apenas pudo llegar a la ventana,
Y quien no pisa su tierra nativa,

Y aquella, que sacudía su hermosa cabeza,
ha dicho: «¡Vuelvo aquí como a mi casa!»

Quisiera llamarlas a todas por sus nombres,
pero se han robado la lista y no hay donde buscar.

Les he tejido un ancho manto
de las pobres palabras que les escuché.

De ellas me acuerdo siempre, en todas partes,
y no las olvidaré en una nueva desgracia,

y si amordazan mi boca atormentada,
por la que cien millones de vidas gritan,

que así ellas por mí rueguen y me rememoren
en la víspera de mis funerales.

Y si alguna vez este país decidiera
erigirme un monumento,

Doy mi venia a este honor,
pero sólo con una condición – que no lo planten

junto a la costa donde nací:
rotos están mis últimos lazos con el mar, (11)

ni en el jardín del Zar, cerca del árbol truncado,
donde una sombra inconsolable me busca,

sino aquí, donde pasé trescientas horas
y no me abrieron los cerrojos.

Porque en la bienaventurada muerte temo
olvidar el mugido de las negras furgonetas,

la odiosa puerta cerrada con estrépito,
y el alarido de la anciana como una bestia herida.

Y ojalá que de mis inertes párpados de bronce
fluyan las lágrimas, como nieve derretida.

Y que la paloma de la prisión arrulle a lo lejos
y en silencio naveguen los barcos por el Neva.

[Marzo – 1940 - Casa Fontanka]

Apostilla: No se pretende corregir a traductores o a conocedores de la lengua madre de la poeta Ajmátova, pero sí matizar ciertos giros de la lengua castiza para hacer este memorable poema más legible para el mundo hispano-parlante o (¿por qué no?) hispano-escuchante (todo lector de poesía es un escucha). Y, siguiendo a Octavio Paz, como toda versión es una “di-versión” (al igual que todo ensayo va inducido por la adhesión), convenimos con humildad que este trabajo haya de ser perfectible.

Se han tomado en cuenta las siguientes traducciones o versiones del poema Réquiem de Anna Ajmátova:

Español.-
Jesús García Gabaldón, Ediciones Cátedra, S. A. 1994
José Luis Reina Palazón, Grijalbo Mondadori, 1998
La monografía ANNA AJMATOVA, O TRES TRADUCTORES EN BUSCA DE UN AUTOR
Maria SANCHEZ PUIG, Universidad Complutense de Madrid.
-Nota: Desafortunadamente, no disponemos de la traducción que recomienda Sánchez Puig en su monografía, realizada por Carmen Alonso y Gloria García.

Inglés.-
Judith Hemschemeyer, Akhmatova, Anna. The Complete Poems of Anna Akhmatova. Ed. Roberta Reeder. Boston: Zephyr Press, 4th printing, 2000. pp 384 – 394
Sasha Soldatow, First published Sasha Soldatow Mayakovsky in Bondi
BlackWattle Press 1993 Sydney.

Ruso.- La página oficial de Anna Ajmátova:
http://www.akhmatova.ru/

NOTAS:

(1) Nikolai Yezhov, jefe de la policía política (NKVD) de 1936 a 1938, período signado por las grandes purgas del Estalinismo. Fue sustituido por Beria en 1938 y ejecutado en 1939, víctima de la insaciable bestia que él mismo ayudó a criar.

(2) Cita el poema de Pushkin: Mensaje a Siberia, en homenaje a los poetas decembristas desterrados a Siberia, luego de la rebelión contra el sistema imperial ruso, durante el reinado de Alejandro I de Rusia, el 26 de Diciembre de 1825.

(3) Streltsy. Cuerpo élite de las milicias rusas instituido por Iván El terrible. Se sublevaron contra Pedro El Grande en 1698, quien al final se impuso y derrotó a los rebeldes. Prácticamente todos los Streltsy fueron ejecutados ante el Kremlin, a pesar de los ruegos de sus esposas.

(4) El río Don sirve a la poeta como alegoría de una pisoteada Rusia; Ajmátova cita la novela de Shólojov, El Don Apacible, para ironizar en torno al Realismo Socialista, al contrastarlo con el escenario real del pueblo ruso.

(5) Su pueblo natal.

(6) Prisión de Leningrado adonde iban a parar los presos políticos. Se le dio ese nombre en virtud a la similitud de sus edificaciones con la cruz.

(7) Ese día, Lev Gumiliov, hijo de Anna Ajmátova fue sentenciado a un campo de trabajos forzosos.

(8) Gorra de la policía política.

(9) En eslavo eclesiástico, en el texto original.

(10) Hace alusión al mes de Julio de 1938, acaso uno de los años más terribles de las persecuciones políticas perpetradas por la policía política del sistema estalinista.

(11) Tal como hiciera Pushkin en su momento, Ajmátova se despide del mar para siempre.

Ajmátova Réquiem, I
http://www.youtube.com/watch?v=LTDZU49xWSk&feature=player_embedded#!

Ajmátova Réquiem, II
http://www.youtube.com/watch?v=FUXRiCjeg1M&feature=related

7 comentarios:

El Toro de Barro dijo...

Te felicito. Has hecho un trabajado monumental. Mucho te debemos mucho. Un abrazo, querido amigo.
Carlos

El Toro de Barro dijo...

Acometes tareas temerarias, para fortuna de todos. Es hecho un gran trabajo, que no desemerece el de otros autores, al que aportar giros novedosos que, efectivamente, naturalizan más la versón al castellano del trabajo original. Tiene un ritmo muy coherente.

marcela val dijo...

¿Qué importa a quien le toque, de quién sea el turno? Se trata de todos nosotros, de lo que tarde o temprano a todos nos llegará, a nuestras parejas, nuestros amigos, nuestros hijos, sus otros hijos, toda su descendencia, a todos sin excepción tarde o temprano llegará todo lo que se haya dejado impunemente germinar en este mundo. No hacen falta listas con nombres. Sólo hace falta un único Manto que nos envuelva a todos para no olvidar nunca, que ya hemos probado todos los caminos, una y otra vez en cada espacio y en cada siglo. Ya sabemos cuáles llevan a los ciegos muros rojos que astillan los ojos y dejan duras las mejillas. Y cuáles al verde y rosa de las flores de los tiernos ojos y las dulces manos. Un único manto, ÚNICO, ÚNICO, UNA ÚNICA CASA con todos los pájaros y flores que seamos capaces de ponerle adentro, una casa impermeable a los cerrojos, a la palabra de piedra, a la tentación de abatir brutalmente por la espalda, a las estrellas de la muerte. Y si no somos capaces, yo también deseo que la muerte llegue ahora. Pero más deseo que nos toque el Incienso, la Esperanza, las campanas del Encuentro y del Amor y de la Vida, Y si de eso se trata, no mas oportuna la dedicatoria a nuestra Mery, fuente inagotable de todo eso como es nuestro Luis a quien no tengo más que darles gracias y abrazos indescriptibles.

Alejandra Diaz dijo...

Es maravilloso este lenguaje casi etéreo, anticipado en congoja lúcida ante una muerte lenta . Bello y doloroso, hasta la valentía de transitar " nombrando" , el camino a pedir a los vivos que no lloren por los muertos. Gracias!!

Juan David López dijo...

Siempre me ha impresionado la palabra de esta poeta en medio de su doloroso camino atravesado por dos guerras mundiales, guerra civil, revoluciones y la persecución stalinista. ¿Cómo hizo para soportar más las despedidas que los encuentros? Una generación de poetas suicidas, desaparecidos, fusilados, enviados a trabajos forzosos y ELLA ahí, en el verbo poético. Creo que ella tenía un don de adivinación del pensamiento y el sueño ajeno que le hizo prever lo que le sucedería y poderlo asumir con dignidad poética. Ella ofreció su voz que ya no habla acerca de Rusia, sino que toda ella -su voz- es Rusia, lo cual le permite volver a vivir a cada instante. Su desprendimiento poético no es resignación ante la adversidad sino metafísica de sus emociones que rebosan en cualquier cosa por microscópica que sea: Desdoblamiento que se vuelve cierta enajenación, evento impersonal parcial en el que lo no enajenado se resiste y busca perpetuarse en esta complejidad dual.

Contracorriente dijo...

Bellas, bellísimas palabras que suscribo por entero, Juan David. Esa mujer y la voz en ella encarnada se sobreponen a todas las miserias causadas por el hombre que, lejos de evolucionar, ha caído al más bajo de los peldaños de la (me permitiré decírtelo con una palabra que me he inventado) miseridumbre.
Un abrazo de hermano.

Contracorriente dijo...

Quiero agradecer, aunque sea tan tardíamente, las palabras del toro Carlos Morales del Coso, de Marcela y Alejandra. En realidad, la temeraria ha sido la amada Anna Ajmatova. Sin su influjo, poderosísimo, de ejemplo vital, no me habría aventurado a realizar esta versión. Anoche les contaba a algunos amigos, como fue que me vi de pronto imbuido en esa tarea. Fue pedido de Anna, no puedo decirlo de otra manera, y un amoroso carteo con la querida Mery Sananes, lo que me impulsó a acometer esta tarea. Y todo en vista de que me parecía que ciertos giros en las traducciones conocidas pudieran matizarse un tanto más en su expresión. Me fui a la versión en su lengua original, a varias versiones en inglés y castellanas ya varios diccionarios etimológicos, todo para construir un campo semántico, un corpus que nos pudiera acercar, en la mayor medida posible, a este conmovedor y estremecedor poema. Fueron tres días de trabajo continuo. Nada ni nadie pudo interrumpirme. Y puedo decir que fueron tres días colmados de felicidad. Y espero de corazón que este poema, como bien ha dicho Marcela, nos construya a todos una casa impermeable a los cerrojos.