jueves, 24 de abril de 2008

In memoriam. Se nos ha ido Aimé Césaire, con el azúcar de la palabra Brasil en el fondo de la ciénaga…



In memoriam. Se nos ha ido Aimé Césaire, con el azúcar de la palabra Brasil en el fondo de la ciénaga…

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La primera vez que tuve noticia del poeta Aimé Césaire, fue gracias a la estupenda antología de poesía surrealista que nos legara Aldo Pellegrini, siendo yo un imberbe. La frase a que aludo en el título de esta glosa me ha acompañado volátil desde entonces. Es, esa antología, un bello y exhaustivo libro editado por Fabril Editora que Pellegrini dividió en tres pasos: uno, el de los poetas militantes del movimiento surrealista; dos, el de poetas que, aún no siendo activos militantes del surrealismo, se expresaron con un lenguaje atado a los desordenadores cánones de dicho movimiento y, tres, una sucinta muestra de algo que fue práctica común entre los integrantes de ese cataclismo cultural que encarnó en el surrealismo: la escritura de textos en colaboración. Por cierto que esa muestra cierra con un “cadáver exquisito”, aquella práctica de escritura colectiva en la que el anonimato y lo lúdico fungen como directores de coro y orquesta. Recuerdo que, entre los textos que más me impresionaron, estaban los de Césaire, Paul Eluard, Robert Desnos, Rene Char, César Moro, Antonin Artaud, Benjamin Péret, la Unión Libre de André Breton y muchas contribuciones de artistas plásticos que se sumaron al surrealismo. 

Acaso, una de las virtudes del surrealismo haya sido su extrema defensa de la libertad de creación, el derecho a expresarnos conforme a nuestro libre albedrío. Esta condición fue probablemente la causa de tantas contradicciones como las que se suscitaron en el seno de esta tendencia cultural que pretendió abarcarlo todo, poniendo a todos (y al todo) de cabeza. Verbigracia, su esperanzado casamiento y luego agrio divorcio con el comunismo. Fueron aguerridos en aquello de poner al todo y a todos de cabeza y fue inmensurable su contribución a la caída de numerosos y aherrojados patrones éticos y estéticos (aunque quizás fuera más apropiado decir moralizadores, antes que éticos). 

Pero no podían estar exentos del duelo constante entre ellos mismos, a causa de pugnas por temas políticos, filosóficos, éticos o estéticos. Y, como todas las iniciativas colectivas que pretenden establecer un canon, el surrealismo terminó por convertirse en un dogma cerrado, todo un contrasentido si se toman en cuenta sus aspiraciones originarias. En todo caso, el surrealismo volvía a poner sobre la mesa, el derecho del artista a cultivar el arte total y el derecho del hombre a ser hombre integral. 

¡Qué paradoja! en cierto modo, al intentar subvertir los asfixiantes patrones establecidos por la industriosa relojería de la modernidad, un movimiento reconocido como de vanguardia lo que reclamaba era, sencillamente, un regreso al hombre de antaño, que pudiera gozar libremente del culto a las artes non serviles; en el fondo, había cierta aspiración renacentista en el seno del surrealismo, cierta aspiración de humanismo hasta en sus prédicas más iconoclastas. Agregamos un pequeño tributo a quien fuera uno de sus integrantes, el recientemente desaparecido poeta Aimé Césaire, de quien pudiéramos decir que fue un surrealista congénito en lo que concierne al culto del lenguaje poético, un lenguaje alado y desafiante, libre y vivaz, desaforado a veces y siempre esplendente y conmovedor en sus imágenes; y como muestra de ello verán, más abajo, un par de sus armas milagrosas
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Supervivencia

Te evoco
bananero patético que agitas mi corazón desnudo en el día salmodiante
te evoco
viejo hougan de las montañas sordas por la noche
la noche exacta que precede a la última
y su redoblar de tedio que golpea en la poterna loca de las ciudades enterradas
pero no es sino el preludio de las selvas en marcha sobre el cuello sangrante del mundo
es mi odio singular
llevando a la deriva sus icebergs por el aliento de las verdaderas llamas
dadme
oh dadme el ojo inmortal del ámbar
y de sombras y de las tumbas de granito cuadriculado
pues la barrera ideal de los planos húmedos y de las hierbas acuáticas
escucharán en las zonas verdes
los intérpretes del olvido que se anudan y desanudan
y las raíces de la montaña
elevando la estirpe real de los almendros de la esperanza
florecerán por los caminos de la carne
(la penuria de vivir pasajera como una tormenta)
mientras bajo el cartel del cielo
sonreirá un fuego de oro
al canto ardiente de las llamas de mi cuerpo

De Las armas milagrosas, 1946
Traducción de Aldo Pellegrini,


© 1961 by Compañía General Fabril Editora
Nota al margen: Una “traducción” de este poema, la cual anda rodando en internet, luce como una desvergonzada versión de la de Pellegrini, pues se contenta con, simplemente, cambiar unas cuantas palabras al texto y atribuirle la autoría a otro señor.
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Sol Serpiente
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Sol serpiente ojo fascinador ojo mío
el mar piojera de islas crujiendo en los dedos de las rosas
lanza-llamas y mi cuerpo intacto de fulminado
el agua eleva las osamentas de luz perdidas en el corredor sin pompa
torbellinos de hielo aureolan el corazón humeante de los cuervos
nuestros corazones
es la voz de los rayos domesticados que giran sobre sus goznes de lagartija
traslado de anolis al paisaje de vidrios rotos
son las flores vampiros que suben a relevar las orquídeas
elixir del fuego central
juego justo fuego mango nocturno cubierto de abejas
mi deseo un azar de tigres sorprendidos en los azufres
pero el despertar estañoso se dora con los yacimientos infantiles
y mi cuerpo de guijarro que come pescado que come
palomas y sueños
el azúcar de la palabra Brasil en el fondo de la ciénaga

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De Las armas milagrosas, 1946
Traducción de Aldo Pellegrini,
© 1961 by Compañía General Fabril Editora

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(fragmento)
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Igual que hay hombres-hiena y hombres-panteras, yo
seré un hombre-judío
un hombre-cafre
un hombre-hindú de Calcuta
un hombre de Harlem-que –no-vota
el hombre-hambruna, el hombre-insulto, el hombre-tortura podrían en cualquier momento agarrarlo molerlo a golpes –matarlo sin más- sin tener que rendir cuentas a nadie sin tener que excusarse con nadie…








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