domingo, 12 de agosto de 2007

Letras Contra Letras - Ezra Pound, Juan Ramón Jiménez, Ledo Ivo


Letras Contra Letras

"Siempre hay alguna razón por la cual el hombre permanece más digno de ser conocido que sus libros" - Ezra Pound.

Abrimos esta sección de Letras contra Letras con una frase de Ezra Pound, entresacada de un pequeño libro titulado Patria mía, escrito por él en los primeros años del siglo XX y el cual apareció en forma de serie en la revista inglesa The New Age. Por supuesto, el blanco primordial hacia el que Pound apunta en su libro es el aspecto cultural de su patria de origen. Sin embargo, mucho de lo dicho por él allí es aplicable no sólo al “coloso del norte”, sino a otras naciones o zonas culturales de nuestro siglo; las supurantes llagas que se exponen entre sus páginas fueron tomando cuerpo desde los días de que data la aparición de su Patria Mía y laceran la piel ya no únicamente de los países más desarrollados del mundo, sino la de conjuntos culturales complejos, como los del lejano oriente o la de las denominadas “naciones en sub-desarrollo”. ¿Quién se atreverá a negar que algunos países de las más diversas regiones no desviaran sus ojos hacia la patria de Abraham Lincoln, tentados por su pujante progreso? ¿Quién podrá negar que los valores de la ciega tecnocracia moderna, derivados -a su vez- de la revolución industrial del hemisferio occidental, fueran tomando cuerpo en regiones asiáticas o en los centros de poder de naciones atrasadas, a despecho de cultos ancestrales?

Aquello que primero fue adopción y luego empecinado culto de un catequismo basado en la preeminencia de valores crematísticos sobre las interrogantes del espíritu y en las prerrogativas de un utópico progreso material sobre toda ética y estética de vida, no fue más que una estafa al ser humano; se le machacó hasta el cansancio, al común mortal, el sofisma de que el espíritu de competencia era un deber que todos deberían predicar, sembrar y cosechar. Visto a la luz del devenir de la civilización moderna, podríamos decir que quizás a Pound se le va un poco la mano con su patria de origen. Pues si bien es cierto que en su suelo germinó la insufrible moralina de Benjamín Franklin, que allí fueron justificadas innumerables iniquidades y consumadas inmolaciones como las de los mártires de Chicago (acto de barbarie sobre el que poca gente repara cada primero de Mayo), también debemos recordar que dio cobijo a almas como las de Whitman, Dickinson, Thoreau, Emerson y Melville.

Pero ¿quién que haya sido seducido o asaltado por la divina poesía no ha sentido en su pecho los estragos del exilio? El destierro se lleva en el alma cuando un hombre no puede conformarse con vivir su propia vida sin buscar un derrotero de luz a los desatinos que imponen las masas sobre los individuos; y carga en su pecho el destierro cuando no puede cerrar sus ojos ante los desafueros de un poder reiteradamente intransigente y deshumanizado sobre indefensos ciudadanos; lo padece y lo sufre aquel que ha sido citado por las señales del cielo. Así que poco añade el que ese hombre sea expatriado de su terruño.

Las frases de Pound destilan una sagaz ironía, de una ferocidad quisquillosa. Hoy reproducimos una página del mencionado ensayo en la que se demuestra cómo una simple anécdota puede servir de trampolín para la crítica mordaz; también tomamos algunas frases entresacadas del mismo libro, las cuales se mantienen por sí solas y de las que alguna que otra podría muy bien aparecer en calidad de graffitti, en cualquier muro de nuestras maltrechas ciudades.

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I. En Nueva York conocí a un hombre. Tiene más de treinta años y nunca tuvo tiempo para "instruirse". Algunos de sus versos me gustaron. Le dije: "dame algunos más y los haré publicar en Londres."
Descubrí el resto de su obra, poema tras poema, malogrado. Le dije: "¿Por qué haces esto?" Me dijo: "Me dijeron que lo haga." Yo dije: "¿Por qué has malogrado esta cadencia, utilizando esta idiotizante inversión para mantener un ritmo gastado que ya nadie soporta?"
La misma respuesta. Dije: "¿Por qué dices cosas que no quieres decir con el único fin de obtener más rimas de las necesarias?" Dijo: "Me dijeron que si no lo hacía incurriría en pobreza de rima."
Luego me leyó el coro de una obra teatral -con un movimiento espléndido- La forma lo atravesaba y le pertenecía. Y yo dije: "¡Madre de Dios! ¿Por qué no haces ese tipo de cosas todo el tiempo?" Y él me dijo: "!Ah! No sabía que eso fuera poesía. Sólo me puse a escribir lo que quise - tal como lo sentí."
Y, por supuesto, la manera de obtener lo que llaman 'éxito' es concediendo. Concediendo a fórmulas, y a fórmulas que no se basan en un conocimiento o una preocupación por el arte. Por ejemplo: en un estudio de Londres fui efusivamente asaltado por una dama. Se me aproximó con la apropiada humildad, deseaba saber si estaba dispuesto a colaborar con su revista, o si yo miraba con desprecio todo lo que fuera norteamericano.
Entonces les envié un ejercicio gramatical, escrupulosamente correcto, confesamente tomado de la antología griega.
Y me escribieron afirmándome que estaban deleitados, y me pagaron de acuerdo a su sentimiento, informándome que un venerable miembro de la Academia Norteamericana (para ser exactos, el señor Howells) había dado al poema su complacida aprobación. Entonces les envié un verdadero poema, un poema moderno que contenía la palabra uxorious (1.); me contestaron diciéndome que utilizaba la letra "f" tres veces en la primera línea, y que ello era muy difícil de pronunciar, y que era posible que yo hubiera olvidado que en cierta ocasión Tennyson condenó el empleo de cuatro "s" en cierta línea.
Y ahí lo tienen. Los ejercicios gramaticales pueden dar dinero. También hay un mercado para el optimismo. Toda cosa agradable y embutida en calzas simétricas encontrará un comprador.
Ni una sola vez formula el editor la única pregunta que tiene derecho a hacerse el crítico al valorar una obra de arte, a saber: ¿Es este hombre un artista serio?
¿Presenta esta obra de manera efectiva aquello que el artista quiso que presentara?
¿La forma se adapta ceñidamente al tema?
No existe ningún interés por el arte de la poesía, un arte vivo, un arte que cambia y se desarrolla manteniéndose radicalmente igual, alterando constantemente su apariencia durante las últimas dos décadas.

II. El monarca egipcio despreciaba al esclavo individual tan efectivamente como el norteamericano desprecia el dólar individual.

III. Acorralen a un norteamericano frente a cualquier problema fundamental, y obtendrán, con su último respiro, una cita.

IV. Es sorprendente observar que los Estados Unidos aceptaron a Whitman únicamente después de que hubo sido presentado por William Michael Rossetti (2.) y ni un minuto antes.

V. Whitman instaló el timbre de la nación. Tal vez no se le necesite en el hogar. Su tónico está en el aire. Pero si uno se encuentra en el extranjero, si uno comienza a olvidar, a perder la fe, a verse rodeado por detractores, en Whitman uno puede hallar apoyo. Whitman paga la fianza de la nación.

VI. Es natural que la biblioteca no pueda estar en mejores condiciones que las mentes de su junta directiva.

VII. Cuando un hombre ha realizado su tarea, buena o no, se le puede aplicar cloroformo o entregar una pensión. Uno demuestra mayor bondad alimentándolo. Uno fomenta el respeto por sí mismo si lo alimenta. Pero uno no está haciendo nada por promover despertares y liberaciones. Si la intención es promover las artes, uno no puede contentarse con subsidiar al hombre que aún tiene trabajo por hacer, sino que también debe reunir las partículas dinámicas; uno debe preocuparse de que interactúen, y de que se estimulen mutuamente.

VIII. A menudo el millonario puede ser útil para patrocinar y acelerar un renacimiento. Su función, como la de todo aristócrata, es la de morir y dejar regalos. Tiene que morir; nada le cuesta entonces dejar regalos, a menos que quiera ver su tumba escupida, y su recuerdo alimentado únicamente por sus iniquidades.

Notas:
1.) Uxurious, (latín) el que está embelesado por su mujer y es muy condescendiente con ella; gurrumino.
2.) William Michael Rossetti: Escritor inglés, hermano de Dante Gabriel Rossetti y defensor, como éste del movimiento prerrafaelista.

Patria Mía, Ezra Pound, Tusquets Editores, Traducción de Mirko Lauer.
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Ezra Pound - The Cantos - Canto I, read by the poet. "The Cantos," Pound's epic, opens with Odysseus and his crew setting sail for the Land of the Dead.
Es cortesía del usuario de youtube: MU51CB0X (https://www.youtube.com/user/MU51CB0X)

https://www.youtube.com/watch?v=2fUEYs3TsFA


Fragmentarias de Juan Ramón Jiménez

Como mencionamos en la página inicial de Letras contra Letras, es una de nuestras intenciones rescatar la idea fragmentaria, como uno de los modos de expresión más frecuentados por el escritor moderno, sea éste literato, poeta o filósofo (amén de cualquier otro título o categoría que se pueda endilgar a quienes se expresan por la palabra, apelativos muy del gusto de aquellos que se regodean en prodigar superfluas calificaciones, en esta era de técnicas y especializaciones). Los textos del número presente corresponden al, quizás, nunca muy bien ponderado Juan Ramón Jiménez, fino poeta y pensador, escritor incansable, andaluz inveterado (por fortuna), de quien su vasta obra aguarda todavía ser degustada, no a la manera en que lo haría un lector disciplinado, ése que lee más por un docto y voluntarioso afán competitivo, que por el disfrute mismo del diálogo íntimo y anónimo; pues, como diría el propio Juan Ramón:

“...   ¿Arte para todos? No, nunca; siempre para algunos. (Mejor, en último caso, para ninguno.) Pero para esos algunos que pueden estar, que están en cualquier parte; no entre las jentes llamadas cultas ni escogidas, no entre la llamada minoría precisamente.   ,,,”

El libro del que provienen los aforismos se titula Ideolojía, proyectado por el propio Jiménez, mas nunca terminado, debido a que lo sorprendió la muerte cuando se disponía a darle forma al conjunto de su obra, agrupando sus escritos bajo siete títulos: Ideolojía, Leyenda, Historia, Política, Carta Pública, Traducción y Complemento, todos ellos amparados por un título mayor: Metamórfosis (así acentuaba la palabra J.J.R., a la griega, tal como señala Antonio Sánchez Romeralo, quien ha dedicado más treinta años a la recopilación y edición de esa obra, según el proyecto de J.J.R. y quien publicó el volumen de versos Leyenda, en 1978).

Juan Ramón Jiménez fue un andaluz confeso, universal, como él mismo dice; tanto, que se rige por una particular ortografía, que él defendió a capa y espada, donde el sonido de la jota (j), plena y musical, asume el puesto de la ge (g), o el sonido de la ese (s) suplanta el de la equis (x). Ortega y Gasset, en un ensayo estupendo, titulado “Teoría de Andalucía”, nos habla de las virtudes y particularidades del pueblo andaluz; y lo hace con tal gusto que, cualquier sano lector desearía de inmediato ser andaluz. Compara la cultura andaluza con la china, señalando que se cuentan entre las más antiguas del mundo y habla del particular tono del alma andaluza, tema que no podemos abordar aquí (quizás lo hagamos más adelante, dándole espacio a la copla popular andaluza). Yo por mi parte bromeo, de vez en cuando, presentándome como andaluz venezolano; y lo hago porque no dudo del bagaje andaluz que subyace en nuestra singular idiosincrasia, aunque nos esmeremos por parecernos a pueblos menos divertidos y dramáticos, pero sí más exitosos, al menos, en lo que respecta a la obtención y usufructo de bienes materiales.

Incluiremos en este número dos breves poemas de J.J.R., que tienen un aire con la breve poesía china. No nos extenderemos en aspectos biográficos de su vida, a despecho de la conducta despótica que, al parecer, dispensaba sobre su esposa. Hay quienes dicen que su verdadera esposa fue su obra. Si hacemos alusión a esta mácula en su hoja de vida es porque deseamos contrastarla con aquello que postula la frase de Ezra Pound con la que abrimos este número de Letras Contra Letras y en la que no duda en conferir preeminencia a la sencillez del ser humano antes que al producto de su intelecto. En aras del balance que reclama todo postulado, deseamos contrastar lo expresado por Pound con aquel dicho popular que declara que “nada resulta menos poético que conocer a un poeta” o aquella sentencia de otro grande de la poesía, John Keats: “…El poeta no posee ningún atributo invariable; ciertamente es la menos poética de todas las criaturas de Dios…” El abanico de posibilidades que se abre, en el campo de la ética del individuo, ante el contraste de estos postulados es prácticamente inmensurable. Jamás he condenado la obra que vino en soporte de mi alma. Pero, francamente, no pocas veces me he quedado anonadado al constatar que algunas obras no siempre han sido fiel reflejo de la peculiaridad humana que las creó. Acaso el escribir sea un acto de expiación.

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IDEOLOJIA
Tres Categorías.
Los que estiman lo malo.
Los que estiman lo bueno.
Los que estiman lo que parece bueno.
Esta es la peor categoría porque está compuesta de jentes
que pretenden tener un sentido estético.

Cantemos nuestro cuerpo desnudo y nuestra alma libre,
y no envejecerá el canto –ni lo cantado.

Donde quiera que la jente se esté riendo, tened la seguridad
de que hay algo que llorar.

La descripción prolija es completamente inútil. ¡Oh, una frase corta espiritual única, que lo evoque todo sin decirlo! El verdadero arte no debe mostrar, sino evocar. Y como en nuestra mente de viajeros eternos de la vida y del ideal no hay nada definido, la evocación hará surgir enjambres pintorescos, llenos de la verdadera virtud de realidad, confusos y bellos, como la vida.
Tan bien la idea en su verso como un alma que se sintiera a gusto en su cuerpo.

¿Quién es ese que siempre se alegra aquí dentro de nuestros fracasos espirituales?

Cada mañana, al despertar, me arruino.

El poeta es, ante todo, responsable.

Hay que tener en cuenta, para los actos sensuales de la vida, que el paisaje en que se está nunca es el paisaje que se ve.

Es inútil trazarse una senda; el pensamiento es flor del día.

Lo espresado sigue tan nuevo como lo no espresado.

La única perfección perfecta es la perfección subconciente del espíritu vijilante.

En toda la copla andaluza, domina el ¡ay! ¿Cómo yo, andaluz, no he de tenerlo?

¡Qué gozo poder entrar, haber merecido por tanta belleza escrita, entrar en el “Reino último” de la poesía no escrita.

Juan Ramón Jiménez, Ideolojía, Editorial Anthropos, 1990, 1ª. Edición, Barcelona.

POEMAS


PATRIA


¿De dónde es una hoja
transparente de sol?
-¿De dónde es una frente
que piensa, un corazón que ansía?-
¿De dónde es un raudal
que canta?


EL RECUERDO

El río pasa por debajo
de mi alma, socavándome.
Apenas me mantengo
en mí. No me sostiene
el cielo. Las estrellas
me engañan; no, no están
arriba, sino abajo, allá en el fondo...

¿Soy? ¡Seré!
Seré, hecho onda
del río del recuerdo...

¡Contigo, agua corriente!

Juan Ramón Jiménez, Libros de Poesía, Editorial Aguilar, 1957, Madrid.

Mircroespacio titulado café con libros dentro del programa Contresentidos de la televisión asturiana.









La Noche Misteriosa de Ledo Ivo

Incluimos seis textos del libro La Noche Misteriosa, del poeta brasileño Ledo Ivo, el primero de ellos es el que abre el libro y puede ser tomado como un insinuante y revelador ejemplo de Ars Poética; la traducción se la debemos al escritor Claudio Carvacho, poeta chileno que no gusta de aparecer en público. Gracias Claudio.

La visita de la Noche (ars poética)
Ledo Ivo

La noche es misteriosa. En el horizonte de los cuerpos extendidos, los sueños se levantan como pájaros. Los sopores alteran el dibujo riguroso de las constelaciones. Insectos salidos de las profundidades de la tierra y de las florestas que perturban el silencio planetario. Luces diseminadas celan el insomnio de criaturas perseguidas por terrores y obsesiones. El desecho de los amantes se une al rumor de las lluvias inesperadas. Emisario de la herrumbre y las averías que anticipan la destrucción y la muerte, el viento agrede las casas y los jardines y, en la oscuridad de los cuartos, los muebles y objetos absorben la memoria del mundo.
Inserta en el orden del universo, siendo el principio y el fin, la Noche no se rinde a la rutina de la vida. En este territorio propicio a los litigios y sortilegios, y que habla un idioma extranjero, el poeta se siente dividido e innumerable. Soñando y viéndose soñar, al mismo tiempo despierto y dormido, él vaga en la frontera donde sueño y vigilia se confabulan para saquear la agresión dejada por el día, que es la gran guarnición de los hombres. Yo y otro, voz de sí mismo y de los que no tienen voz, el poeta se interroga y se responde; y, visitante de la Noche, es visitado por algo o alguien habituado a atravesar puertas cerradas.

La última vez

En la iglesia se abre de nuevo el ataúd
y los presentes vuelven a contemplar
el rostro del difunto.
Oh, muerte, ¿dónde está tu victoria?
Toda sepultura es una cuna en el suelo del universo.
Como la brisa que acaricia la hierba
fuiste apenas un instante. Nadie te encontrará
cuando vuelvas a renacer entre las estrellas.

La moneda perdida

En mi sueño encuentro la moneda perdida.
Estaba guardada en el fondo del océano,
en la gruta del coral que los náufragos no alcanzan,
en el territorio puro donde no llega la muerte.

Y cuando despierto estoy mudo como los peces.
Mi tierra es igual a la del mar, tiene la pureza
del agua.
Todas las palabras son monedas perdidas.

El fusil

La muerte se deshizo del fusil oxidado
que, en la pared de la barraca, apunta
hacia la sombra lunar, coito de los animales
que jamás verán nuestro encuentro.

Un pie quedó enganchado en el estribo
y el caballo estrellado relinchó
antes de partir al galope
arrastrando el cuerpo ensangrentado...
La cobra se escurrió entre las piedras.
El viento expandió la pluma y el pelaje
que, junto al fuego, sobrarán de la caza.
Y -en el fin del día, en el fin de la noche-
la herrumbre llegó y fue celando
la boca que hablaba en nombre de la muerte.

Advertencia a un gavilán

El gavilán sobrevuela
la plantación de tomates.
Mi hermano el gavilán,
yo no acepto la muerte.
En la repartición del mundo
no estaré a tu lado.
Jamás admitiré
la usurpación del día.
Sólo sé alinearme
en el cortejo de la vida.
Mi camino me lleva
a la floresta donde fluyen
las fuentes escondidas.
Aun lejano adivino
un árbol que tenga
frescura de fruto o nido.
¡Gavilán! ¡Gavilán!
embajador del no,
el cielo no puede ser
sepultura de pájaros.

Postal de una batalla

Es aquí, en esta cama, que la guerra comienza.
Luchan los dos guerreros
en un campo de lienzos.
¿Cómo separar frente y costado
si todo amor es un espejo?
El obelisco rosáceo y el negro se igualan exhaustos
en la plaza cuadriculada.
Dentro del día, la noche no distingue
macho o hembra. Y la boca se convierte en gruta
en la selva clara donde dos animales
se muerden y se lamen.

Ledo Ivo (Alagoas, Brasil, 1924). Uno de los más importantes poetas vivos de su país. Perteneció, junto a Joao Cabral de Melo Neto, a la Generación del 45; ésta se caracterizó por el uso de formas poéticas que buscaban el entronque con la tradición anterior a la expresión vanguardista del Modernismo brasileño. Escritor prolífico, ha incursionado en el ensayo, la narrativa, la traducción (Dostoiévski, Rimbaud), teniendo en su haber una veintena de libros de poesía, entre ellos: Las imaginaciones (1944), Cántico (1951), Estación central (1964), Finisterra (1972), Crepúsculo civil (1990), Corral de peces (1995). Las versiones fueron hechas, como ya hemos dicho, por el poeta chileno Claudio Carvacho, la selección corresponde al libro La noche misteriosa, 1982.








Los pobres en la estación de autobuses, leído por Ledo Ivo


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